26 enero 2012

Enero 12 - Devocional: Tiempos Difíciles.


“Que nunca te abandonen el amor y la verdad: llévalos siempre alrededor de tu cuello y escríbelos en el libro de tu corazón. Contarás con el favor de Dios y tendrás buena fama entre la gente”. Proverbios 3:3, 4 NVI

Amor y verdad, gracia y justicia, nunca nadie ha podido -con la única excepción de nuestro Señor Jesucristo- combinar de manera perfecta estos dos un tanto divergentes principios.

El apóstol Juan nos da su impactante testimonio de haber contemplado la gloria que le corresponde al Hijo unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.

El mismo amado apóstol nos dice que “Dios es amor”, “el Espíritu es verdad” y “la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo”.

Toda la dureza de la ley y su inseparable compañero, el legalismo, se derrite ante la perfecta combinación de amor y justicia que descendió de los cielos para beneficio y salvación de todos aquellos que creen en el Hijo de Dios.

Hay quienes piensan que por el hecho de que Dios es amor, él no puede ejercer la justicia y aplicar la pena correspondiente al pecado sobre aquellos que se han rebelado en contra de su voluntad.

Su limitada capacidad de razonamiento les impide entender que Dios puede ser a la vez amoroso Padre y justo e implacable Juez y que, por lo tanto, aquellos que le han desobedecido o han ignorado sus preceptos y mandamientos no podrán salir del estado de condenación en el que ya se encuentran.

Regocijémonos y vivamos agradecidos a Dios de que por medio de nuestra fe en Cristo y la gracia de la acción iluminadora del Espíritu Santo podemos aceptar y asimilar esta aparente divergencia que sólo logra ser resuelta cabalmente en la persona de nuestro amado Señor Jesucristo mediante su obra en la cruz.

Que su gloriosa persona sea siempre el centro de nuestros pensamientos y que nuestras acciones siempre estén dirigidas y fundamentadas por su palabra.

Amén.

Enero 11 - Devocional: Tiempos Difíciles.


“Hijo mío, no te olvides de mis enseñanzas; más bien, guarda en tu corazón mis mandamientos. Porque prolongarán tu vida muchos años y te traerán prosperidad”. Proverbios 3:1, 2 NVI

Nadie tiene garantizada una larga existencia sobre la tierra.

Mucho menos en estos tiempos donde vivimos rodeados de una actividad dinámica e incesante y las preocupaciones son el pan de cada día.

La globalización ha permitido que los medios de comunicación masiva nos bombardeen con noticias de sucesos que ocurren en los más apartados rincones del mundo trayendo a nuestra consideración cosas de las cuales nunca nos hubiésemos enterado en un pasado no muy lejano.

Si le añadimos a esto la constante presión financiera que agobia nuestro diario quehacer nos encontramos con que el stress y las preocupaciones nos roban valioso tiempo de nuestra existencia.

Para completar, muchas veces no somos buenos administradores de la salud que Dios nos ha concedido por lo que abusamos de ella constantemente y no nos cuidamos como debe ser.

¿Queda alguna duda de por qué nuestros días se van acortando y nuestras existencias se hacen más breves?

Lo único que puede ayudarnos a recobrar el tan necesario equilibrio físico, mental, anímico y espiritual es la obediencia a las enseñanzas de Dios.

Haremos bien en averiguar qué espera Dios de nosotros y en seguir sus instrucciones para mantenernos dentro del camino que él nos ha trazado.

Busca diariamente en su palabra la necesaria dirección para tu vida y guarda en tu corazón sus mandamientos.

La recompensa será larga vida, gran satisfacción y mucha prosperidad.

¿Te parece un mal negocio?

Amén.

10 enero 2012

Enero 10 - Devocional: Tiempos Difíciles.


“Entonces comprenderás la justicia y el derecho, la equidad y todo buen camino; la sabiduría vendrá a tu corazón, y el conocimiento te endulzará la vida. La discreción te cuidará, la inteligencia te protegerá”. Proverbios 2:9-11 NVI

Si alguien se pusiera a vender un libro titulado “Método para hacerse sabio en 30 días” lo más seguro es que esa persona terminaría siendo un millonario en muy poco tiempo.

El mundo sigue girando a la misma velocidad que siempre lo ha hecho pero a nosotros nos parece que ahora gira más rápido y por eso pensamos que todo lo que nos proponemos, si vale la pena, debe lograrse en un muy corto plazo pues los agitados tiempos así lo demandan.

No hay lugar para los buenos hábitos ya que éstos requieren cierto tiempo para desarrollarse.

Ahora todo es una carrera y una desesperación por conseguir todo al minuto.

No debe extrañarnos entonces que esos productos que prometen hacernos perder unos cuantos kilos de peso en cuestión de días sin necesidad de ejercicios o dietas sean tan populares, a pesar de no ser muy efectivos que digamos.

A la sabiduría hay que buscarla como se busca el oro o la plata.

Estas cosas toman tiempo, empeño, disciplina y dedicación para ser alcanzadas más todo esto bien vale la pena.

También hay que saber dónde buscar.

El oro y la plata no se encuentran en todas partes, lo mismo sucede con la sabiduría.

El premio al tesón de buscar el discernimiento donde él realmente está es… comprensión, sabiduría, conocimiento y discreción.

Si quieres sabiduría recuerda que ella es dada por el Señor y sólo por él.

Dispongámonos, con paciencia y determinación a recibir la sabiduría que Dios nos ofrece por medio de la lectura metódica y constante de su palabra.

A su debido tiempo podremos ver los beneficiosos resultados con toda seguridad.

Amén.

09 enero 2012

Enero 9 - Devocional: Tiempos Difíciles.


“Porque el Señor da la sabiduría; conocimiento y ciencia brotan de sus labios. Él reserva su ayuda para la gente íntegra y protege a los de conducta intachable. Él cuida el sendero de los justos y protege el camino de sus fieles”. Proverbios 2:6-8 NVI

Nuestro Padre celestial nos protege muchas veces interviniendo de manera física y personal para bloquear los ataques que el enemigo de nuestras almas nos envía constantemente.

Otras veces él nos concede sabiduría, conocimiento y ciencia para que nosotros mismos nos demos cuenta de los peligros que nos acechan en nuestro transitar por este mundo.

Esa sabiduría, ese conocimiento y esa ciencia no son cosas que se puedan alcanzar mediante la realización de estudios académicos.

Más bien, son dones que se reciben como parte de la capacitación que Dios concede a quienes están sinceramente comprometidos con llevar a cabo los planes que Dios tiene para ellos.

Para ello es necesario andar en constante comunicación con Dios y esto sólo lo logramos acercándonos a él por medio de la lectura diaria y constante de su palabra y por medio de la conversación que establecemos con él cada vez que oramos.

Decir que amamos a Dios y no estar atentos a y dispuestos a obedecer sus instrucciones es engañarnos a nosotros mismos y no hay una mejor definición de necio que aquél que se auto-engaña.

Mantengámonos siempre en el sendero de la justicia, la integridad, la buena conducta y la fidelidad a Dios.

Cuando nuestro Padre vea que estamos sinceramente comprometidos con la venida y el establecimiento de su reino, él nos capacitará para que podamos ser instrumentos útiles en sus manos.

Recordemos en todo momento que el centro de atención es él y no nosotros.

Por eso no pongamos tanto énfasis en los problemas que nos aquejan y tornemos nuestra mirada a aquél que tiene la solución en sus manos.

Enfilemos las baterías hacia el cumplimiento de la perfecta voluntad de Dios en nuestras vidas.

Con la ayuda de nuestro Señor Jesucristo y su Espíritu lo lograremos fácilmente.

Amén.

08 enero 2012

Enero 8 - Devocional: Tiempos Difíciles.


“Hijo mío, si haces tuyas mis palabras y atesoras mis mandamientos; si tu oído inclinas hacia la sabiduría y de corazón te entregas a la inteligencia; si llamas a la inteligencia y pides discernimiento; si la buscas como a la plata, como a un tesoro escondido, entonces comprenderás el temor del Señor y hallarás el conocimiento de Dios”. Proverbios 2:1-5 NVI

Muchas personas piensan que la sabiduría y sus hermanos, las palabras de Dios, los mandamientos de Dios, el discernimiento y la inteligencia son algo muy difícil de entender y alcanzar.

Bueno, en realidad lo es si tratamos de alcanzarlas por nuestros propios medios y esfuerzos.

Hay gente que se la pasa toda la vida estudiando y coleccionando títulos académicos y nunca llegan a saber lo que es tener sabiduría pues sólo logran acumular conocimiento.

Que conste que no tengo nada en contra de la preparación académica y la búsqueda de títulos siempre y cuando éstos sean para desempeñar mejor la misión que tenemos por delante.

Por el contrario, apoyo y recomiendo que toda persona trate de obtener un título universitario en la medida de que sus recursos se lo permitan.

En todo caso, el estudio es algo que debe ser una constante en la vida del hijo de Dios, con título o sin título.

Fijémonos ahora en la exhortación que nos hace la palabra de Dios con relación a esas cosas difíciles de alcanzar.

Se nos dice que nos apropiemos de ellas, que las atesoremos, que nos inclinemos hacia ellas, que nos entreguemos a ellas, que las llamemos, que las pidamos y que las busquemos.

Como podrán observar no hay nada de quedarse inmóvil con los brazos cruzados a esperar que ellas lleguen a nosotros.

Se requiere una acción de parte nuestra para recibir de Dios el temor y el conocimiento de él.

Todas estas cosas vienen de él y sólo en él podemos hallarlas y sólo de él podemos recibirlas.

Levántate del sueño en que te hallas, despiértate y comienza a trabajar para alcanzar aquello que es el verdadero tesoro y la verdadera prosperidad.

Amén.

07 enero 2012

Enero 7 - Devocional: Tiempos Difíciles.


“¿Hasta cuándo, muchachos inexpertos, seguirán aferrados a su inexperiencia? ¿Hasta cuándo, ustedes los insolentes, se complacerán en su insolencia? ¿Hasta cuándo, ustedes los necios, aborrecerán el conocimiento?”. Proverbios 1:22 NVI

Inexperiencia, insolencia y necedad son tres cosas que se enfrentan a la sabiduría para impedir que el hombre pueda ver la luz y salve su vida.

La inexperiencia lo lleva a cometer numerosos errores con dolorosas e imprevisibles consecuencias, no sólo para él sino también para sus seres queridos.

Pocas personas analizan que fue lo que los condujo a caer en el error y por lo tanto no aprenden de sus propias experiencias.

Es evidente que este tipo de personas tampoco aprenderá de los errores de los demás.

También hay quienes tercamente se aferran a hacer las cosas de cierta manera todo el tiempo esperando lograr resultados diferentes.

Alguien dijo que ésta era una buena definición de lo que es la locura.

Por otro lado tenemos a la insolencia.

El insolente es “un loco suelto” o “un mono con una hojilla” por usar dos expresiones que se utilizan popularmente para describir a estos individuos.

Un insolente es irrespetuoso con todo lo que tenga que ver con la autoridad, llámese Dios, padre, maestro, jefe, líder o agente de la ley.

Las armas del insolente son la burla y la desobediencia.

Su placer es la anarquía.

Finalmente, la necedad se opone violentamente a la influencia de la sabiduría porque el necio se considera a sí mismo como superior a todo los demás.

Cualquier enseñanza que no provenga de sí mismo será considerada como inválida e innecesaria.

Al necio no le interesa saber lo que piensan los demás porque las ideas de otros no tienen cabida en su estrecha mente.

Como podemos observar, estas tres funestas consejeras, inexperiencia, insolencia y necedad son un lastre y una atadura en nuestros pies en el camino hacia la sabiduría.

Ignorar su presencia en nuestra vida -aunque estén presentes en limitadas proporciones- nos puede llevar directa y fácilmente al fracaso.

Identifiquemos, que aspectos de nuestra vida están dominados por estas dañinas actitudes y corrijamos nuestro actuar para que nuestro camino hacia la sabiduría no se vea impedido u obstaculizado.

Hagamos a la sabiduría nuestra permanente compañera.

Amén.

06 enero 2012

Enero 6 - Devocional: Tiempos Difíciles.


“Clama la sabiduría en las calles; en los lugares públicos levanta su voz. Clama en las esquinas de calles transitadas; a la entrada de la ciudad razona”. Provérbios 1:20, 21 NVI

Hay quienes piensan que para alcanzar la sabiduría hay que embarcarse en una larga excursión a pie hasta el Tíbet y que en una remota y pequeña villa en la ladera de una alta montaña encontrarán un sabio monje que les dará las respuestas a sus inquietudes e interrogantes.

Otros piensan que la sabiduría la van a encontrar visitando a un popular gurú en la India y poniendo mucha atención a sus enseñanzas y prestidigitaciones.

Aún otros visitan monasterios ubicados en inaccesibles desfiladeros de montañas en medio del desierto, donde pareciera que el tiempo se ha detenido para siempre, buscando aunque sea una pista para hallar reposo y alivio a su desazón.

Están quienes tratan de hallar el significado de sus vidas en la práctica de antiguas religiones tribales de África o Sur América o en una sincretización de ambas.

Y también hay quienes se la pasan toda una vida estudiando e investigando y hasta batallando para obtener un diploma de una prestigiosa casa de estudioS superiores con lo cual suponen podrán obtener libre acceso a la sabiduría.

De estas y muchas otras maneras, la gente busca encontrar algo que les resulta muy elusivo.

La palabra de Dios nos enseña que la sabiduría no está circunscrita a un lugar específico o un determinado espacio geográfico.

A través de la conciencia o en medio de un silencio profundo o quizás en una ruidosa calle de una gran metrópoli se le podrá hallar siempre y cuando la busquemos con un propósito noble y con una actitud adecuada.

Para ello debemos abandonar las actividades propias de los necios y obedecer los mandatos del Señor.

La palabra de Dios nos dice que el comienzo de la sabiduría es el temor del Señor, conocer al Santo es tener discernimiento.

También nos dice que si a alguno de ustedes le falta sabiduría, pídasela a Dios, y él se la dará, pues Dios da a todos generosamente sin menospreciar a nadie.

Por otra parte dice que para los que Dios ha llamado, lo mismo judíos que gentiles, Cristo es el poder de Dios y la sabiduría de Dios.

Y finalmente nos dice que en Cristo están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento.

Creo que ya sabes por dónde empezar a buscar.

Amén.

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