31 agosto 2009

Por lo cual, animaos unos a otros… ©

“Por lo cual, animaos unos a otros, y edificaos unos a otros, así como lo hacéis”. 1 Tesalonicenses 5:11.

El llamado primario de Jesús a sus discípulos se ve en sus palabras…

“Venid a mí… ”. Mateo 11:28.

“… Venid en pos de mí… ”. Mateo 4:19.

Marcos registra…

“Y estableció a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar, y que tuviesen autoridad para sanar enfermedades y para echar fuera demonios”. Marcos 3:14, 15.

Observa que la relación de Jesús precedía su asignación a ellos.

El discipulado es una actividad personal intensa entre dos o más personas ayudando a cada persona envuelta a experimentar una relación creciente con Dios.

El discipulado es ser antes de hacer, madurar antes de ministrar, carácter antes de la profesión.

Cada cristiano, incluyéndote a ti, es un discípulo y uno que forma discípulo en el contexto de su relación cristiana.

Tienes el privilegio y también la responsabilidad de ser maestro y a la misma vez aprender de lo que significa estar en Cristo, caminar en el espíritu y vivir por fe.

Tú tienes la oportunidad de ayudar a tus hijos, a tus amigos y a otros creyentes a crecer en Cristo por tu cuidado y tu relación dedicada con ellos.

Igualmente, cada cristiano es a la misma vez un consejero y un aconsejado en el contexto de las relaciones cristianas.

Un buen consejero debe ser un buen discipulador y un buen discípulo debe ser un discipulador.

Bíblicamente, tienen el mismo rol.

Tu nivel de madurez puede dictarte que aconsejes de muchas formas.

Pero de vez en cuando tienes que buscar consejo superior de otros cristianos.

Siempre nos necesitaremos los unos a los otros.

Amén.

Dios Te Bendiga.

Y este es el testimonio… ©

“Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida”. 1 Juan 5:11, 12.

Cuando Dios respiró vida en Adán, estuvo vivo física y espiritual porque estaba en armonía con Dios.

Hemos sido diseñados para estar en unión con Dios, nunca para estar independiente de él.

Nacimos para ser vivos espiritualmente.

Para los cristianos, ser espiritualmente vivo es estar en unión con Dios.

Este concepto se repite varias veces en las escrituras por la frase preposicional en Cristo.

Ser en Cristo es el tema del Nuevo Testamento.

Como Adán fuimos creados para estar en unión con Dios.

Pero Adán pecó y su unión con Dios sufrió las consecuencias.

Es el plan eterno de Dios hacer retornar la creación humana a él y restaurar la unión que gozaba una vez con Adán en la creación, esa unión restaurada con Dios, la encontramos en Cristo, es la esencia de nuestra identidad.

Cuando naciste de nuevo, tu alma fue unida con Dios y tu llegaste a estar vivo espiritualmente, como Adán estaba en le jardín del Edén antes de pecar.

El Nuevo Testamento repetidamente declara, que estas en Cristo y que Cristo está en ti.

Ya que Cristo es eterno y está en ti, la vida espiritual que tú recibes de él es de origen eterno.

¡No tienes que esperar hasta que Cristo venga en su segunda venida para tenerla, puedes poseerla ahora!

Estaba recordando las palabras de Jesús a Marta…

“… Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?”. Juan 11:25, 26.

La palabra de Dios es clara.

Por Jesús, continuaremos viviendo espiritualmente aunque nuestra fe desaparezca.

¿Crees esto?

Amén.

Dios Te Bendiga.

30 agosto 2009

Contáctenos ©

Es necesario completar todos los campos...


Nombre
Email
Asunto
Mensaje
País
Verificacion de Imagen
Ingresa el Texto de la Imagen
[ Actualizar Imagen ] [ ]


29 agosto 2009

Mi justicia permanecerá perpetuamente… ©

“… mi justicia permanecerá perpetuamente, y mi salvación por siglos de siglos”. Isaías 51:8.

Cuando todo está perdido…

¿Cómo encontrar fuerzas para seguir adelante?

La justicia de Dios no se encuentra atada a las circunstancias de un momento o de un lugar en especial.

Aunque la avaricia de los seres humanos esclavice y destruya, nunca logrará un triunfo definitivo.

La presencia de Dios es al lado de los más indefensos, de quienes han sido despojados de todo.

Dios está allí, entre los despojados.

Su salvación va más allá del momento y es para todas las generaciones.

El reino de Dios que anhelamos es un reino que no está compuesto por las medidas de este mundo.

Es un reino de justicia, de paz, de alegría para todos.

Humanamente no podemos construir este reino, mas participando de la comunidad de fe somos renovados en la apertura a ese reino que viene hacia nosotros.

Celebrar la presencia de Cristo resucitado en la comunidad es una pequeña muestra que puede ser reproducida en nuestras vidas y por lo tanto puede afectar a quienes están a nuestro alrededor.

El reino de Dios viene a pesar nuestro, no depende de nuestros méritos, acepta nuestra disponibilidad.

La disponibilidad puede hacer la diferencia para muchas personas, ser precursores de una vida más digna para todas las personas, todas imágenes de Dios y por lo tanto, hermanas y hermanos.

Amén.

Dios Te Bendiga.

Ocozías hijo de Acab comenzó a reinar… ©

“Ocozías hijo de Acab comenzó a reinar sobre Israel en Samaria, el año diecisiete de Josafat rey de Judá; y reinó dos años sobre Israel. E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, y anduvo en el camino de su padre, y en el camino de su madre, y en el camino de Jeroboam hijo de Nabat, que hizo pecar a Israel”.1 Reyes 22:51, 52.

La escritura de hoy nos dice que el rey Ocozías hizo cosas que ofenden a Dios, al igual que su padre Acab, quien reinó antes que él.

La verdad es que son muchas las personas que sufren en la vida por seguir los pasos de sus padres.

Hay quienes crecen viendo a sus padres pelear todo el tiempo o sufriendo abusos verbales o emocionales y cuando crecen repiten las mismas conductas.

Pero eso no es lo que Dios espera de nosotros.

Él quiere que vivamos vidas responsables y rectas.

Como cristianos nos alegramos porque a través de la fe en la obra salvadora de Jesús somos una nueva creación.

Esa razón es más que suficiente para ser agradecidos y vivir nuestras vidas en forma honorable y humilde en servicio a nuestro Señor y Salvador.

Pedro entendía bien lo especial que es ser amado por Dios.

“Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable”. 1 Pedro 2:9.

Sigamos en los pasos de nuestro bendito salvador que está sentado a la diestra de Dios el Padre todopoderoso.

Amén.

Dios Te Bendiga.

28 agosto 2009

Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo… ©

“Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero”. 1 Pedro 1:3-5.

¡Ha resucitado!

¡Cristo ha conquistado la muerte!

A veces pienso que no estamos seguros de lo que esto realmente significa para nuestras vidas.

La mayoría de nosotros, sabiendo de la muerte y resurrección de Cristo, diremos que estamos perdonados y que pasaremos la eternidad con él.

Sin embargo…

Su resurrección significa mucho más.

Como dice Pedro, es una herencia incorruptible, incontaminada e inmarchitable.

Recibimos más que vida nueva y eterna.

Recibimos cuerpos nuevos y el privilegio de ser parte de una nueva creación.

En Cristo todo será restaurado y hecho nuevo.

¡Ésta es la promesa por la cual esperamos, pero también una promesa que tenemos ya ahora!

¡Éstas son buenas noticias!

Porque somos bautizados en Cristo, participamos en su muerte y resurrección.

Somos ahora una nueva creación.

Somos justos y participamos activamente en restaurar el reino de Dios sobre la tierra.

Así es el discipulado cristiano, lleva la palabra que restaura y la vida de Cristo a otros, para que también ellos puedan celebrar la resurrección de Cristo, no sólo en el futuro sino ahora.

Eres una nueva creación.

Vive tu nueva vida santa y comparte la luz de la resurrección del Señor con todos aquellos que tan desesperadamente necesitan de su amor y del nuestro.

Amén.

Dios Te Bendiga.

Y considerémonos unos a otros… ©

“Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras”. Hebreos 10:24.

En estos días donde parece que reinara el individualismo o el “sálvese quien pueda”, este texto nos llama a vivir la comunión de los hermanos.

No es una tarea fácil, ya que de alguna manera cada uno de nosotros estamos metidos en nuestros problemas, en nuestras cosas… falta de dinero, enfermedades, estudios, trabajo.

A lo largo de toda la epístola, en los Hebreos vamos encontrando sugerencias y consejos concretos para la vida comunitaria.

Como en todas las épocas, las primeras comunidades cristianas a las que va dirigida esta carta, estaban pasando por situaciones de conflicto en la comunidad misma, así como también por influencias que llegaban de afuera.

¿No es acaso lo que sucede en nuestras comunidades actuales?

¿De qué manera podemos ayudarnos como comunidad?

Creo que lo más importante para rescatar de este versículo es que debemos acercarnos a nuestro prójimo y dejar que otros se acerquen a nosotros.

Entregarnos sin restricciones, tal como somos.

Preocupándonos por la vida espiritual y práctica de aquellos que nos rodean.

¿Cuál es el mediador que propone el texto?

El amor... el amor es el que va a fortalecernos comunitariamente para que continuemos caminando en la fe.

Porque ese AMOR, amor con mayúscula, está fundado en la fe, en Jesucristo nuestro Señor, que nos llama a vivir la comunión de los hermanos.

Amén.

Dios Te Bendiga.

27 agosto 2009

Pues para esto fuisteis llamados… ©

“Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente”. 1 Pedro 2:23.

El apóstol hace referencia al comportamiento ejemplar de Cristo.

No hace aquí una valoración del sufrimiento como un bien en sí mismo como mérito por sacrificio (como se entendió muchas veces, lamentablemente, desde épocas remotas en el cristianismo).

El apóstol está acercándose a las primeras congregaciones con un mensaje de esperanza.

En caso de llegar a tener sufrimientos por nuestro compromiso con el evangelio, eso será bueno, es decir… es bueno comportarse como Cristo.

Un comportamiento que asumimos enteramente, sin que nos importe si llegamos a sufrir por ello.

Es importante tener en mente que lo primordial es nuestro proceder, “intentando” ser semejantes al Maestro.

La eficacia de nuestro testimonio no está en nuestras manos, sino en las del Espíritu Santo.

Pero sí está bajo nuestra decisión y responsabilidad “aceptar” testimoniar a Cristo y optar por su ejemplo.

Es claro también, que Jesús nos desafía a un comportamiento distinto a la mayoría.

No se trata ni de ser moralistas, ni pietistas, ni amantes de las obras, se trata de ser diferentes a lo que el mundo nos impulsa.

Se trata de ser santos.

Amén.

Dios Te Bendiga.

Porque si la sangre de los toros… ©

“Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra rociadas a los inmundos, santifican para la purificación de la carne, ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?”. Hebreos 9:13, 14.

En nuestra búsqueda de Dios, el tabernáculo tiene un gran simbolismo.

Una vez al año el sumo sacerdote entraba al santísimo, para ofrecer una ofrenda delante de Dios… pidiendo perdón por los pecados del pueblo.

Ya nuestro sumo sacerdote, Jesús, ofreció un sacrificio perfecto.

Por su sangre podemos entrar para llegar a su lugar santísimo.

Ahora, todos los días podemos entrar al lugar santísimo, por medio de la sangre de Jesús.

Todos aquellos que aceptan a Jesucristo como redentor, acceden a la esfera más íntima ofrecida por Dios.

Ya no se necesitan más obras legalistas, preceptos incomprensibles, sacrificios inseguros, procesiones agotadoras o ayunos impuestos.

La religión no reemplaza el Santo Espíritu de Dios.

Practicar una religión, queriendo cumplir todos y los más detallados preceptos, no me acercará más a Dios y mucho menos, me exhibirá mejor ante los demás que no lo hacen.

Hay que saber que las únicas obras buenas y aceptables a Dios, son aquellas que surgen de un corazón agradecido, fruto de una entrega genuina a él.

Es imposible aceptar que sólo por pertenecer a una iglesia, de forma tradicional o por costumbre, signifique que soy verdaderamente cristiano.

El cristianismo no tiene que ver con leyes o preceptos de las instituciones.

Sí tiene que ver con santidad, pero esa santidad será el fruto de una nueva relación con Dios.

Amén.

Dios Te Bendiga.

26 agosto 2009

Porque serás testigo suyo a todos los hombres… ©

“Porque serás testigo suyo a todos los hombres, de lo que has visto y oído”. Hechos 22:15.

La conversión a Cristo significó para Pablo un cambio profundo en su vida, pero no un cambio con Dios.

Pablo continuó fiel a Dios y fiel al pueblo.

Haciéndose cristiano no dejó de ser judío.

Fue el querer ser fiel a las esperanzas de su pueblo y a las promesas de su Dios lo que lo llevó a aceptar a Jesús como el Mesías y el Señor.

Reconoció en Jesús el sí de Dios a las promesas hechas a su pueblo en el pasado.

La conversión de Pablo nos enseña muchas cosas.

La fidelidad al evangelio debe llevarnos a una mayor fidelidad con el pueblo “Dios habla en los acontecimientos de la historia” y a reconocer sus señales, así como a permanecer en un proceso comunitario de conversión.

Reconocer nuestra debilidad y dejar el espacio a la acción de Dios es una buena invitación para cada uno hoy.

Qué bueno es poder hacer memoria de la experiencia fundante de nuestra vocación, la misión, en ella podemos renovar la energía del resucitado que nos alcanzó y nos reorientó a un nuevo sentido de la vida.

Nuestra fidelidad sólo será dinámica si nos encaminamos en un proceso continuo de conversión.

Amén.

Dios Te Bendiga.

Pero una mujer que desde hacía doce años… ©

“Pero una mujer que desde hacía doce años padecía de flujo de sangre, y había sufrido mucho de muchos médicos, y gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor, cuando oyó hablar de Jesús, vino por detrás entre la multitud, y tocó su manto. Porque decía: Si tocare tan solamente su manto, seré salva”. Marcos 5:27, 28.

¡Cuánta fe y esperanza provocó Jesús en esta mujer del relato!

Desde hacía doce años estaba enferma con derrames de sangre, había sufrido mucho todo ese tiempo por su dolencia y por lo que la misma implicaba desde lo legal en aquel tiempo… entonces las mujeres en los períodos de pérdida de sangre eran consideradas impuras y durante ese tiempo no podían salir, ni participar de la vida social y religiosa, es más, todas las cosas y objetos que pudieran tocar, se consideraba que también quedaban impuros.

¡Vemos entonces que de acuerdo con la ley, esta mujer no podría de ninguna manera haber salido de su casa, haberse metido en la multitud y menos aun haber llegado hasta donde estaba Jesús y tocarle la ropa!

Sin embargo…

Más allá de la fuerza de la ley, Jesús inspiró en la mujer la fuerza necesaria para que ella se levantara, saliera de su lugar transgrediendo lo que le era permitido y buscara, hasta encontrarlo, a quien podía ayudarla definitivamente a salir de su dolor, de su marginación, de su aislamiento.

Jesús, lejos de condenarla por su actitud, escucha su historia y la sana.

Una vez más, Jesús valora y fortalece la fe y el coraje para vivir en libertad, ese coraje que ayuda a salir del encierro, de la desvalorización y tener fuerzas para buscar lo nuevo que libera.

¡Cuántos encierros, cuánta desvalorización, cuántas víctimas y resignación provocan las reglas de juego de la sociedad de nuestros días en mujeres y varones!

¡Y cuánta dignidad nos ofrece Jesús para que nos atrevamos a levantarnos, a buscarlo y crecer en la fe y el coraje de vivir de una manera nueva, una vida nueva!

¿Podremos levantarnos, superar los encierros y las leyes que nos imponen o nos imponemos y salir al encuentro de Jesús?

Sin duda que sí, porque nuestras vidas son un regalo de Dios que debemos y necesitamos vivir con plenitud y dignidad y él quiere acompañarnos para que así sea.

Amén.

Dios Te Bendiga.

25 agosto 2009

Entonces dijo Pablo… ©

“Entonces dijo Pablo: Yo de cierto soy hombre judío de Tarso, ciudadano de una ciudad no insignificante de Cilicia; pero te ruego que me permitas hablar al pueblo”. Hechos 21:39.

Pablo está en la recta final de su misión, sabe que ir a Jerusalén implicará para él las consecuencias que vivió Jesús de Nazaret.

En su camino ha probado los sinsabores, el rechazo, la persecución, por los pueblos que fue pasando.

A la vez, el gozo del anuncio, la creación y animación de nuevas comunidades que adhieren “con el corazón y la práctica” a aquél que ha alcanzado a Pablo en su carrera de la fe.

Pablo dice con su vida lo que expresó con sus palabras…

- ¡Ay de mí si no anunciare el evangelio! (1 Corintios 9:16)

Como ha recibido formación como judío, sabe la tensión que implica el rechazo.

Desde su conversión él vive la experiencia de quebrar con la ley judaica.

Desaprende todo lo aprendido y experimenta el amor gratuito de Dios, que va a orientar su vida también en las crisis, dificultades y sufrimientos que le vendrán.

El encuentro con Cristo lo llena de una energía que anima el sentido de su vida y su misión.

Podemos desde nuestra vocación, misión y servicio dejarnos tocar por la experiencia de Pablo y preguntarnos…

¿Qué necesitamos desaprender y volver a aprender en el sentido de la vida y la misión?

¿Quiénes son los hermanos que nos ayudan hoy a descubrir un nuevo sentido comunitario para nuestra misión?

Amén.

Dios Te Bendiga.

Acerquémonos, pues, confiadamente… ©

“Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro”. Hebreos 4:16.

Pasar por situaciones o momentos de necesidad, de aflicción, de sufrimiento, parece ser algo inevitable.

Es parte de la vida.

Hasta podríamos decir que esas situaciones son las que nos hacen valorar la vida.

Una enfermedad, un accidente, perder el empleo o no encontrarlo, estar en situaciones de dependencia al alcohol o drogas, pueden de pronto constituirse en el punto de partida para una nueva manera de entender la vida.

No es extraño encontrar personas que han atravesado diversos momentos difíciles y en ellos han encontrado un sentido para vivir, aunque muchas veces teniendo que hacerlo con secuelas o discapacidades.

Sin embargo…

Es también maravilloso comprobar cómo las personas que han cultivado una relación de fe y confianza en Dios, están mejor preparadas para afrontar estas situaciones adversas.

Quizás seas ejemplo de esto, o te hayas asombrado al ver cómo esta comunión con Dios es fundamental para afrontar con confianza y entereza los momentos duros de la vida.

Precisamente el texto de hoy nos invita a acercarnos a Dios, a su amor, su misericordia y su bondad.

¿Cuándo?

Hoy.

No espere a estar en problemas para pensar en Dios y cultivar una estrecha relación con él.

Ahora es el momento.

Amén.

Dios Te Bendiga.

24 agosto 2009

Y tomando la mano de la niña, le dijo… ©

“Y tomando la mano de la niña, le dijo: Talita cumi; que traducido es: Niña, a ti te digo, levántate. Y luego la niña se levantó y andaba, pues tenía doce años. Y se espantaron grandemente”. Marcos 5:41, 42.

Jesús y Jairo ya estaban llegando a la casa de éste cuando muchos salieron al encuentro de ambos para decirles que no valía la pena hacer nada más… la niña había muerto.

Entonces Jesús, dirigiéndose a ese padre que había ido hasta la orilla del lago a esperarlo y pedirle que pusiera sus manos sobre su hija, le dice…

“… No temas, cree solamente”. Marcos 5:36.

Estas palabras que provocaron risas y comentarios de mucha gente.

Ya en la casa, Jesús llegó hasta donde estaba la niña.

La tomó de la mano y le dijo…

“… Niña, a ti te digo, levántate”. Marcos 5:41.

La niña se incorporó y comenzó a andar.

Mucha admiración causó esto entre quienes allí estaban.

Una vez más la fe se instala como el motor, la fuerza que dinamiza toda la historia.

La fe que mueve a Jairo a buscar en Jesús respuesta a su dolor.

La fe que no hace dudar a Jairo a pesar del escepticismo de la gente que lo rodea.

La fe que da fuerzas a la niña para dar el paso que Jesús le pide…

- ¡Levántate!

La fe que la hace andar y por fin... provoca admiración en todos.

Un texto que nos habla y nos invita también a nosotros a esa fe.

No a la fe pasiva, conformista, sino a la fe viva que pone en marcha, que sale a buscar a Jesús, que deja que él nos tome de la mano y nos haga protagonistas.

Una fe que compromete, que pide voluntad y ganas.

Una fe que nos impulsa a llevar a Jesús hasta aquellos que necesitan levantarse de tantas muertes que hoy aplastan y dominan.

Que podamos aceptar la invitación y vivir plenamente la oportunidad de la fe.

Amén.

Dios Te Bendiga.

Y los que habían sido atormentados… ©

“y los que habían sido atormentados de espíritus inmundos eran sanados”. Lucas 6:18.

Qué lindo es cuando se puede estar contento y esa alegría dura.

A muchos de los que se acercaban a Jesús les pasaba esto.

Otros, por el contrario, cosechaban lamentos.

Hay mucha gente que busca paz, amistad, salud, trabajo y no los encuentra, otros sólo buscan un poco de religión para que les aquiete la conciencia, porque de lo otro ya tienen.

Otros, buscando, se entusiasman con los atajos, el personaje de moda, la película más divertida, la amistad más conveniente o el trabajo más fácil.

Para los que están esperando algo que les cambie la vida, hay esperanza de que esto no continúe eternamente.

Si no es aquí y ahora podrá ser mañana y seguro que alguna vez el dolor y la falta de respuesta se verán resueltos, pues los criterios y pensamientos de Dios triunfarán si confiamos en él.

La gente que se acercaba a Jesús quería oírle y sanarse.

Muchos sólo queremos lo segundo y ni siquiera tenemos tanta fe como para creer que tocándolo nos sanará.

Sólo quedará satisfecho aquél que oye y cree y tal vez no suceda tan sólo por oír y creer que se hará posible una vida plena… casi siempre implica una cuota de lucha y sufrimiento.

Muchos que parecen no sufrir y que no les falta nada…

Sin embargo…

Puede que lloren alguna vez.

La esperanza tuya y mía…

¿Está puesta en la palabra de Dios?

¿Creemos que Dios está de nuestro lado y que vale la pena confiar en él?

Amén.

Dios Te Bendiga.

22 agosto 2009

Y el hombre de quien habían salido los demonios… ©

“Y el hombre de quien habían salido los demonios le rogaba que le dejase estar con él; pero Jesús le despidió, diciendo: Vuélvete a tu casa, y cuenta cuán grandes cosas ha hecho Dios contigo. Y él se fue, publicando por toda la ciudad cuán grandes cosas había hecho Jesús con él”. Lucas 8:38, 39.

Aquel hombre sanado por Jesús se convirtió en un testigo, en un comunicador de la buena noticia.

Y lo único que contó a todo el pueblo fue, ni más ni menos, lo que Dios por medio de Jesucristo había hecho por él y en él.

Es eso lo que Dios nos encomienda también a nosotros.

No es necesario que seamos grandes teólogos con extraordinarios conocimientos bíblicos o técnicas de persuasión, sino que tan sólo, compartamos con todas las personas a nuestro alcance lo que Dios en su misericordia ha obrado en nosotros.

Si hemos hecho la experiencia de ser salvados y perdonados por Dios.

Si Dios ha hecho un milagro en nuestra vida, no podremos permanecer callados.

El deseo de compartirlo para que otros también puedan llegar a la fe, será más fuerte.

A veces tenemos miedo de hacer el ridículo, tenemos vergüenza de hablar de nuestra fe.

Creemos que necesitamos una capacitación especial para trabajar para el reino de Dios.

Sin embargo…

Jesús solamente le pidió al hombre sanado que contara lo que Dios había hecho por él.

Cada creyente tiene el privilegio y la responsabilidad de dar testimonio a los demás del amor de Dios, para que también otros lo conozcan, lo acepten como el Señor de sus vidas y sean salvos.

No tengamos miedo de compartir nuestra fe con otras personas, invitándolas a conocer a Jesús y a creer en él.

Pensemos hoy en alguna persona a quien podamos llenar de alegría con nuestra presencia y con nuestro testimonio.

Amén.

Dios Te Bendiga.

21 agosto 2009

Ni tampoco se echa vino nuevo… ©

“Ni tampoco se echa vino nuevo en cueros viejos, porque el vino nuevo hace que se revienten los cueros, y tanto el vino como los cueros se pierden. Por eso hay que echar el vino nuevo en cueros nuevos”. Lucas 5:37, 38 DHH

Los fariseos y los maestros de la ley vivían en un mundo inflexible y previsible.

Un mundo viejo.

Un mundo sujeto a la voluntad de un Dios lejano y sublime.

Un mundo encerrado por leyes estrictas, acerca de lo que se podía y lo que no se debía.

Nada nuevo.

Ninguna excepción.

Ninguna sorpresa.

Todo explicado de antemano.

Acá estás tú, allá tu prójimo, más allá tu enemigo.

Tu Dios, en un lugar en el cielo.

Un momento para el amor y otro para el odio.

Un momento para nacer y otro para morir.

Así era y así continuaría siendo.

También nuestro propio mundo es así cuando decimos…

- Y bueno, así es la vida.

- Si Dios lo dispone así...

O nos construimos un pequeño mundo a medida donde basta con que estemos nosotros, en el que nos hacemos inmunes y no nos damos por aludidos ante los ataques y las demandas que vienen de afuera.

Y cuando es así no necesitamos a Jesús.

Pero…

¿Qué pasa con los que se quedan solos con sus preocupaciones, sus pérdidas y sus heridas, ya sea porque no experimentan otra cosa que la voluntad lejana e inmutable de Dios, o porque en ese mundo a medida en que creían haberse refugiado no cabía la posibilidad de que sucediera algo malo?

Ellos necesitan que Jesús les ofrezca tener un nuevo comienzo, dejar de ser manejados por el pasado y enfocar sus miradas hacia el futuro en el que todo está abierto e irresuelto.

Son los cueros nuevos que pueden recibir el vino nuevo.

¿Y tú?

Amén.

Dios Te Bendiga.

20 agosto 2009

Los hombres vinieron a él… ©

“… los hombres vinieron a él, dijeron: Juan el Bautista nos ha enviado a ti, para preguntarte: ¿Eres tú el que había de venir, o esperaremos a otro?... Y respondiendo Jesús, les dijo: Id, haced saber a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio; y bienaventurado es aquel que no halle tropiezo en mí”. Lucas 7:20-23.

Ante la pregunta, Jesús responde con la acción.

Quienes son testigos de esta acción se convencen.

Jesús no tiene que demostrar nada, sólo sigue haciendo lo que estaba haciendo, con plena autoridad… enseña, sana, escucha y atiende.

Nadie que haya recurrido a él fue el mismo después del encuentro.

Aquí está hoy, golpeando a tu puerta para darte una vida nueva, no para luego caminar entre rosas, sino que, aunque por sendas muy espinosas, nunca más estés solo.

Él es tu mejor amigo, tu hermano y tu Señor.

¿Cómo se te presenta el día de hoy?

¿Complicado?

Buena ocasión para invitar a Jesús a que te lleve de la mano, te abra las puertas y te allane el camino.

Y si hoy el día viene tranquilo, también es buena ocasión para dedicarlo a alimentar la fe buscando su encuentro.

¿Poco que hacer hoy?

No lo creas, seguro hay alguien que está esperando un llamado, una visita.

Y compartir es otra hermosa manera de alimentar la fe.

Él es el que había de venir y el que volverá.

Dichosos de nosotros si podemos seguir alimentando nuestra fe cada día.

Amén.

Dios Te Bendiga.

19 agosto 2009

Amad a vuestros enemigos… ©

“… Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen; bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian”. Lucas 6:27, 28.

Una regla de oro en la convivencia humana, es la reciprocidad en el trato.

Jesús la amplía exigiendo a sus discípulos buscar el bien de los demás y amar a los enemigos.

Tratar bien a un adversario que actúa en forma injusta o deshonesta, respetarlo en su diversidad, aun si me resulta hostil.

¡Qué exigencia!

Cumplirla en la vida cotidiana resulta más que complejo, pero es necesario.

Una manera de amar a un enemigo es orar por él para que cambie y busque el encuentro en el ámbito fraterno que los valores del reino nos otorgan.

Amar al enemigo es realizable a través de gestos y acciones que procuren su bien y no el salirse de su camino.

Se trata de “decir bien” de quien “dice mal” de mí.

La exhortación a orar por los enemigos no debe ser el resultado de estrategias hábiles de educación, sino de una oración que lleva a la conversión del corazón.

“La bofetada” por partida doble, “el manto” que no hay que reclamar y el “préstamo” que hay que dejar pasar son ejemplos de ese amor concreto, para nada idealista o sentimental.

Frente a las agresiones e injusticias… aunque nos duelan.

Debemos esforzarnos por actuar de acuerdo a la lógica de la donación gratuita y sin límites en favor de los demás.

Dios hace salir el sol para todos.

Amén.

Dios Te Bendiga.

18 agosto 2009

Y Jesús volvió en el poder del Espíritu… ©

“Y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la tierra de alrededor. Y enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado por todos”. Lucas 4:14, 15.

Vencidas las tentaciones, lleno del Espíritu de Dios, con toda la disposición de llevar la buena nueva al mundo, Jesús se puso a trabajar.

Enseñaba, anunciaba el reino de Dios, curaba a los enfermos y en todos lados se lo escuchaba y se lo alababa.

Antes de emprender su ministerio fue preparado, fue puesto en condición, tuvo que ser encontrado digno de asumir semejante responsabilidad.

Sabía que no sería fácil.

Sabía que no en todos lados tendría la misma aceptación.

Conocía el riesgo que corría.

Pero habiendo podido vencer la tentación de creerse dueño de todo, habiéndose ubicado en su condición de Hijo de Dios y dispuesto a asumir la misión que Dios le encomendaba, pudo dar inicio al desafío de llevar al mundo el anuncio de aquel cambio tan esperado.

Quizás muchos de nosotros, por impacientes y ansiosos, pecamos en querer “quemar etapas”.

Una vez que nos propusimos algo, lo queremos ya, a pesar de que por ahí todavía nos falta pasar determinadas etapas previas.

Si no permito mi propio proceso de aprendizaje, no puedo enseñar a otros.

Si no me dispongo a aceptar mi condición personal de criatura de Dios, frágil, humilde y falible, entonces no puedo transmitir con coherencia que debemos encomendarnos en las manos de quien nos acompaña desde el más allá.

Si pretendo saberlo todo antes de haberlo aprendido, nada podré alcanzar.

Jesús tuvo que ser preparado…

¿Por qué tantas veces creemos que nosotros no lo necesitamos?

A ti, Señor, te pedimos perdón en este momento por los pecados de acciones, palabras y pensamientos.

Amén.

Dios Te Bendiga.

17 agosto 2009

Y la gente se admiraba… ©

“Y la gente se admiraba de cómo les enseñaba, porque hablaba con plena autoridad”. Lucas 4:32 DHH

Una persona que habla con plena autoridad, es ante todo alguien que tiene algo para decir y que lo hace con el corazón en la mano, con franqueza y sinceridad.

Una persona que habla con plena autoridad es alguien consecuente, cuya vida guarda correspondencia con su fe y que no dice una cosa y hace otra.

No estamos acostumbrados a que nos hablen con plena autoridad quienes deberían hacerlo.

Y esto nos hace mucho daño.

Un ejemplo es el de los padres que por miedo a ser gigantescos y represores, en lugar de hablarles a sus hijos con plena autoridad, se retiran de la escena y los dejan solos, explicándoles que anhelan que se desarrollen en libertad.

Pero, de esta forma, sólo logran que los chicos crezcan en el vacío.

Otro ejemplo es el de los gobernantes, que en lugar de hablarnos con plena autoridad, nos mienten descaradamente y “compran” adhesiones con beneficios, impidiendo la construcción de un proyecto de vida en común que resguarde la libertad y al mismo tiempo estimule la participación de cada uno.

Jesús nos habla con plena autoridad.

Y aunque hoy accedemos a sus enseñanzas a través de las escrituras, nos admiramos tanto como quienes tuvieron la dicha de escucharlo personalmente.

Al ponernos bajo su autoridad no quedamos atados, sino que somos puestos en libertad, y los que deben hablar con plena autoridad adquieren valor para intentar hacerlo resueltamente y sin miedo.

Amén.

Dios Te Bendiga.

16 agosto 2009

Y llegado el día de reposo… ©

“Y llegado el día de reposo, comenzó a enseñar en la sinagoga; y muchos, oyéndole, se admiraban, y decían: ¿De dónde tiene éste estas cosas? ¿Y qué sabiduría es esta que le es dada, y estos milagros que por sus manos son hechos? ¿No es éste el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, de José, de Judas y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros sus hermanas? Y se escandalizaban de él”. Marcos 6:2, 3.

El contraste es claro y tan impactante que desarma al propio Jesús.

De un salto pasa de ser reconocido y buscado por multitudes a la indiferencia y burla de los suyos, de aquellos que lo vieron crecer desde chiquito.

Jesús comienza su ministerio y encuentra a poco de andar mucha gente que le sigue y lo busca con admiración e interés.

Encuentran autoridad en sus palabras y poder en sus hechos.

De pronto decide volver a su pueblo, a Nazaret.

¡Y, cómo no compartir su revelación a su gente, sus vecinos!

Parece lógico, pero no lo es y Jesús debe experimentarlo con toda dureza.

Se admiran, pero surgen un montón de interrogantes desautorizando su predica…

- ¿De donde salió éste?

-¿De qué se las da?

Si es uno de los nuestros, aquí está su familia.

En aquellos que más conocía y más amaba Jesús encuentra escepticismo, incredulidad, falta de fe, no tenían fe en él.

Entre otras cosas, este episodio revela cómo los prejuicios limitan e impiden que la fe se manifieste genuinamente.

Hoy los prejuicios los dirigimos hacia otros, hacia nosotros mismos y hacía el propio Jesús, cuando simplemente no creemos que una persona pueda cambiar o que nosotros mismos podamos ser transformados o que dudemos del poder de Jesús para convertir.

La fe implica aceptar y asumir riesgos, que superen nuestros prejuicios, aunque, ojo, esto no es seguir tras cualquier cosa o cualquier propuesta.

La fe tampoco necesita explicarlo todo, nos conecta con Dios y surge una nueva dimensión.

Amén.

Dios Te Bendiga.

15 agosto 2009

Y él fue por toda la región contigua al Jordán… ©

“Y él fue por toda la región contigua al Jordán, predicando el bautismo del arrepentimiento para perdón de pecados”. Lucas 3:3.

Cuando estamos por emprender un viaje, preparamos nuestras valijas.

Cuando hay una fiesta importante, nos empeñamos en tener todo preparado.

Cuando se avecina la fecha del parto, la familia se dispone para recibir al nuevo integrante.

Prepararnos para algo que nos parece importante moviliza energía, fantasía y capacidad de trabajo, más allá de impulsar sentimientos de alegría y emoción.

¿Por qué será que en las cosas que tienen que ver con Dios, con la bendición que él vuelca sobre nosotros, con el bautismo y con el perdón de los pecados, fácilmente pretendemos que todo se debe dar solo?

Como que, con el hecho de afirmar que la bendición de Dios no depende de nosotros, nos autolibramos de toda responsabilidad y dejamos que Dios lo haga todo solo.

Es más, nos enojamos cada vez que Dios no actúa como quisiéramos.

Si Juan exhorta a volverse a Dios y a bautizarse para que él perdone nuestros pecados, no está condicionando su bendición a nuestras acciones.

Pero sí está dejando en claro que debemos disponernos y preparar nuestro terreno para que Dios pueda actuar.

La bendición de Dios, si bien es un regalo incondicional, necesita que permitamos y posibilitemos su acción sobre nosotros.

Si le volvemos la espalda, si no queremos saber nada del mensaje de salvación de Jesucristo, si no estamos dispuestos a cambiar nuestra forma de vivir… Dios no nos obliga.

Amén.

Dios Te Bendiga.

14 agosto 2009

Porque cada árbol se conoce… ©

“Porque cada árbol se conoce por su fruto; pues no se cosechan higos de los espinos, ni de las zarzas se vendimian uvas”. Lucas 6:44.

Si tienes alguna duda sobre algo o sobre alguien, espera por sus resultados.

Se suele decir que el tiempo dirá y así es.

Hay árboles que son muy parecidos, pero a la hora de ofrecer sus frutos acreditan su distinción particular.

Los cristianos seremos reconocidos en nuestra vida social y comunitaria por el tipo de frutos que podamos traer y que por más que se intenta, no se pueden disimular.

Éstos serán resultados que surjan desde nuestro profundo ser.

Es un buen momento para analizar qué tipo de acciones y palabras, silencios y omisiones, estamos aportando para el día a día.

En cada temporada, luego de la caída de nuestra flor.

¿Cómo se ven nuestros frutos?

¿Sirven para algo?

¿Han madurado bien?

En nuestra existencia y en ciertos círculos, no se puede dejar de estar expectante acerca de lo que saldrá, que según el texto es bien “de adentro”.

Hay mucha tinta, papel y acciones que sólo hablan negativamente de los cristianos juntos o desparramados.

De líderes y comunidades religiosas, que aquí y allá se perfilan y es posible que sean “frutos” desabridos y descoloridos, más allá de los intentos por mostrar otra cosa.

Que Dios nos ayude a aportar a la vida frutos armónicos con la naturaleza del reino de Dios.

Amén.

Dios Te Bendiga.

13 agosto 2009

Pero Jesús dijo a Simón… ©

“… Pero Jesús dijo a Simón: No temas; desde ahora serás pescador de hombres”. Lucas 5:10.

Es común que antes de comenzar con una nueva tarea tengamos que rendir un examen.

Simón Pedro rindió su examen cuando Jesús le pidió que llevara la barca a la parte honda del lago y echara allí sus redes para pescar.

Y reprobó.

En lugar de meterse en la barca de inmediato con un “ahora mismo, Señor”, Simón Pedro le contestó…

“… Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado… ”. Lucas 5:5.

Es decir, pensó que no tenía sentido volver a echar las redes.

Pero como tampoco quiso ser descortés, accedió a intentarlo de nuevo, ya que tú lo mandas, voy a echar las redes.

Entonces Jesús le dio la lección más grande de su vida.

Le hizo recoger tanto pescado que las redes se rompían.

Y Simón Pedro se asustó tanto que sólo atinó a decir…

“… Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador”. Lucas 5:8.

Simón Pedro tenía razón.

Era un pecador y no mucho más que eso, si tenemos en cuenta lo que dice el Nuevo Testamento.

Y como Jesús estaba dotado de una especial penetración para conocer el carácter y la intimidad de las personas, no podemos decir que lo eligiera por error.

Al contrario.

Jesús vio que aquí teníamos una persona con tales y cuales fallas graves.

Y como era Jesús, agregó…

- A esta persona, por lo tanto, le encomendaré una tarea.

Simón Pedro siguió siendo siempre el mismo.

Pero su Maestro resultó ser lo suficientemente grande como para usarlo para construir su iglesia.

Y también nos usará a ti y a mí.

Amén.

Dios Te Bendiga.

12 agosto 2009

Pero el día comenzaba a declinar… ©

“Pero el día comenzaba a declinar; y acercándose los doce, le dijeron: Despide a la gente, para que vayan a las aldeas y campos de alrededor, y se alojen y encuentren alimentos; porque aquí estamos en lugar desierto. El les dijo: Dadles vosotros de comer… ”. Lucas 9:12, 13.

El hambre es uno de los grandes flagelos de la humanidad.

Mientras unos derrochan y mueren de exceso de comida, otros, la mayoría, sufren y mueren por desnutrición, escasez o falta total de alimentos.

Los cristianos con frecuencia actuamos como los discípulos.

Consideramos que el problema es de los otros.

A veces, de las víctimas mismas, “porque no quieren trabajar”, otras del gobierno o de los empresarios que no invierten lo suficiente para dar más trabajo a la gente.

En nuestras oraciones de intercesión nos acordamos de todas las personas que sufren, de los enfermos, de los que pasan hambre y de los que padecen toda clase de necesidades.

Pero Jesús dice…

“… Dadles vosotros de comer… ”. Lucas 9:13.

Muchos cristianos asumen el compromiso de conseguir alimentos, ropa y medicamentos para las personas de escasos recursos.

Él pone en nuestras manos la responsabilidad de ocuparnos de nuestro prójimo que sufre.

¿Sabias?

Amén.

Dios Te Bendiga.

11 agosto 2009

Nadie que enciende una luz la cubre… ©

“Nadie que enciende una luz la cubre con una vasija, ni la pone debajo de la cama, sino que la pone en un candelero para que los que entran vean la luz”. Lucas 8:16.

Si bien en la práctica no hacemos algo tan tonto como encender una lámpara y taparla, Jesús nos hace pensar en cuáles son nuestras actitudes al tener que dar testimonio de nuestra fe.

Cuando tenemos la oportunidad de hablar de él a otras personas o de actuar en su nombre, somos tímidos o cobardes.

En Mateo 5 a estas palabras de Jesús se les añade esta exhortación… procuren ustedes que su luz brille delante de la gente, para que, viendo el bien que ustedes hacen, todos alaben a su Padre que está en el cielo.

Constantemente somos tentados a esconder la luz de Cristo, a no diferenciarnos demasiado de los demás o a no decir abiertamente que no compartimos los criterios, pensamientos o actitudes.

Tenemos miedo a ser discriminados, criticados o tildados de anticuados o ingenuos.

Jesús fue muerto por ser diferente y no ocultarlo.

Así también nos encarga a nosotros que demos nuestro testimonio y que hagamos brillar su luz en medio de la sociedad, para que otros lo conozcan y acepten y puedan ser transformados en transmisores de su luz.

Amén.

Dios Te Bendiga.

10 agosto 2009

Mas a todos los que le recibieron… ©

“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”. Juan 1:12.

Llegar a ser hijos de Dios, esto casi nos asusta.

Nos suena a blasfemia, a un privilegio que no merecemos.

Un vistazo a nuestras vidas en seguida nos mostrará que de divinos no tenemos nada.

La convivencia en nuestras comunidades de fe, así como también en la sociedad en general, dista mucho de realizarse de acuerdo a lo que suponemos que Dios espera de sus hijos, aunque en principio hayamos recibido y creído a su enviado.

Y no faltaron seres humanos que se han abusado de una presunta filiación divina.

Pero la gracia de Dios es mucho más grande que nuestra lógica.

A pesar de nuestra infidelidad e incoherencia, el confía en nosotros y nos hace entrega de un importante anticipo, el privilegio de ser hijos suyos.

Esto, más que engreírnos y dominar a otros, nos compromete.

Toda nuestra vida en este tiempo será un proceso de aprendizaje, en el que día a día tendremos que ejercitarnos en el amor y la búsqueda de la verdad, en el servicio y en llevar la cruz, en procurar la justicia y la reconciliación.

Pero ser hijos de Dios también significa pertenecer a su familia, es compartir sus bienes, en primer lugar el amor y la comunión de Dios, es compartir el perdón y gozar de la reconciliación, es tener un hogar y gozar de su protección, es tener sustento y acompañamiento, un futuro de vida verdadera aun a través de toda muerte.

Vale la pena, estar bajo la patria potestad de Dios.

Amén.

Dios Te Bendiga.

08 agosto 2009

Jesús, lleno del Espíritu Santo… ©

“Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del río Jordán, y el Espíritu lo llevó al desierto. Allí estuvo cuarenta días, y el diablo lo puso a prueba… ”. Lucas 4:1, 2 DHH

Está de moda en nuestros tiempos hablar de “pruebas” que debemos pasar.

Cuando no encontramos explicación a las cosas que nos suceden, interpretamos que son pruebas que Dios nos pone para verificar nuestra fe.

Parece que el hecho de sentir el desafío de superar una prueba alivia el dolor de lo sufrido o quizás, de no poder aceptar que Dios permite semejante sufrimiento, queremos excusarlo de lo sucedido, aunque nos esté queriendo hacer un bien reivindicándonos por medio de nuestras fidelidades como buenas personas de fe.

Creo que las desgracias no son pruebas que Dios nos pone para probar nuestra fe.

Dios nos ama.

No quiere nuestro sufrimiento y bajo ningún concepto nos manda sufrir.

Dios nos conoce mejor que nosotros mismos.

Las desgracias son parte de este mundo en el que vivimos y no podemos hacer de cuenta que a él o a ella no le pueden tocar.

Si queremos hablar de tentaciones y si los evangelios relatan que Jesús fue puesto a prueba en el desierto, entonces nos referimos a aquella fuerza que desde bien dentro nuestro nos está queriendo hacer creer que el mundo y también nuestra propia vida, están en nuestras manos y que con buena voluntad todo lo podemos lograr.

Creo que vencer la tentación es ubicarnos en nuestra condición de creación de Dios y no pretender solucionar por nuestra cuenta las cosas profundas de la vida y la muerte.

Amén.

Dios Te Bendiga.

07 agosto 2009

He aquí mi siervo… ©

“He aquí mi siervo, yo le sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento; he puesto sobre él mi Espíritu; él traerá justicia a las naciones”. Isaías 42:1.

Si tuviésemos que responder a la pregunta sobre aquello que consideramos lo fundamental e innegociable del evangelio que Jesucristo trajo al mundo, cada uno, de acuerdo a su situación de vida y su entendimiento, encontraría una formulación diferente.

Se escucharían conceptos tales como amor, paz, perdón, libertad y dignidad.

Y sin lugar a duda no faltaría quien mencionara a la justicia, aquella justicia que vale para todas las naciones y que es precisamente el fundamento para una convivencia digna y saludable.

La justicia de la cual Isaías habla y Jesús transmitió, no tiene demasiado que ver con nuestras legislaciones civiles.

No se trata, en la justicia de Dios, de establecer parámetros de comportamiento y códigos de sanción para permitir una convivencia civil acorde a los parámetros “de turno”.

Se trata, más bien, de buscar la manera y de establecer una ética en la cual cada uno y cada una es respetada, aceptada y considerada de acuerdo a su individualidad, salvaguardando su dignidad y defendiendo sus derechos.

Es una justicia en la que no somos los seres humanos los que establecemos los parámetros, sino que es Dios en quien nos apoyamos y a quien le confiamos el derecho de decidir sobre lo que corresponde y lo que no.

Llevar justicia a todo el mundo significa concederle el mismo derecho a todos y todas, siempre considerando y teniendo en cuenta que mi derecho termina donde comienza el derecho del otro.

Ayúdanos, Señor, a construir entre todos una sociedad en la cual todos y todas podamos vivir sin que las diferencias de raza, credo, clase social o género nos perjudiquen.

Amén.

Dios Te Bendiga.

06 agosto 2009

Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento… ©

“Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no comencéis a decir dentro de vosotros mismos: Tenemos a Abraham por padre; porque os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras”. Lucas 3:8.

Volverse a Dios y disponerse para que su bendición pueda actuar sobre nosotros no es una cuestión ni de herencia ni de pertenencia social.

El mero hecho de haber nacido en una familia de fe o de ser miembro de una comunidad cristiana no garantiza nada.

Nuestra actitud de fe debe reflejarse en nuestras obras, en nuestro actuar frente al prójimo, al mundo y también a nosotros mismos.

No hay en esto receta que valga para todos.

Cada uno dentro de su entorno, de su realidad y de sus posibilidades debe descubrir cuál será su respuesta a este llamado a la coherencia.

El que tiene dos túnicas, dé al que no tiene, explica Juan el Bautista.

Nosotros deberíamos actualizar, el que conoce la verdad, que salga en defensa del que es acusado injustamente, el que sabe hacer, que comparta sus dones con los demás, el que puede colaborar, que lo haga.

A nadie se le pide lo imposible.

Nadie tiene que dar lo que no tiene o hacer lo que no puede.

Pero, dentro de lo que está a nuestro alcance, estamos llamados a extenderle nuestra mano a quienes nos necesitan.

Y si tomamos tan en serio este mandato como nos lo extiende Juan el Bautista, con muchísimo asombro vamos a descubrir que podemos mucho más de lo que creíamos.

Amén.

Dios Te Bendiga.

05 agosto 2009

Entonces, extendiendo él la mano… ©

“Entonces, extendiendo él la mano, le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante la lepra se fue de él”. Lucas 5:13.

Los leprosos debían llevar rasgada la ropa y descubierta la cabeza y con la cara semicubierta debían gritar…

- ¡Impuro!

- ¡Impuro!

Para asegurar que no se les acercara nadie.

Debían vivir solos, fuera de la ciudad y apartados de sus familias (Levítico 13).

Una y otra vez tenían que pasar además por la experiencia de ser blanco de las burlas, del desprecio, e incluso de las piedras arrojadas por quienes querían mantenerlos a una distancia aun mayor.

Estas personas actuaban sin ningún remordimiento de conciencia, total, en el libro del Deuteronomio estaba escrito que la lepra era un castigo de Dios por la desobediencia del propio leproso o de sus ascendientes (Deuteronomio 28:27).

Pero Jesús no trató de este modo al leproso, quien violando la ley se acercó a pedirle que lo curara.

Jesús lo trató como trataba a todo el mundo, escuchó lo que le pedía y lo tocó.

Sin guantes de goma, sin guardapolvo, sin cubre boca, sin temor de contagiarse.

Seguramente, era la primera vez en años que alguien tocaba con afecto a este enfermo.

No sé si ese gesto fue suficiente para curar al leproso o si Jesús tuvo que hacer algo más, pero sí sé que las caricias siempre producen beneficios saludables.

Para un enfermo, una caricia sin fingimiento es más eficaz que la mejor medicina y la negativa de una caricia no puede ser remediada con nada.

Amén.

Dios Te Bendiga.

04 agosto 2009

Habéis hecho cansar a Jehová… ©

“… En que decís: Cualquiera que hace mal agrada a Jehová… ”. Malaquías 2:17.

Una ilusión se define como… una percepción errada de la realidad.

Los magos dependen de ella para hacer trucos a su auditorio.

Sin embargo…

Algunas ilusiones pueden ser fatales.

Si yo persigo un espejismo en el desierto, pensando que es agua, podría morir de sed.

Las ilusiones más peligrosas son espirituales.

En la época de Malaquías, los hombres dejaron de ver la seriedad del pacto del matrimonio y se estaban divorciando de sus esposas sin una causa justa.

El pueblo de Dios dijo…

“… Cualquiera que hace mal agrada a Jehová, y en los tales se complace… ”. Malaquías 2:17.

No estaban viendo las cosas como las ve Dios.

Todos somos propensos a esta clase de autoengaño.

El pecado nubla nuestra capacidad de ver lo bueno y lo malo.

“Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?”. Jeremías 17:9.

Hay que vivir la realidad y no las ilusiones.

Y esto puede pasar en tiempos difíciles.

La adversidad y el dolor saben cómo hacer que nos deshagamos de la falsedad en nuestras vidas.

Entonces podemos llenar mejor el vacío con la verdad.

A medida que dependemos del Espíritu de Dios para que nos ayude a aprender y a obedecer las enseñanzas de la Biblia, las ilusiones se reemplazan con la verdad del amor y el perdón de Dios en Cristo.

Esa es la única realidad que de verdad satisface los más profundos anhelos de nuestro corazón y nos lleva a desear ser como él.

Para evitar que el error te arrastre, agárrate fuerte de la verdad.

Amén.

Dios Te Bendiga.

Entonces Jehová dijo a Moisés… ©

“Entonces Jehová dijo a Moisés: Sube a mí al monte, y espera allá, y te daré tablas de piedra, y la ley, y mandamientos que he escrito para enseñarles”. Éxodo 24:12.

Dios siempre quiso tener una comunión plena con su pueblo, basada en el amor mutuo.

Les dio los mandamientos como una guía de las actitudes concretas con las cuales este pueblo podía amarle y reconocerlo como su Dios.

Él quería que sus preceptos sirvieran para instruir y educar a su pueblo, para que aprendiera a vivir su libertad en forma responsable.

Pues demasiado habían sufrido por el sometimiento y la dependencia en Egipto.

Dios utilizó como mediador a Moisés, que subió a su encuentro y permaneció oculto entre las nubes de la montaña, esperando el cumplimiento de la promesa de Dios.

Pero los corazones de los hombres y mujeres que recibieron estos mandatos divinos, eran duros como la piedra de las tablas de la ley.

Por eso en el Nuevo Testamento, Jesús el Hijo de Dios, bajará no desde una montaña, sino de la presencia de Dios, trayendo la nueva ley, un nuevo mandamiento.

Él traerá el espíritu que motiva y resume todos los mandamientos y que es su causa última… el mandamiento del amor.

Dios escribirá su ley y sus mandamientos en los corazones y en las mentes de los seres humanos.

Jesús les dio a los mandamientos el verdadero sentido, no como una obligación arbitraria ni una exigencia rigurosa de Dios, sino como una guía de cómo podemos responder a su amor infinito e inmerecido.

Y de cómo podemos permanecer en la libertad que Cristo nos consiguió con su sacrificio y su muerte.

Amén.

Dios Te Bendiga.

03 agosto 2009

Con estas y otras muchas exhortaciones… ©

“Con estas y otras muchas exhortaciones anunciaba las buenas nuevas al pueblo. Entonces Herodes el tetrarca, siendo reprendido por Juan a causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano, y de todas las maldades que Herodes había hecho, sobre todas ellas, añadió además esta: encerró a Juan en la cárcel”. Lucas 3:18-20.

El anuncio de la buena nueva del evangelio muchas veces va en contra de lo que comúnmente se considera correcto.

Si en medio de una sociedad en la que todos se preocupan por su bien personal se nos exhorta a compartir lo que tenemos con quienes necesitan, cumplir con este llamado puede llegar a ser incómodo.

Si alguien nos viene a decir que nuestra conducta, aunque socialmente reconocida y aceptada, está equivocada y que para poder ser verdaderas personas de fe debemos cambiar, esta exhortación nos puede llegar a caer mal.

Porque va en contra de lo que hemos adquirido como hábito y con lo cual nos sentíamos cómodos.

¡Qué rápidos somos con nuestros juicios sobre quienes nos piden cambiar!

Los caracterizamos de falsos profetas y no les hacemos caso, o peor, nos enojamos tanto con ellos que tratamos con todas nuestra fuerzas de hacerlos callar.

Y eso a pesar de, o quizás justamente porque sabemos, en el fondo de nuestros corazones, que tienen razón con lo que dicen.

Muchas veces me asusto porque con tanta facilidad condenamos la conducta de Herodes, quien a la fuerza hizo callar a Juan el Bautista, mientras que en tantas ocasiones hacemos caso omiso y combatimos a quienes nos quieren orientar en el correcto camino de la fe.

Amén.

Dios Te Bendiga.

01 agosto 2009

De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere… ©

“… De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios”. Juan 3:5.

Estamos en el período de la realidad del reino de los cielos, que es la vida de la iglesia.

El Señor nos reveló la iglesia a fin de que podamos vivir en esa realidad.

Los cuatro evangelios nos hablan sobre el reino.

El evangelio de Marcos nos habla del Señor como siervo o esclavo de Dios y su registro menciona el reino, aunque no de modo tan completo.

Todos los estudiosos concuerdan que el evangelio de Marcos registra principalmente lo que Pedro narró acerca del ministerio terrenal del Señor.

Lucas, el médico, no fue discípulo del Señor, pero realizó una profunda investigación sobre todo lo que él hizo, mencionó también el reino de Dios, pero no con mucha riqueza de detalles como Mateo.

En el evangelio de Juan tenemos la palabra que el Señor habló a Nicodemo acerca de cómo entrar al reino.

“De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios… No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo”. Juan 3:5, 7.

Por lo que el Señor Jesús habló con Nicodemo podemos ver que es imprescindible nacer de nuevo para entrar en el reino de Dios.

Nacer de nuevo no es sólo un slogan.

Necesita ser una experiencia real.

Necesitamos nacer del agua y del Espíritu.

Por un lado, esta agua es el agua del bautismo, un testimonio público abierto de que fuimos liberados del pasado, también es una señal de la sepultura de nuestro viejo hombre a fin de tener un nuevo comienzo.

Por otro lado, es el agua que salió del costado del Señor en la cruz.

Juan realmente vio el agua y se quedó impresionado con ella conforme él mismo describió…

“Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua”. Juan 19:34.

Juan dice que vio eso y testificó para que también nosotros creamos.

Todos los evangelios registran la crucifixión del Señor, pero de todos los que escribieron, sólo Juan estaba bien cerca de él y pudo testificar que de su costado salió no sólo sangre sino también agua.

La sangre es para resolver el problema de nuestros pecados en el aspecto negativo.

Puesto que somos pecadores, si nuestros pecados no fueran perdonados no tendríamos cómo recibir la vida de Dios.

Pero también está el aspecto positivo, el de recibir la vida divina, así como del costado del Señor también salió agua.

Juan 19:35 dice…

“Y el que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis”.

Si no hubiésemos recibido la ayuda de Juan para llevarnos al espíritu, no sabríamos como creer.

Sin embargo…

Hoy creemos en su testimonio y sabemos que es verdadero.

Creemos que dijo la verdad al afirmar que del costado del Señor salió sangre y agua.

Por eso, para nacer de nuevo necesitamos de la sangre y del agua que salió del costado del Señor Jesús.

El hecho de que el costado del Señor fue abierto es prefigurado por la formación de la mujer en Génesis 2:18, 21-24.

Allí vemos que Dios hizo caer en sueño profundo a Adán y así tomó una de sus costillas para edificar de ésta una ayuda idónea.

Así que, Eva tipifica a la iglesia.

De la misma manera que Eva procedió de Adán, la iglesia procede de Cristo.

Como creyentes regenerados somos hueso de sus huesos y carne de su carne.

Tenemos una relación íntima de vida con él, puesto que él derramó su sangre en la cruz para redimir nuestros pecados, permitiéndonos de ese modo recibir la vida divina.

En su crucifixión fluyó por nosotros sangre y agua, por eso necesitamos nacer de nuevo, necesitamos nacer del agua.

Cuando el Señor dijo esto a Nicodemo, él no le entendió.

Gracias al Señor pues tenemos el testimonio de Juan registrado en la Biblia.

¡Podemos creer y recibir esa agua para nacer de nuevo!

¡Aleluya!

Amén.

Dios Te Bendiga.

Twitter Delicious Facebook Digg Stumbleupon Favorites More