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Como una madre consuela a su hijo… ©

“Como una madre consuela a su hijo, así los consolaré yo a ustedes, y encontrarán consuelo en Jerusalén”. Isaías 66:13.

El pueblo de Israel estaba apenado y herido por el poder dominador de Babilonia, que los había mantenido desterrados por muchos años.

Las heridas tardaban en sanar, pero Dios promete su amor y su cariño, como el de una madre que se conmueve ante el llanto de un niño, para restaurar las fuerzas del pueblo y ayudarles en la reconstrucción de Jerusalén y del templo.

En este tiempo de renovadas esperanzas en medio de tantas injusticias, de tantas promesas incumplidas, Dios nos invita a buscar alivio y consuelo en su amor.

El apóstol Pablo era una persona que trabajaba y luchaba duramente en la proclamación del evangelio.

Y por ello sufría grandes aflicciones y privaciones personales.

Pero nos sorprende de qué manera sentía ese consuelo que viene de Dios.

En lugar de lamentarse alababa a Dios.

E invita a compartir ese consuelo con todas las personas que en nuestra iglesia, en nuestra comunidad y en nuestra sociedad sufren y pasan situaciones de dolor.

Dice Pablo…

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios”. 2 Corintios 1:3, 4.

Si aún encontramos a muchas personas que lloran, que sufren, que no tienen paz y consuelo, es porque nuestra tarea es aún insuficiente y tenemos mucho por hacer todavía para que el consuelo divino llegue a todos los seres humanos.

Amén.

Dios Te Bendiga.

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