Salmo 9:11, 12 NVI

Salmo 9:11, 12 NVI
“Canten salmos al Señor, el rey de Sión; proclamen sus proezas entre las naciones. El vengador de los inocentes se acuerda de ellos; no pasa por alto el clamor de los afligidos”. Salmo 9:11, 12 NVI

No hay cosa que cause más indignación que ver a impíos y malvados abusar de los derechos de los inocentes.

Aquellos piensan que la explotación de los más débiles es algo que pueden hacer con total impunidad y algunos inclusive piensan que aprovecharse de los más sencillos es un derecho adquirido.

Lejos están de saber el castigo que Dios tiene reservado para ellos.

La ira de Dios está acumulándose para impartir la justicia que clama el sufrimiento de los inocentes.

Cuan equivocados están, mas eso no los eximirá de culpa.

Es imposible para Dios pasar por alto la injusticia y el clamor de los afligidos.

Por eso puedes confiar que él se encargará de defender tu causa y consolarte en medio de la aflicción.

Cuando todo se derrumbe a tu alrededor sabrás que la ayuda y la justicia de Dios están muy cerca, más cerca de lo que te imaginas.


Amén.
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Salmo 9:9, 10 NVI

Salmo 9:9, 10 NVI
“El Señor es refugio de los oprimidos; es su baluarte en momentos de angustia. En ti confían los que conocen tu nombre, porque tú, Señor, jamás abandonas a los que te buscan”. Salmo 9:9, 10 NVI

Los momentos más difíciles de nuestras vidas son aquellos momentos en que debemos batallar contra la angustia y la opresión.

Si nos limitamos a contar con nuestras propias fuerzas pronto veremos que la batalla está perdida.

La angustia tomará el control de nuestra vida y las cosas se tornarán cada día peor.

Pero, espera, hay una solución.

Hay alguien que te puede ayudar en estos momentos difíciles que te ha tocado atravesar.

Su nombre es Jesús de Nazaret, Rey de reyes y Señor de Señores.

Si lo buscas en momentos de necesidad, lo hallarás y él nunca te abandonará y te dará la victoria que tanto necesitas.

Puedes esperar en él, porque él responderá tu clamor.


Amén.
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Salmo 9:7, 8 NVI

Salmo 9:7, 8 NVI
“Pero el Señor reina por siempre; para emitir juicio ha establecido su trono. Juzgará al mundo con justicia; gobernará a los pueblos con equidad”. Salmo 9:7, 8 NVI

Una de las cosas que más le cuesta alcanzar a la humanidad y la cual todos aspiran es la justicia.

Estamos hablando de una justicia verdadera, no de una justicia barata y fácil de comprar cuando se tiene fama, dinero o poder.

A diario podemos ver las noticias de casos donde la justicia es amañada por intereses turbios y como las víctimas de estos desmanes jurídicos perecen por falta de protección ante tanta corrupción.

Quienes administran este remedo de justicia han decidido ignorar que existe un soberano que está sentado en las alturas celestiales sobre un trono contra cuyas decisiones no habrá apelación posible.

Orgullosos de las trampas y manipulaciones con que logran torcer y deformar su raquítica justicia se dirigen sin obstáculos a un juicio y condenación donde ellos serán los acusados y su sentencia y castigo serán terribles.

Este mal disfraz de justicia no es más que uno de los aspectos con que se aplica la mentira engendrada por el propio Satanás.

¿Estás tú dentro del numeroso grupo de personas cuyos derechos han sido violentados repetidamente por togados mercachifles de la justicia?

Recuerda que el Señor reina por siempre, que él tiene todo bajo su control y que todo lo que te ocurre tiene un propósito y es para tu bien.

Descansa en la promesa de que cuando nuestro Señor vuelva por su iglesia juzgará con mano muy dura todos estos abusos y arbitrariedades con los cuales estos mercenarios tribunalicios han llenado sus arcas y sus bolsillos.

La justicia de Dios es perfecta y nada podrá oponerse a su estricta aplicación.


Amén.
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Salmo 9:5, 6 NVI

Salmo 9:5, 6 NVI
“Reprendiste a los paganos, destruiste a los malvados; ¡para siempre borraste su memoria! Desgracia sin fin cayó sobre el enemigo; arrancaste de raíz sus ciudades, y hasta su recuerdo se ha desvanecido”. Salmo 9:5, 6 NVI

Cada vez que Dios emite un juicio sobre alguna nación, ésta queda borrada para siempre de la faz de la tierra.

Pueblos, naciones, reinos e imperios quedan apenas como un fugaz recuerdo de la historia luego de ser destruidos y desaparecidos por la justicia de Dios.

Las razones de su destrucción pueden ser variadas pero siempre son algo relacionado con el pecado colectivo o con la oposición a los planes de Dios.

Las naciones, reinos e imperios de hoy en día al igual que lo hicieron los reinos e imperios de antaño piensan que nunca se verán sometidos a juicios y aún en caso de que hubiese un juicio nunca les podrán aplicar la sentencia que les corresponde por sus malos hechos.

En actitud soberbia y altanera transgreden las leyes de Dios y se olvidan de que la justicia divina nunca falla.

Así como hay un juicio para las naciones, habrá también un juicio para todos aquellos cuyo nombre no sea hallado en el libro de la vida.

Este libro será abierto y consultado para impartir la justicia divina después de que Satanás sea lanzado al lago de fuego.

No seamos pues como esas naciones e imperios que de manera orgullosa y soberbia se han levantado en contra de los planes de Dios.

Reconozcamos que sin Dios nada somos y que sin él nada podemos hacer.

Busquemos su dirección y su protección y caminemos serenamente por el sendero de la vida que Dios ha preparado para cada uno de nosotros de acuerdo a su perfecto plan.


Amén.
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Salmo 9:3, 4 NVI

Salmo 9:3, 4 NVI
“Mis enemigos retroceden; tropiezan y perecen ante ti. Porque tú me has hecho justicia, me has vindicado; tú, juez justo, ocupas tu trono”. Salmo 9:3, 4 NVI

Hay una cosa bien cierta.

Nuestros enemigos no tendrán otra opción que retroceder cuando se vean enfrentados a quien verdaderamente es nuestro defensor y nuestro salvador.

Ellos piensan que porque estamos temporalmente en situación de desventaja, al final ellos se van a llevar la victoria.

Lo cierto es que cometen una gran equivocación.

En su huida tropezarán, resbalarán y caerán y no podrán huir de las consecuencias de sus maldades.

Esta es una promesa que te hace Dios en su palabra.

¿La puedes creer?

Simplemente espera pacientemente y muy pronto verás como todos aquellos que hoy te atacan sin misericordia van a ser derrotados por la gloriosa intervención de Dios a favor tuyo.

Lo sientas o no, estás protegido por el Dios todopoderoso y nadie, absolutamente nadie, puede contra él.

Así que descansa en él y déjalo actuar, que la batalla le pertenece.


Amén.
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Salmo 9:1, 2 NVI

Salmo 9:1, 2 NVI
“Quiero alabarte, Señor, con todo el corazón, y contar todas tus maravillas. Quiero alegrarme y regocijarme en ti, y cantar salmos a tu nombre, oh Altísimo”. Salmo 9:1, 2 NVI

La alegría es una emoción que todos buscan sentir.

Los intentos por alcanzar la felicidad son tantos como personas existen y han existido sobre la tierra.

Cada quien tiene su propia definición de que es lo que significa para ellos la alegría y como creen que pueden obtenerla.

Muchos piensan que la clave de la felicidad es el dinero y con mucho esfuerzo se dedican gran parte de su vida a tratar de acumular grandes fortunas con el propósito de asegurar que sus vidas estarán llenas de alegría y gozo.

Casi todos, sobre todo aquellos que no son extremadamente tercos, han terminado entendiendo lo que la sabiduría popular hace tiempo sabe… el dinero no hace la felicidad.

Otros tratan desesperadamente de encontrar una ocupación que les represente la mayor satisfacción de sus inquietudes y el mayor reconocimiento de quienes les rodean.

Su ídolo es la aprobación y cuando no se les presta atención o no se les reconoce verbalmente sus logros entran en franca depresión.

Otros creen que la alegría sólo se alcanza ejerciendo un fuerte dominio sobre quienes han de obedecer y cumplir todo capricho que salga de sus ambiciosas mentes.

Estas son apenas algunas de las maneras con las que la gente trata de llenarse de alegría con muy poco éxito.

La base de la alegría y el gozo del hijo de Dios es la presencia del Espíritu Santo controlando la mayor parte de los aspectos de su vida, tanto como se lo permitamos.

No se trata de comportarse como zombis sin personalidad o voluntad propia ejecutando automáticamente toda orden que reciban del Consolador.

Se trata más bien de la transformación de nuestra perversa naturaleza por el poder del Espíritu Santo de Dios en una condición de santificación y mejoramiento que nos permita cada día parecernos un poco más a nuestro Señor Jesucristo.

Dentro de la larga lista de beneficios que nos produce la presencia del Espíritu en nuestra vida tenemos la alegría.

Alegría de saber que ahora somos hijos de Dios, que hemos sido rescatados de la condenación y que muy pronto nuestro Señor Jesucristo regresará por su iglesia para vivir juntos por los siglos de los siglos en la incomparable e indescriptible presencia de Dios.


Amén.
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Salmo 8:9 NVI

Salmo 8:9 NVI
“Oh Señor, soberano nuestro, ¡qué imponente es tu nombre en toda la tierra!”. Salmo 8:9 NVI

Desde los albores de la historia el hombre ha estado preguntándose el qué y el porqué de la creación.

Cada estudio y análisis que se ha planteado el hombre lo han llevado a descubrir maravillosas realidades en torno a la naturaleza.

Cada día que pasa el saber humano crece de manera exponencial la necesidad del conocimiento especializado se hace más evidente.

Pareciera que pronto la humanidad llegará a conocer todo lo que hay que conocer.

Lo más interesante de todo es que cada día que pasa el hombre se va dando cuenta de la impactante y demoledora realidad de aquella famosa frase del filósofo griego Sócrates… sólo sé que no sé nada.

Por otra parte, casi todos los investigadores coinciden en que… mientras más aprendo, menos sé.

Dios ha permitido que el hombre vaya conociendo poco a poco, mediante mucho estudio y dedicación, los secretos de la creación.

Con esta revelación se espera que el hombre se dé cuenta de lo impresionante que ella es y alabe a Dios su creador aunque, lamentablemente, la gran mayoría de los hombres ha optado por tomar un camino diametralmente opuesto a lo originalmente establecido para ellos.

Para la gran mayoría de los científicos modernos la creación es el producto del azar y del caos.

Las evidencias de lo contrario son hábil y convenientemente ignoradas para ocultar la inevitable conclusión de que todo existe por la voluntad de Dios.

Busca a Dios en los pequeños detalles y en la impresionante grandeza de su creación.

Verás cuantas voces dan testimonio de la majestad y autoridad del creador y tus labios se llenarán de alabanza.


Amén.
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