Dios dijo… porque yo os la he dado (la tierra) para que sea vuestra propiedad (Números 33:53)
Pero, las promesas de Dios siempre incluyen las responsabilidades personales para los que reciben las promesas.
Antes de seguir adelante a la tierra prometida, Jehová dijo a Josué… vuelve a circuncidar la segunda vez a los hijos de Israel (Josué 5:2-5).
El rito de la circuncisión había sido instituido por el Señor con Abraham, como una señal visible del pacto de relación con él (Génesis 17:9-14).
Y era un requerimiento antes de que alguien pudiera comer la pascua (Éxodo 12:48).
Después de ser circuncisos, los varones de la nueva generación se identificaron como el pueblo del pacto con el Señor y eran aprobados para participar de la pascua (Josué 5:8, 10).
La pascua conmemoraba el rescate que el Señor hizo para con su pueblo en Egipto y señalaba el camino al libertador, el Mesías (1 Corintios 5:7).
La circuncisión y la pascua son sombras que muestran las ordenanzas del bautismo del creyente y la cena del Señor para la iglesia.
Durante su última pascua aquí en la tierra, nuestro Señor Jesucristo nos reveló que su muerte en la cruz cumpliría y reemplazaría la pascua.
El apóstol Pablo nos habló de este nuevo pacto, diciendo que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan y habiendo dado gracias, lo partió y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí. Así, pues, todas las veces que comiereis este pan y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga (1 Corintios 11:23-26).
La circuncisión del creyente también es explicada por el apóstol Pablo…
“En él también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal, en la circuncisión de Cristo; sepultados con él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos. Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados”. Colosenses 2:11-13.
14 de Marzo - Estudio Devocional
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13 de Marzo - Estudio Devocional
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Josué fue nacido en la esclavitud de Egipto.
Mientras que la mayoría estaba murmurando y buscándole faltas a Moisés durante sus pruebas en el desierto, Josué llegó a ser un fiel compañero de trabajo para Moisés.
El primer encuentro de Israel con los cananeos en la tierra prometida fue en la poderosa ciudad de Jericó y sus murallas.
El pueblo de Jericó había oído que Jehová hizo secar las aguas del Mar Rojo delante de vosotros cuando salisteis de Egipto, y lo que habéis hecho a los dos reyes de los amorreos… a los cuales habéis destruido (Josué 2:10).
Rahab se arrepintió de sus dioses falsos, dejó atrás su vida de prostituta y llegó a confiar en la misericordia del único Dios verdadero.
No fue un accidente que los espías vinieron a su casa para traer la protección de Dios sobre ella y su familia.
Ella les dijo a los espías sé que Jehová os ha dado esta tierra… porque Jehová vuestro Dios es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra (Josué 2:9, 11).
Por su fe en el Señor, Rahab llegó a estar en la ascendencia del rey David y en el linaje Mesiánico de Jesucristo (Mateo 1:5 - Lucas 3:32) y también ella está en la lista de los muchos héroes de la fe (Hebreos 11:31).
Moisés dejó su vida en el palacio y su posible derecho a ser el Faraón de Egipto, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios (Hebreos 11:25, 26).
Josué se mantuvo fiel a Dios aun cuando la mayoría de su pueblo lo había amenazado a muerte (Números 14:6-10).
Una prostituta, Rahab, dejó atrás su pecado y rinde su vida para agradar al Señor.
Estos tres personajes abandonaron al mundo y a sus placeres y vinieron a ser disponibles a Dios para cumplir su voluntad por medio de ellos.
Todos nosotros nos hemos enfrentado, o nos enfrentaremos, a tener que elegir así como lo tuvo que hacer Moisés, Josué y Rahab.
No queremos ser como la mayoría, pero despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante (Hebreos 12:1).
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12 de Marzo - Estudio Devocional
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Los israelitas fueron llamados a proclamar…
“Engrandeced a nuestro Dios… Porque todos sus caminos son rectitud; Dios de verdad, y sin ninguna iniquidad en él; Es justo y recto”. Deuteronomio 32:3, 4.
Dios es la roca todopoderosa que nunca desampara a los fieles.
“El es la Roca, cuya obra es perfecta, Porque todos sus caminos son… sin ninguna iniquidad en él; Es justo y recto”. Deuteronomio 32:4.
Moisés les predijo sobre las bendiciones y la felicidad que serían de ellos, si ellos vivían en obediencia a la palabra de Dios (Deuteronomio 33:6-29).
Después de otorgar las bendiciones espirituales sobre cada una de las tribus, Moisés terminó alabando a Dios.
“El eterno Dios es tu refugio, Y acá abajo los brazos eternos; El echó de delante de ti al enemigo… ”. Deuteronomio 33:27.
Aunque está escrito…
“Y nunca más se levantó profeta en Israel como Moisés, a quien haya conocido Jehová cara a cara”. Deuteronomio 34:10.
Moisés perdió el privilegio de guiar a Israel y entrar en Canaán por causa de su propio pecado (Deuteronomio 32:48-52 - Números 20:1-13).
Así, Moisés fue un ejemplo para todo Israel y dio testimonio de que Dios es santo y no puede permitir que su ley sea quebrantada sin consecuencias.
La vida de Moisés había sido casi perfecta.
Sin embargo…
Aunque él había sido el legislador del Señor, él también había quebrantado la ley una vez, y la ley de Dios no permite ninguna excepción.
A lo último, se ve Moisés solo, subiendo una de las más prominentes montañas en Moab, de donde le es permitido ver la tierra prometida, aunque no pudo entrar a ella.
El castigo de Moisés ilustra que aunque tengamos el perdón del pecado, eso no quiere decir que las consecuencias aquí en la tierra son quitadas (Santiago 2:10).
Siglos después, Moisés, como símbolo de la ley de Dios, se paró en el monte Hermón, en la tierra prometida, junto con Elías, quien simbolizaba los profetas de Dios.
Juntos hablaron con Jesús…
“y se transfiguró (Jesús) delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz… Mientras él (Jesús) aún hablaba, (con Moisés y Elías) una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd”. Mateo 17:2, 5.
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