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Pero en una casa grande… ©

“Pero en una casa grande, no solamente hay utensilios de oro y de plata, sino también de madera y de barro; y unos son para usos honrosos, y otros para usos viles”. 2 Timoteo 2:20.

¿Qué es la casa grande?

La casa grande está compuesta por todos los creyentes, toda la cristiandad.

Cuando creímos en el Señor, invocamos su nombre y fuimos bautizados, fuimos introducidos en un solo Cuerpo, el Cuerpo de Cristo.

Colosenses 1:24 y Efesios 1:22, 23 dicen que la iglesia es el Cuerpo de Cristo.

Cuerpo e iglesia son términos intercambiables.

Cuando estás en el Cuerpo de Cristo, está en la iglesia.

Para Dios, todos los que fueron bautizados fueron introducidos en un solo Cuerpo, por tanto, son miembros del Cuerpo de Cristo y son parte de la iglesia.

Nosotros somos la iglesia, somos el Cuerpo de Cristo.

Por eso necesitamos predicar el evangelio a todos.

A los gentiles predicamos el evangelio de la gracia, diciéndoles que el Señor Jesús murió por sus pecados.

Él fue crucificado y derramó su sangre por ellos.

Si no resuelven su problema de pecado, no podrán ver a Dios y perecerán, porque la paga del pecado es la muerte.

Pablo predicó tal evangelio, el evangelio de la gracia.

En 2 Timoteo 2:20 Pablo menciona vasos de barro, de madera, de plata y de oro.

Hagamos aquí una aplicación según nuestra experiencia… en la Biblia, el ser humano es comparado con un vaso.

Romanos 9 dice que el alfarero tiene derecho de hacer del mismo barro, vasos para gloria y vasos para ira.

Los vasos de barro pueden ser quebrados.

Antes de ser salvos todos éramos vasos de barro.

Adán fue hecho de barro, por tanto, todos somos vasos de barro.

Un vaso de barro es muy frágil, pues se quiebra con un golpe más o menos fuerte.

Todos somos así.

Antes de ser salvos, éramos orgullosos y considerábamos ser más de lo que somos.

Cuando alguien nos despreciaba o hablaba mal de nosotros, instantáneamente reaccionábamos.

¿Qué es esto?

Es el orgullo.

Ese orgullo muestra nuestra fragilidad.

No podíamos recibir ninguna crítica, ningún golpe.

Cualquier cosa que nos tocaba nos quebraba.

Por eso, cuando los descendientes de Adán percibieron que eran débiles, frágiles y mortales, comenzaron a invocar el nombre del Señor.

Cuando invocamos el nombre del Señor, le decimos que confiamos en él.

Cuando no tenemos al Señor, no tenemos alegría, seguridad ni paz.

Por haber perdido la alegría, el hombre fabrica placeres transitorios de pecados para satisfacerse.

Esa alegría es vana y pasajera, desaparece rápido.

Necesitamos confiar en el Señor, elevar y exaltar su nombre.

Entonces él nos da alegría.

Sin Dios no tenemos paz ni seguridad.

Cuando invocamos el nombre del Señor tenemos paz, alegría y seguridad.

La madera representa la naturaleza humana.

En el segundo período de dos mil años de la historia humana, en la era de la ley, el pueblo de Israel consideró que tenía la capacidad de cumplir todo lo que el Señor hablara (Éxodo 19:8), sin reconocer la limitación de la naturaleza humana.

Por otro lado, también podemos aplicar hoy a los que fueron salvos y bautizados y que por tanto ya son hijos de Dios.

Todos necesitamos reconocer que aún tenemos mucho de la naturaleza humana caída y necesitamos ser transformados.

Amén.

Dios Te Bendiga.

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