“… He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel”. Jeremías 18:6.
¿Estamos en las manos de Dios?
Si la contestación a la pregunta es afirmativa, entonces, tenemos que comprender y aceptar el señorío que él tiene sobre nosotros.
“Reconoced que Jehová es Dios; El nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos… ”. Salmo 100:3.
Hay muchas personas que no tienen ningún problema en aceptar a Cristo como Salvador, pero experimentan serios problemas en aceptar a ése Salvador como el Señor y dueño absoluto de sus vidas.
Hay una idea equivocada de que el Señor nos ha hecho siervos suyos.
¡Es todo lo contrario!
Nosotros mismos, los que nos hemos arrepentido de nuestros pecados, voluntariamente nos negamos a nosotros mismos y sometimos nuestra voluntad a la voluntad absoluta de Dios.
¡Fue una decisión completamente voluntaria!
En la Biblia, la ilustración del alfarero, es utilizada muchas veces para describir la soberanía que Dios tiene sobre sus criaturas.
Y cuando una persona se arrepiente de sus pecados y acepta a Cristo en su corazón como salvador personal, debe también comprender que lo debe aceptar de igual manera como el dueño y Señor de su vida.
“¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia?”. Romanos 6:16.
El verdadero hijo de Dios es aquel que se somete al Señor.
Cristo mismo confirma esto con sus palabras…
“Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando”. Juan 15:14.
Es maravilloso contemplar la hermosura de la palabra de Dios.
Somos siervos del Señor porque él es soberano, pero él no nos trata como a esclavos, sino que ha preferido llamarnos amigos.
Muchas personas dicen que aman a Dios, pero esto no tiene valor para Dios, especialmente por lo que Cristo mismo dijo…
“Si me amáis, guardad mis mandamientos”. Juan 14:15.
También encontramos otra escritura que dice…
“No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos”. Mateo 7:21.
Estar en las manos de Dios es algo maravilloso.
Cuando estamos en sus manos, podemos regocijarnos en sus promesas…
“… que los justos y los sabios, y sus obras, están en la mano de Dios… ”. Eclesiastés 9:1.
Cristo dijo esta poderosa afirmación…
“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano”. Juan 10:27, 28.
Si tenemos tan bellas promesas de seguridad…
¿Por qué, dudamos en muchas circunstancias?
¿Por qué no podemos resistir las tentaciones y los desánimos?
Cristo está con nosotros -no hay nada que temer.
Así nos ministra la palabra de Dios…
“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”. Romanos 8:28.
Si continúas leyendo los versos restantes en el capítulo 8 de Romanos, podrás ver que en esta vida tendremos luchas, pruebas y grandes dificultades -algo que Cristo mismo le había advertido a sus discípulos en Juan 16:33.
Es posible que hasta el mismo infierno nos levante guerra.
En este mundo sufriremos, derramaremos lágrimas y experimentaremos muchos dolores -pero todo obra con un mismo propósito… nuestro bien.
Si en verdad amamos al Señor, guardamos su palabra y permaneceremos en su mano poderosa.
Podemos confiar en su bella promesa…
“… que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo”. Filipenses 1:6.
Aunque sea doloroso, debemos estar dispuestos a permanecer en las manos del alfarero.
Y aunque hoy no podamos comprender el “por qué” de tantas cosas, debemos permanecer firmes a esa promesa de amor y de lealtad que le hicimos al Señor.
Aunque no sepamos lo que el futuro nos trae -debemos estar seguros que el que dirige nuestras vidas es aquel que se llama el camino, la verdad y la vida (Juan14:6).
Hoy te quiero animar a que sigas en las manos tiernas y amorosas del Señor.
En ninguna parte de la Biblia hay garantías para una vida libre de problemas y sufrimientos, pero se nos ha dado la garantía de que Cristo estará con nosotros hasta el fin.
Con Cristo y sin Cristo, siempre habrá problemas y tropiezos.
Yo he decidido permanecer en las manos del alfarero, aunque sea doloroso.
Deja que el Señor haga en tu vida su perfecta voluntad.
El proceso puede ser doloroso, pero ciertamente trae frutos de vida eterna y abundancia espiritual.
Amén.
Dios Te Bendiga.
¿Estamos en las manos de Dios?
Si la contestación a la pregunta es afirmativa, entonces, tenemos que comprender y aceptar el señorío que él tiene sobre nosotros.
“Reconoced que Jehová es Dios; El nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos… ”. Salmo 100:3.
Hay muchas personas que no tienen ningún problema en aceptar a Cristo como Salvador, pero experimentan serios problemas en aceptar a ése Salvador como el Señor y dueño absoluto de sus vidas.
Hay una idea equivocada de que el Señor nos ha hecho siervos suyos.
¡Es todo lo contrario!
Nosotros mismos, los que nos hemos arrepentido de nuestros pecados, voluntariamente nos negamos a nosotros mismos y sometimos nuestra voluntad a la voluntad absoluta de Dios.
¡Fue una decisión completamente voluntaria!
En la Biblia, la ilustración del alfarero, es utilizada muchas veces para describir la soberanía que Dios tiene sobre sus criaturas.
Y cuando una persona se arrepiente de sus pecados y acepta a Cristo en su corazón como salvador personal, debe también comprender que lo debe aceptar de igual manera como el dueño y Señor de su vida.
“¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia?”. Romanos 6:16.
El verdadero hijo de Dios es aquel que se somete al Señor.
Cristo mismo confirma esto con sus palabras…
“Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando”. Juan 15:14.
Es maravilloso contemplar la hermosura de la palabra de Dios.
Somos siervos del Señor porque él es soberano, pero él no nos trata como a esclavos, sino que ha preferido llamarnos amigos.
Muchas personas dicen que aman a Dios, pero esto no tiene valor para Dios, especialmente por lo que Cristo mismo dijo…
“Si me amáis, guardad mis mandamientos”. Juan 14:15.
También encontramos otra escritura que dice…
“No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos”. Mateo 7:21.
Estar en las manos de Dios es algo maravilloso.
Cuando estamos en sus manos, podemos regocijarnos en sus promesas…
“… que los justos y los sabios, y sus obras, están en la mano de Dios… ”. Eclesiastés 9:1.
Cristo dijo esta poderosa afirmación…
“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano”. Juan 10:27, 28.
Si tenemos tan bellas promesas de seguridad…
¿Por qué, dudamos en muchas circunstancias?
¿Por qué no podemos resistir las tentaciones y los desánimos?
Cristo está con nosotros -no hay nada que temer.
Así nos ministra la palabra de Dios…
“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”. Romanos 8:28.
Si continúas leyendo los versos restantes en el capítulo 8 de Romanos, podrás ver que en esta vida tendremos luchas, pruebas y grandes dificultades -algo que Cristo mismo le había advertido a sus discípulos en Juan 16:33.
Es posible que hasta el mismo infierno nos levante guerra.
En este mundo sufriremos, derramaremos lágrimas y experimentaremos muchos dolores -pero todo obra con un mismo propósito… nuestro bien.
Si en verdad amamos al Señor, guardamos su palabra y permaneceremos en su mano poderosa.
Podemos confiar en su bella promesa…
“… que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo”. Filipenses 1:6.
Aunque sea doloroso, debemos estar dispuestos a permanecer en las manos del alfarero.
Y aunque hoy no podamos comprender el “por qué” de tantas cosas, debemos permanecer firmes a esa promesa de amor y de lealtad que le hicimos al Señor.
Aunque no sepamos lo que el futuro nos trae -debemos estar seguros que el que dirige nuestras vidas es aquel que se llama el camino, la verdad y la vida (Juan14:6).
Hoy te quiero animar a que sigas en las manos tiernas y amorosas del Señor.
En ninguna parte de la Biblia hay garantías para una vida libre de problemas y sufrimientos, pero se nos ha dado la garantía de que Cristo estará con nosotros hasta el fin.
Con Cristo y sin Cristo, siempre habrá problemas y tropiezos.
Yo he decidido permanecer en las manos del alfarero, aunque sea doloroso.
Deja que el Señor haga en tu vida su perfecta voluntad.
El proceso puede ser doloroso, pero ciertamente trae frutos de vida eterna y abundancia espiritual.
Amén.
Dios Te Bendiga.









