“Aunque ande en valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo”. Salmo 23:4.
La mayoría de las personas, en todo el mundo, alguna vez en la vida hemos pasado por situaciones muy pero muy difíciles.
Pero también allí en medio de todo, en medio del maltrato, rechazo, abandono, traición, humillación e injusticia, en medio de esos insultos constantes o que alguien te pusiera en ridículo, en medio de la manipulación, de las amenazas y de la explotación, cuando te encerraban en aquél cuarto, entre gritos en medio de aquél clima de miedo o de terror, promesas falsas, destrucción de pertenencias personales o el hecho de que te impidieran tener amigos, en medio de aquella violación y abuso, en medio de todo ese dolor, en el corazón de Dios, estaba pensado para ti, este mensaje de esperanza.
La mayoría de la gente es infeliz y se sume en la depresión, porque prefiere no caminar en la fe.
Repito… la mayoría de la gente es infeliz y se sume en la depresión, porque prefiere no caminar en la fe, si, lo leíste bien, prefiere no caminar en fe y entonces permite que el amor propio herido le desgarre el alma y deja que el orgullo herido se hinche y crezca, prefiriendo recurrir a cualquier salida falsa como la ira, los malos tratos, las palabras hirientes, la prostitución, la deshonestidad, la mentira, el alcohol, el tabaquismo, las drogas, el suicidio antes que sacar de su interior el tesoro que puede darle la llave a la libertad interior, a la sabiduría, al verdadero amor, a la paz.
¿Sabes?
Nosotros, preferimos, aún habiendo pasado tantas cosas en la vida… rechazos, abandonos, traiciones, humillaciones e injusticias, creer en ese Dios que es amor fiel, inmenso, tierno, cariñoso, misericordioso y perfectamente sabio.
Mucha gente hoy en día, repite lo que algún día otros dijeren que… Dios fue creado por el hombre en su mente para darse una respuesta después de la vida o para darse respuesta ante tanto dolor o para darse seguridad ante la impotencia y desamparo.
Pero, permíteme decirte que no es justo que te dejes llevar por la opinión de seres humanos, mortales como tú y yo, que prefirieron vivir su vida y basar su seguridad en sus ciencia, en sus criterios, en sus pensamiento y no en una viva experiencia en su corazón del amor infinito de Dios.
Ellos fueron hijos de una época y si hoy en pleno siglo XXI aún muchos seres humanos siguen creyendo en un Dios vengativo y justiciero, imagínate en siglos pasados, cómo sería la idea que se tenía de él, pero gracias a la revelación de ese amor inmenso que ha tenido Dios con nosotros los seres humanos hemos ido comprendiendo poco a poco que Dios no es ese Dios cargado de antropomorfismos es decir, cargado de tendencias negativas humanas como la venganza, el odio, la ira, el rechazo, el abandono, la humillación, la traición y la injusticia, todo fruto de un subconsciente herido.
¡El Dios revelado es vida!
Sí.
¡Dios es fiel!
¡Dios es amor!
Yo prefiero hablarte desde la experiencia que he tenido de ese amor infinito del Padre Dios, manifestado en Jesús, al haberme rescatado de una vida sin sentido, de una vida llena de ira, de orgullo, de soberbia, de egoísmo, de vacío existencial.
Tengo la seguridad de decir, nadie me lo ha contado sino que lo he vivido en el alma, que él no tiene nada que ver con todo ese sufrimiento provocado por el corazón herido del hombre, porque él nos creó para la libertad y la vida, para la solidaridad y el amor, pero tú, yo y quienes nos hirieron, preferimos la esclavitud y la muerte.
Él nos creó para el amor, pero tú, yo y quienes nos hirieron, preferimos muchas veces, el rencor, el resentimiento, el odio, las palabras, miradas y actitudes hirientes.
Él nos creó para la felicidad, pero hay quienes eligen vivir auto compadeciéndose, amargados, negándose el derecho de ser felices.
Tú que escuchas, aunque no pudieras ver, o caminar, aunque hayas perdido todo en la vida, o te hayan abandonado, rechazado, humillado, traicionado o te hayan hecho injusticia, aún puedes levantarte y tener victoria con Jesucristo, sólo necesitarás una cosa… necesitas querer creer, querer luchar de la mano de Jesús y para comenzar a creer hay que reconocer humildemente, que sólo Dios es Dios.
Hay muchas causas que hacen que nos desanimemos y así nos apartemos del camino de Dios.
¿Sabes?
Dios no es el autor del desanimo sino el amor propio herido y el egoísmo que luchan a muerte para que desistamos, nos desanimemos, nos rindamos y así apartarnos del verdadero amor, de la paz, de la fraternidad a la que fuimos llamados pues Dios sabe que sólo en el amor auténtico encontraremos nuestra verdadera identidad, nuestra verdadera realización.
Otras causas que nos desaniman es llevar cargas, como este marido mujeriego, esta esposa chismosa, este vecino borracho, aquella compañera de trabajo que se mete en la vida de los demás, este otro que es tan superficial, el hijo rebelde, la enfermedad, etc.
Estamos como el pueblo de Israel en el libro de Números 11:10-15 que nos dice que Moisés tuvo que cargar con un pueblo muy rebelde y eso hizo que Moisés se desanimara.
La misma palabra del Señor en Gálatas 6:1, 2 dice…
“Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado. Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo”.
Pero por superficiales, muchas veces eso nos desanima porque no queremos ayudar a los hermanos en sus problemas, no queremos llevar la carga unos de los otros, porque no queremos comenzar por casa es decir por nosotros mismos.
Hoy aquí y ahora, si quieres ser libre, si quieres tener paz, si quieres salir de esa situación interior de desaliento, si quieres que tu vida mejore y prospere, necesitarás querer comenzar por ti mismo, pidiéndole al Señor que sea él quien transforme y cambie tu corazón, pero tú necesitarás querer alimentarte de su palabra diariamente, sea mientras trabajas o haces limpieza o te bañas o caminas o manejas, pues así como programaste tu mente para lo negativo, ahora necesitarás querer comenzar a programarla para llegar a tener pensamientos positivos, pensamientos que bendigan es decir, los pensamientos de Cristo.
Algunas veces nos desanima una derrota.
El libro de Josué 7:7-9 nos narra cuando el pueblo fue derrotado y por eso se desanimaron al igual que nosotros, cuando las cosas no nos salen como nosotros pensamos, creemos que hemos sido derrotados y nos encontramos caídos en el fracaso.
También nos sentimos sin ganas de seguir adelante, cuanto otros se oponen injustamente, así lo leemos en 1 Samuel 30:6 cuando dice que los enemigos de Israel, los amalecitas habían quemado la ciudad, se habían llevado prisioneras a sus mujeres, hijos e hijas y esto los puso a llorar a voz en cuello hasta quedarse sin fuerzas.
El rey David estaba muy preocupado porque la tropa quería apedrearlo pues todos estaban muy disgustados por lo que había sucedido a sus hijos.
Sin embargo…
No se desesperó, ni huyó, sino que puso su confianza en el Señor su Dios.
En otras ocasiones, es el miedo el que nos desalienta y nos hace rendirnos.
1 Reyes 19:1-8 narra cómo el profeta Elías, después de haber derrotado a los profetas de Baal, del dios falso, corría peligro y para salvar su vida, se fue al desierto.
“Y él se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres. Y echándose debajo del enebro, se quedó dormido; y he aquí luego un ángel le tocó, y le dijo: Levántate, come. Entonces él miró, y he aquí a su cabecera una torta cocida sobre las ascuas, y una vasija de agua; y comió y bebió, y volvió a dormirse. Y volviendo el ángel de Jehová la segunda vez, lo tocó, diciendo: Levántate y come, porque largo camino te resta. Se levantó, pues, y comió y bebió; y fortalecido con aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios”.
Elías tuvo un encuentro con el Señor allá en la montaña y allá en la montaña el Señor lo regresa por donde vino prometiéndole que dejará en Israel personas que adoren al Dios verdadero, al Dios de Israel.
Nos desalentamos cuando estamos enfermos, pero en el libro del profeta Isaías 38:9-20 leemos que cuando el rey de Judá, Ezequías sanó de su enfermedad, compuso este salmo.
“Yo dije: A la mitad de mis días iré a las puertas del Seol; privado soy del resto de mis años. Dije: No veré a JAH, a JAH en la tierra de los vivientes; ya no veré más hombre con los moradores del mundo. Mi morada ha sido movida y traspasada de mí, como tienda de pastor. Como tejedor corté mi vida; me cortará con la enfermedad; me consumirás entre el día y la noche. Contaba yo hasta la mañana. Como un león molió todos mis huesos; de la mañana a la noche me acabarás. Como la grulla y como la golondrina me quejaba; gemía como la paloma; alzaba en alto mis ojos. Jehová, violencia padezco; fortaléceme. ¿Qué diré? El que me lo dijo, él mismo lo ha hecho. Andaré humildemente todos mis años, a causa de aquella amargura de mi alma. Oh Señor, por todas estas cosas los hombres vivirán, y en todas ellas está la vida de mi espíritu; pues tú me restablecerás, y harás que viva. He aquí, amargura grande me sobrevino en la paz, mas a ti agradó librar mi vida del hoyo de corrupción; porque echaste tras tus espaldas todos mis pecados. Porque el Seol no te exaltará, ni te alabará la muerte; ni los que descienden al sepulcro esperarán tu verdad. El que vive, el que vive, éste te dará alabanza, como yo hoy; el padre hará notoria tu verdad a los hijos. Jehová me salvará; por tanto cantaremos nuestros cánticos en la casa de Jehová todos los días de nuestra vida”.
Cuando estamos enfermos y pedimos a Dios que nos ayude y nuestra enfermedad no es curada rápidamente eso nos desanima y nos rendimos.
El apóstol Pablo oraba al Señor para que le quitara el aguijón del que habla en 2 Corintios 12:8 más el Señor le responde…
“Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad”. 2 Corintios 12:9.
Pablo, abriéndose a la fe, en los versos siguientes dice…
“Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte”. 2 Corintios 12:10.
Esto que lees, querido hermano(a), es creer en Dios.
Hoy, necesitas comenzar por querer poner tu amor propio herido, tu soberbia, tus heridas, a los pies de aquél al que traspasaron -nos dirá el profeta Isaías en el capítulo 53 y que no abrió la boca mientras lo injuriaban, siendo un hombre lleno de dolor, acostumbrado al sufrimiento, que fue maltratado, pero que se sometió humildemente, yendo como cordero llevado al matadero, sin que nadie se preocupara de su destino, aunque nunca cometió ningún crimen ni nunca hubo engaño en su boca, él, por quien todas nuestras heridas, han sido sanadas.
Y la palabra del Señor no miente, cuando dice que todas nuestras dolencias, todos nuestros traumas, miedos, inseguridades, todo aquello que llamamos frustración y que en realidad tal frustración o frustraciones sólo existen en nuestra mente como tales porque lo queremos creer así, pues si luchamos sostenidos con la gracia de Dios, siempre habrá una salida, pues todo, pero todo, ha sido tomado por el corazón de ese Dios que es Padre y que nos ha regalado a su Hijo Jesús, quien murió por mi, por ti en la cruz y que hoy está vivo en nuestro corazón, llamándonos a la sabiduría, a la libertad interior, a la vida nueva, pues la palabra del Señor nos dice en 2 Corintios 5:17.
“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”.
El capítulo 17 del libro de 1 Samuel, nos dice que David quien era un pastor de ovejas, siendo casi un chiquillo, quedó al servicio de Saúl el primer rey de Israel.
Y nos dice el autor del libro que el pueblo de Israel, tenía enemigos y uno de esos enemigos muy potentes fue el pueblo de los filisteos.
Al estar ya en guerra, de entre las filas del ejército de los filisteos salió Goliat el más fuerte y grande de los guerreros, pidiendo lo siguiente…
“… dadme un hombre que pelee conmigo”. 1 Samuel 17:10.
Al oír esto el rey Saúl y todos los israelitas, perdieron el ánimo y se llenaron de miedo, mientras tanto, el papá de David, Isaí, le dijo a David quien en ese momento se encontraba en su casa.
“Toma ahora para tus hermanos un efa de este grano tostado, y estos diez panes, y llévalo pronto al campamento a tus hermanos. Y estos diez quesos de leche los llevarás al jefe de los mil; y mira si tus hermanos están buenos, y toma prendas de ellos”. 1 Samuel 17:17, 18.
Saúl y los hermanos de David y todos los israelitas estaban en el valle de Ela luchando contra los filisteos.
Al día siguiente, David madrugó y dejando las ovejas llevando consigo las provisiones que le entregó su padre Isaí, llegó al campamento en donde el ejército se disponía a salir a la batalla lanzando gritos de guerra.
Los israelitas y los filisteos se alinearon frente a frente.
David dejó lo que llevaba al cuidado del encargado de armas y provisiones y corriendo a las filas, se metió en ellas para preguntar a sus hermanos cómo estaban.
Mientras hablaba con ellos, aquél filisteo llamado Goliat salió de entre las filas de los filisteos y volvió a desafiar a los israelitas.
David lo oyó y vio también como los israelitas sintieron mucho miedo y huyeron de su presencia diciendo…
“… ¿No habéis visto aquel hombre que ha salido? El se adelanta para provocar a Israel”. 1 Samuel 17:25.
David preguntó a los que estaban a su lado…
“… ¿Qué harán al hombre que venciere a este filisteo, y quitare el oprobio de Israel?”. 1 Samuel 17:26.
Y respondieron…
“… Al que le venciere, el rey le enriquecerá con grandes riquezas, y le dará su hija… ”. 1 Samuel 17:25.
“Y dijo David a Saúl: No desmaye el corazón de ninguno a causa de él; tu siervo irá y peleará contra este filisteo”. 1 Samuel 17:32.
“Dijo Saúl a David: No podrás tú ir contra aquel filisteo, para pelear con él; porque tú eres muchacho, y él un hombre de guerra desde su juventud”. 1 Samuel 17:33.
“David respondió a Saúl: Tu siervo era pastor de las ovejas de su padre; y cuando venía un león, o un oso, y tomaba algún cordero de la manada, salía yo tras él, y lo hería, y lo libraba de su boca; y si se levantaba contra mí, yo le echaba mano de la quijada, y lo hería y lo mataba. Fuese león, fuese oso, tu siervo lo mataba; y este filisteo incircunciso será como uno de ellos, porque ha provocado al ejército del Dios viviente”. 1 Samuel 17:34-36.
“… Y dijo Saúl a David: Ve, y Jehová esté contigo”. 1 Samuel 17:37.
“Y Saúl vistió a David con sus ropas, y puso sobre su cabeza un casco de bronce, y le armó de coraza. Y ciñó David su espada sobre sus vestidos, y probó a andar, porque nunca había hecho la prueba. Y dijo David a Saúl: Yo no puedo andar con esto, porque nunca lo practiqué. Y David echó de sí aquellas cosas. Y tomó su cayado en su mano, y escogió cinco piedras lisas del arroyo, y las puso en el saco pastoril, en el zurrón que traía, y tomó su honda en su mano, y se fue hacia el filisteo. Y el filisteo venía andando y acercándose a David, y su escudero delante de él. Y cuando el filisteo miró y vio a David, le tuvo en poco; porque era muchacho, y rubio, y de hermoso parecer. Y dijo el filisteo a David: ¿Soy yo perro, para que vengas a mí con palos? Y maldijo a David por sus dioses. Dijo luego el filisteo a David: Ven a mí, y daré tu carne a las aves del cielo y a las bestias del campo. Entonces dijo David al filisteo: Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado. Jehová te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré, y te cortaré la cabeza, y daré hoy los cuerpos de los filisteos a las aves del cielo y a las bestias de la tierra; y toda la tierra sabrá que hay Dios en Israel. Y sabrá toda esta congregación que Jehová no salva con espada y con lanza; porque de Jehová es la batalla, y él os entregará en nuestras manos. Y aconteció que cuando el filisteo se levantó y echó a andar para ir al encuentro de David, David se dio prisa, y corrió a la línea de batalla contra el filisteo. Y metiendo David su mano en la bolsa, tomó de allí una piedra, y la tiró con la honda, e hirió al filisteo en la frente; y la piedra quedó clavada en la frente, y cayó sobre su rostro en tierra. Así venció David al filisteo con honda y piedra; e hirió al filisteo y lo mató, sin tener David espada en su mano. Entonces corrió David y se puso sobre el filisteo; y tomando la espada de él y sacándola de su vaina, lo acabó de matar, y le cortó con ella la cabeza. Y cuando los filisteos vieron a su paladín muerto, huyeron”.
De este pasaje podemos sacar una gran enseñanza y preguntarnos en nuestro interior.
¿Quién es para ti, o para mi, ese ejército o ese gigante Goliat que nos está haciendo la guerra y que quiere matarnos cuanto antes para entregarnos a la desesperación, al desaliento, a la ira, a la violencia, al sin sentido, a las ganas de huir, a las ganas de morir?
Quizás sean esas palabras hirientes que te dijeron.
Quizás sean esas heridas que llevas en tu subconsciente agazapadas, heridas que se hicieron tal vez desde el vientre materno y por eso reaccionas huidizo, o controlador o reacciones de una manera masoquista y por eso comes compulsivamente como queriendo darte en una comida todo el amor que no supieron darte.
¿Sabes?
Cuando David vio al gigante, no huyó, ni se acobardó porque David -por lo que se lee en la Biblia, no acostumbró a su mente a pensar de forma negativa, por lo tanto su manera de ver la vida y sus acciones eran positivas así que podemos decir que seguramente empezó a traer a su mente, los éxitos del pasado contra los osos y leones, de tal manera que cuando estuvo frente a frente con el gigante Goliat pensó…
- Ah, a este me lo bajo también, así que no se me ponga bravo porque lo voy a agarrar como agarré al león y al oso.
Así hoy tú, aquí y ahora, levántate en fe y di…
“Este es el día que hizo Jehová; Nos gozaremos y alegraremos en él”. Salmo 118:24.
Lo que tú construyes en tu mente, lo edificas en tu vida, es decir, que si tú permites fantasmas mentales como…
- Me va a ir mal en este asunto.
- Yo de esta depresión no salgo.
- La vida es pesada, fastidiosa, tediosa, horrible.
- Mi marido o mi esposa es una loza para mí.
- Mis hijos están terribles.
- El jefe está insoportable.
- El mundo está a punto de explotar.
- ¡Dios!, ¿por qué te llevaste a este ser tan querido?, no voy a poder vivir sin él, sin ella.
- De esta enfermedad no me levanto.
- Este dolor es insoportable, etcétera, etcétera.
Si tú permites una programación negativa, estrecha, angosta, cerrada, estarás yendo derechito a un camino sin salida, a un cuarto oscuro sin puerta ni ventanas, te estarás echando una soga mental al cuello y querrás no existir, no vivir, te estarás suicidando psicológicamente y perderás la brújula del sentido de vida.
En cambio, cuando declaras con tu boca, que lo único que tienes por vivir es este instante, es decir, el presente, y crees la palabra del Señor en Efesios 4:17 que dice…
“Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón”.
Si tú que escuchas, pones buena cara al tiempo de crisis, al tiempo de purificación y crecimiento, si al mal tiempo le das buena palabra, palabra santa, palabra de poder divino, entonces estarás yendo siempre para adelante sin mirar nunca lo que dejas atrás, porque la palabra del Señor dice que ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios (Lucas 9:62), que precisamente ya está en tu interior, en tu corazón y que es paz, gozo, alegría, humildad, bondad, dominio de sí, pero te repito… necesitarás querer creer.
Cuando veas al pasado, mira con verdad y medita en las victorias que has tenido porque el Señor estuvo ahí, ayudándote, consolándote, levantándote.
No te quedes mirando lo que tú y solamente tú has llamado fracasos.
¡Qué sabemos del otro lado de las cosas!
Y deja de llamar mala suerte a lo que no sale como tú piensas, porque en realidad, nunca podrás afirmar que hubiera sido mejor que pasara esto, o esto otro, o que no pasara aquello y eso y eso otro, que hubiera sido mejor estudiar esto que esto otro, o que hubiera sido mejor no haber salido de casa el día de hoy.
Te aseguro en el nombre del Señor que si miras siempre para adelante, si caminas confiado de la mano de Jesús, si fijas tu mirada en él, si te aferras a su amor y crees su palabra en Romanos 8:28 en donde Pablo nos dice…
“… sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”.
¿Sabes?
Mayor es el que está en ti.
Mayor es Dios que todas las tempestades, que todas las bocas chismosas, que todas las pasiones desordenadas, que todos los apegos enfermizos, que todas las enfermedades, que todas las depresiones, que todo lo que te ata y no te deja ser libre, mayor que una quiebra económica, mayor que una inundación, mayor que la muerte.
Mayor es el que está en ti y si Dios está a tu favor, nadie te podrá hacer la guerra, nadie te podrá derrotar.
Dice la palabra del Señor en el Salmo 23 en el verso 6…
“Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida”.
Y el Salmo 42:8 dice…
“… de día mandará Jehová su misericordia, Y de noche su cántico estará conmigo, Y mi oración al Dios de mi vida”.
El Salmo 90:14 dice…
“De mañana sácianos de tu misericordia, Y cantaremos y nos alegraremos todos nuestros días”
Y el Salmo 100:5 dice…
“Porque Jehová es bueno; para siempre es su misericordia…”.
Jeremías 31:16 dice…
“… Reprime del llanto tu voz, y de las lágrimas tus ojos… ”.
Si hubiéramos podido mirar ese momento en el que el Señor le dijo al profeta…
- No llores más.
Seguro que hubiéramos oído decirle…
- Ya, sécate las lágrimas, mira toma este pañuelo, que tengo una palabra de poder para ti.
¿Sabes?
La piel se arruga y el pelo se volverá blanco, los días se convierten en años, pero lo importante no cambia sino que se vuelve oro… tu fuerza, tu convicción, tu experiencia, porque éstas no tienen edad sino valor eterno.
Tu espíritu transformado por la palabra del Señor, será ese poderoso limpiador que tornará las telarañas en libertad.
Saber que siempre habrá partidas y que después de cada logro te encontrarás con otro desafío pero desistir o rendirte… nunca.
Sigue aunque tu amor propio herido o los demás esperen que abandones.
No tengas lástima ni de ti ni de nadie, al contrario, se misericordioso y siente profundo respeto por ti y por los demás, por la creación entera y cuando no puedas correr, trota y si no puedes trotar camina y si no puedes caminar, usa con humildad un bastón pero nunca te rindas porque sabes por experiencia, que tu fuerza es él… Dios.
La siguiente anécdota es un poco dura, pero creo que nos servirá para enseñarnos sobre la importancia de dejar que la luz del Señor guíe nuestra vida, nuestros pensamientos, nuestra mirada, nuestros pasos, nuestras acciones.
En un laboratorio hicieron un experimento con dos ratoncitos y metieron al primero en un frasco oscuro, con el 75% lleno de agua y sin ningún orificio en la tapa.
¿Sabes cuánto tiempo duró haciendo la lucha por salir de ahí?
Sólo 3 horas.
Metieron al segundo en el mismo frasco oscuro y con la misma cantidad de agua pero en la tapa había un hoyo pequeñísimo por donde se filtraba el aire y la luz.
¿Sabes cuánto tiempo luchó por salir de ahí?
3 días.
¿Ves ahora la importancia de no quedarse como el avestruz, que mete la cabeza en la tierra rindiéndose?
El señor sabe que con llorar no arreglas nada y si en su momento llorar te sirvió de catarsis, es decir, de liberación, hoy necesitas levantarte en fe y decir…
- El Señor es mi roca y mi salvación…
- ¿A quién temeré?
- El Señor es la defensa de mi vida.
- ¿Quién me hará temblar?
Si tú y yo quisiéramos oír al Señor como hay qué oírlo, como hay que escucharlo.
El Señor hoy nos dice a nosotros, su nuevo pueblo, como le dijo a su pueblo por medio del profeta Jeremías…
“Reprime del llanto tu voz, y de las lágrimas tus ojos; porque salario hay para tu trabajo… ”.
Así que levanta tus manos al cielo y di…
- Salario hay para mi trabajo dice el Señor Dios y no los hombres.
Es decir…
- Se Señor que ahora mismo hay bendición para mi, porque tu amor es infinitamente misericordioso.
Se que ahora mismo me estás dando la libertad, la alegría, la paz, el entusiasmo, la fuerza para luchar, la luz para mirar desde ti mi vida y a los demás.
Hoy no quiero recibir salario de maldición proveniente de mi amor propio herido o de rencores pasados que me dejan en la calle, en la miseria.
Hoy se que tú eres mayor que todo y que contigo no hay nada imposible para mi, porque todo lo puedo en ti que me fortaleces.
El Señor Dios, en toda la sagrada escritura, nos enseña y nos invita a no tener miedo a nada ni a nadie.
Así que en el nombre de Jesucristo te digo… no le tengas miedo a nada, no te rindas ante nada, ni ante el desaliento, ni la desesperación, ni ante el odio, la ira, el resentimiento, la tristeza o la depresión.
¡No tengas miedo de nada!
Tú eres un ser humano en el que Dios ha derramado todo su Espíritu y al que ha regalado el don de la fe.
Es verdad que cuando uno está en lo más hondo de la depresión sentimos que no se puede hacer nada, pero a pesar de sentir lo peor, a pesar de haber llegado hasta el fondo de las aguas, a pesar de sentirte en el polvo de la muerte, fíate de Dios.
Sólo necesitas querer creer en él.
Sólo necesitas querer dejarte salvar por él.
Sólo necesitas querer dejarte amar por él.
Amén.
Dios Te Bendiga.