“El Hijo es el resplandor de la gloria de Dios, la fiel imagen de lo que él es, y el que sostiene todas las cosas con su palabra poderosa. Después de llevar a cabo la purificación de los pecados, se sentó a la derecha de la Majestad en las alturas”. Hebreos 1:3 NVI
¿A quién le gusta limpiar algo sucio, olvidado y hediondo?
Poner las manos en algo viscoso, pegajoso y con olor indescifrable, sólo se hace en caso de extrema necesidad… porque lo necesitamos para algo, o porque necesitamos el dinero que nos dan a cambio del trabajo.
Sabemos que trabajos como la recolección de residuos, el desagote de pozos negros con el camión atmosférico, la limpieza de baños públicos, sólo se hacen cuando no existen otras alternativas.
En lo posible los dejamos a otros, porque nos desagradan y porque nadie disfruta de ese tipo de trabajos.
Por eso, cuando comprendemos que Jesucristo, siendo Dios, bajó al mundo para limpiarnos de nuestros pecados, simplemente porque lo deseaba hacer y por el amor que nos tiene desde la creación, nos resulta sorprendente.
El hecho de que Jesucristo se arremangó e hizo el desagradable trabajo de limpieza que nosotros generalmente evitamos, es admirable.
Y esa limpieza, que no es fácil, sólo fue posible a cambio de su propia vida, a través de su muerte en la cruz.
Así, nuestro Señor nos da una gran lección… que es la del servicio, la del trabajo desagradable que se hace con gusto, por amor, sin otra recompensa que la de la tarea realizada.
Amén.
Dios Te Bendiga.
¿A quién le gusta limpiar algo sucio, olvidado y hediondo?
Poner las manos en algo viscoso, pegajoso y con olor indescifrable, sólo se hace en caso de extrema necesidad… porque lo necesitamos para algo, o porque necesitamos el dinero que nos dan a cambio del trabajo.
Sabemos que trabajos como la recolección de residuos, el desagote de pozos negros con el camión atmosférico, la limpieza de baños públicos, sólo se hacen cuando no existen otras alternativas.
En lo posible los dejamos a otros, porque nos desagradan y porque nadie disfruta de ese tipo de trabajos.
Por eso, cuando comprendemos que Jesucristo, siendo Dios, bajó al mundo para limpiarnos de nuestros pecados, simplemente porque lo deseaba hacer y por el amor que nos tiene desde la creación, nos resulta sorprendente.
El hecho de que Jesucristo se arremangó e hizo el desagradable trabajo de limpieza que nosotros generalmente evitamos, es admirable.
Y esa limpieza, que no es fácil, sólo fue posible a cambio de su propia vida, a través de su muerte en la cruz.
Así, nuestro Señor nos da una gran lección… que es la del servicio, la del trabajo desagradable que se hace con gusto, por amor, sin otra recompensa que la de la tarea realizada.
Amén.
Dios Te Bendiga.









