“Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas. Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones. Y sobrevino temor a toda persona; y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles. Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno. Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos”. Hechos 2:41-47.
Todos los períodos de avivamiento en la historia de la iglesia han provocado la restauración de antiguas verdades, principios que eran realidades fundamentales para los primeros discípulos de Cristo, pero que en el transcurso del tiempo, fueron ahogadas por diversas razones (pecado, mundo, religiosidad).
Cuando miramos las vidas de Lutero, Wesley, Finney, Moody y tantos otros líderes de avivamientos, encontramos una y otra vez la misma historia… la necesidad de volver a las fuentes de la fe.
Y hoy más que nunca es imprescindible que sea restaurada la esencia de la iglesia primitiva, no las formas, sus principios, no sus estructuras.
De lo contrario, sería como pretender que en México cosecháramos las mismas bananas del Ecuador… aunque tuviéramos las semillas correctas.
¡Necesitamos también su clima, sol, temperatura, humedad!
Es por eso que al leer el libro de los Hechos de los apóstoles, se nos revela el Génesis de la iglesia, allí encontramos un modelo original, una comunidad de fe en su estado virgen.
Y si bien es muy probable que aquellos primeros cristianos hayan cometido errores, también tenían muchísimas virtudes dignas de imitar.
¿Cuáles eran las principales características de la iglesia de Jerusalén?
1. Temerosa de Dios.
“Y sobrevino temor a toda persona… ”. Hechos 2:43.
Este temor no se refiere al terror y espanto hacia un Dios sin misericordia, vengativo.
Más bien nos habla de respeto y honra hacia su santidad y autoridad.
Adorarle y servirle no era un juego, era imprescindible una genuina consagración.
La congregación de creyentes en Jerusalén era una comunidad santa.
Es una sensación de asombro y admiración por ver la grandeza de Dios en acción.
El sentimiento de cuán pequeño soy yo y cuán grande es él, cuán santo es nuestro rey y cuán impuros somos nosotros, quedaría más evidente con lo sucedido con Ananías y Safira.
La iglesia primitiva tenía una profunda conciencia de que el Señor no había establecido un nuevo sistema religioso hipócrita.
¡Dios mismo estaba llenando con su presencia las vidas y esto infundía temor santo!
2. Sobrenatural.
“… y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles”. Hechos 2:43.
Los primeros cristianos estaban familiarizados con el poder de Dios en acción, sanidades, prodigios y milagros de todo tipo se manifestaban en esta congregación.
En otras palabras… lo sobrenatural era algo normal para ellos, todos los dones sobrenaturales estaban activos en la tierra, por medio del cuerpo de Cristo.
Algunos años más adelante, el apóstol Pablo escribiría…
“… el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder”. 1 Corintios 4:20.
Y la iglesia de Jerusalén demostraba que ellos eran canales para que el Cristo resucitado, a quienes ellos proclamaban como Señor, verdaderamente estaba vivo y las señales confirmaban esta proclamación.
3. Familiar.
“… estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno”. Hechos 2:44, 45.
Los primeros discípulos vivían el amor de Dios (ágape) de tal manera que, aquella primera congregación era una verdadera familia solidaria, generosa, cubriendo las necesidades de manera práctica.
La fe cristiana no puede vivirse plenamente desde el aislamiento, la salvación se alcanza mediante una decisión personal, pero la vida del reino es comunitaria.
Sin una mentalidad y una visión comunitaria, la iglesia se convierte en un club.
4. Perseverante.
“Y perseverando… ’. Hechos 2:46.
Perseverancia es una de las principales virtudes que todo cristiano necesita incorporar y desarrollar.
Perseverar es la capacidad de tener constancia, permanencia, darle continuidad a lo que hemos iniciado, cada día, todos los días…
Los primeros discípulos perseveraban en… recibir la enseñanza apostólica, compartir la comunión fraternal, celebrar la cena del Señor, la oración.
Esta perseverancia de la iglesia de Jerusalén, llevó a que el mandato de Jesús -hacer discípulos para el reino- tuviera una asombrosa multiplicación.
5. Unida.
“… unánimes…”. Hechos 2:46.
Es importante resaltar que todas las virtudes que mencione hasta aquí, se desarrollaban en un marco de unidad.
La iglesia primitiva era una… un mismo espíritu, una misma visión, un mismo propósito, un mismo sentir.
¡Hay verdadera gloria en la unidad!
Debemos aprender a cultivar y proteger la unidad, en medio de la diversidad.
Esto es lo maravilloso (y desafiante) de formar parte del cuerpo de Cristo, aunque no somos todos iguales, en Cristo somos uno.
No una ensalada rusa, sino más bien un puré de papas.
Guardar la unidad implica cultivar el amor, la paciencia, la sinceridad y la humildad.
Y cuando el pueblo del Señor está verdaderamente unido, es muy difícil que el diablo pueda ganar ventajas sobre el avance del reino.
6. Dinámica.
“… cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas… ”. Hechos 2:46.
Aquella primera comunidad cristiana estaba en continuo movimiento y su accionar no se ataba a una estructura, lugar o forma rígida.
Usaban el templo para la gran reunión y usaban los hogares para los pequeños grupos, un culto central para adorar todos juntos y muchos círculos íntimos de oración, comunión, evangelismo y adoctrinamiento.
No debemos auto-limitarnos… donde Dios abra puertas, allí debemos ver una oportunidad para predicar y formar discípulos.
Sea en el templo, sea por las casas, sea en las plazas, sea en los colegios…
¡El avivamiento que viene no quedará encerrado en un templo!
¡Destruyamos el templo religioso y llevemos la presencia de Dios a todo lugar!
7. Alegre.
“… con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios… ”. Hechos 2:46, 47.
Si la verdadera alegría para vivir no la vemos en la iglesia de Cristo.
¿Dónde la vamos a encontrar?
Aquellos primeros cristianos tendrían tantos o mayores problemas que nosotros, pero se caracterizaban por ser una comunidad feliz, vivían con sencillez, sus corazones mantenían la dicha de ser hijos de Dios por encima de todo motivo de tristeza.
Ellos se alegraban en la alabanza al Señor y así se fortalecían contra la oposición del enemigo.
¡Dios establece su gloria entre la alabanza de su pueblo!
La iglesia del siglo XXI debe aprender a quejarse menos y alabar más, hacer a un lado el lamento y la depresión y abrazarse a la gratitud y el regocijo del Espíritu Santo.
8. Impactante en la sociedad.
“… y teniendo favor con todo el pueblo…”. Hechos 2:47.
La iglesia de Jerusalén no pasaba desapercibida en la ciudad, ellos disfrutaban de la estimación general del pueblo.
No estaban aislados, ni eran considerados una secta cerrada en sí misma.
Todos conocían quiénes eran ellos y los admiraban.
Tener favor con el pueblo es una posición que se gana por medio de… testimonio de integridad, servicio a la ciudad, vivir el evangelio, respaldo del cielo.
Ese favor nos permite ser escuchados, atendidos y respetados, aunque no todos estén de acuerdo con nuestra fe, ni siquiera comprendan todo lo que implica ser cristianos comprometidos.
9. Multiplicadora.
“… Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos”. Hechos 2:47.
Desde el mismo día de Pentecostés, aquel grupo básico de 120 discípulos comenzó a experimentar un crecimiento constante y ese crecimiento fue en calidad y cantidad.
En los primeros 6 capítulos del libro de los Hechos, Lucas intenta describir el crecimiento de la iglesia utilizando palabras y expresiones como éstas… se añadieron aquel día como tres mil personas (Hechos 2:41), muchos de los que habían oído la palabra, creyeron (Hechos 4:4), la multitud de los que habían creído (Hechos 4:32), los que creían en el Señor aumentaban más, gran número (Hechos 5:14), la multitud de los discípulos (Hechos 6:2), crecía la palabra del Señor y el número de los discípulos se multiplicaba grandemente en Jerusalén (Hechos 6:7).
Observemos que los primeros cristianos no crecían lentamente y por sumatoria, crecían con rapidez y multiplicación.
¡Ése es un principio fundamental de cómo funciona un organismo con células sanas y fuertes!
Éstos deben ser nuestros verbos favoritos… crecer, aumentar, sumar, multiplicar, avanzar, conquistar, poseer, expandir…
Pero al observar este conjunto de virtudes tan maravillosas, cabe preguntarnos…
¿Cuál era el secreto?
¿Cómo lograban los discípulos mantener esta calidad de vida?
¿Dónde estaba la clave que permitía sostener y acrecentar a esta comunidad?
Para responder a esto, debemos concluir indefectiblemente en la virtud.
10. Una estrecha comunión con el Espíritu Santo.
Al recorrer los 28 capítulos de los Hechos de los apóstoles nos encontramos con más de 50 referencias a la persona del Espíritu Santo de Dios.
Esto es más que una estadística teológica… refleja el protagonismo central del Espíritu Santo en la vida de la iglesia primitiva, siendo el pastor y maestro principal.
Obviamente, al ser reconocido y honrado como tal, no es difícil de entender porque aquella comunidad creció tanto, en calidad y cantidad.
Y aunque se destacan los nombres de algunos apóstoles, líderes y discípulos fieles, el registro de los Hechos dirige nuestra mirada hacia la tercera persona de la trinidad…
“… seréis bautizados con el Espíritu Santo… ”. Hechos 1:5.
“… recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo… ”. Hechos 1:8.
“Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas... ”. Hechos 2:4.
“… el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo… ”. Hechos 4:31.
“… el Espíritu del Señor arrebató a Felipe… ”. Hechos 8:39.
“Entonces las iglesias… eran edificadas… y se acrecentaban fortalecidas por el Espíritu Santo”. Hechos 9:31.
“… el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso”. Hechos 10:44.
“… dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo… ”. Hechos 13:2.
“… ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros… ”. Hechos 15:28.
“… les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra”. Hechos 16:6.
¡Y mucho más!
Para finalizar…
La restauración de los principios de aquella iglesia-modelo puede ser una realidad, siempre y cuando nos dispongamos abiertamente a la obra que el Espíritu Santo quiere hacer en estos días.
Volver al Espíritu Santo con arrepentimiento y una genuina sed de él, abrirá las puertas para un tiempo de refrigerio para nuestras vidas y congregaciones.
Sólo una genuina comunión con el Espíritu Santo puede hacer fructificar todas estas virtudes que tenían los primeros discípulos.
Recordemos… la salud integral de una persona depende de la suma de salud de todas sus partes.
De igual manera, la calidad de vida de una iglesia, se compone de la vida abundante que experimentan cada uno de sus miembros.
Si en verdad queremos formar una congregación que sea… temerosa de Dios, sobrenatural, familiar, perseverante, unida, dinámica, alegre, impactante, multiplicadora.
Debemos restaurar y cultivar una amistad íntima con el Espíritu Santo.
El fundamento del éxito de la iglesia primitiva no reposaba sobre “métodos” humanos sino en “principios” divinos.
Que los cristianos del siglo XXI procuremos la restauración de aquellas virtudes de los primeros discípulos del Señor.
“Dijo Jehová a Samuel: ¿Hasta cuándo llorarás a Saúl, habiéndolo yo desechado para que no reine sobre Israel? Llena tu cuerno de aceite, y ven, te enviaré a Isaí de Belén, porque de sus hijos me he provisto de rey”. 1 Samuel 16:1.
Deja de llorar por tu Saúl… los fracasos del ayer, lo que un día fue ya no es, lo que ya quedó desechado…
Llena tu vida del aceite… la presencia del Espíritu Santo, una unción fresca, nuevas experiencias de comunión con él…
Camina hacia belén… hay una misión por delante, no te detengas, avanza hacia el propósito de tu vida…
Amén.
Dios Te Bendiga.