28 febrero 2010

28 de Febrero - Estudio Devocional

Diferente a las otras tribus, la tribu de Leví, la cual incluía a los sacerdotes, no recibieron una herencia separada en la tierra.

Ellos tenían que depender del diezmo del pueblo, tal y como Dios lo había mandado.

Cuarenta y ocho ciudades y tierra de pasto fueron distribuidas a las otras tribus y se les asignó a ellos como sus residencias permanentes (Josué 21:1-42).

De sus 48 ciudades, seis fueron asignadas como ciudades de refugio, las cuales estaban bien accesibles a todas las doce tribus.

Para los que fueron sospechados de homicidio, estas ciudades eran de suma importancia como lugares de refugio, hasta que una corte pudiese determinar su culpabilidad o su inocencia (Números 35:11).

Nuestro creador demanda que…

“Cualquiera que diere muerte a alguno (intencionalmente), por dicho de testigos morirá el homicida; mas un solo testigo no hará fe contra una persona para que muera. Y no tomaréis precio por la vida del homicida, porque está condenado a muerte; indefectiblemente morirá…Y no contaminaréis la tierra donde estuviereis; porque esta sangre amancillará la tierra, y la tierra no será expiada de la sangre que fue derramada en ella, sino por la sangre del que la derramó”. Números 35:30, 31, 33.

Cuando era comprobado hasta la satisfacción de la congregación que la persona acusada era culpable de ser homicida, tal persona tenía que ser condenado a muerte, sin considerar la edad o si era hombre o mujer.

No había ninguna consideración de darle encarcelamiento, ni libertad bajo caución, ni rehabilitación, ni ninguna clase de pago.

Sin duda, la prosecución y ejecución de los criminales es una situación muy dolorosa que todos prefiriéramos evitar, pero aún es necesaria para mantener la justicia y el orden, el bienestar de nuestra sociedad y aún más importante, la aprobación de Dios.

“Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad. Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y hace mentira”. Apocalipsis 22:14, 15).

27 febrero 2010

27 de Febrero - Estudio Devocional

Más de 40 años habían pasado desde que Moisés, todavía estando en Egipto, había predicho que Dios iba a guiar a los israelitas a la tierra que él les había prometido a Abraham, Isaac y Jacob.

Mientras que se movían con gran anticipación para cumplir esa promesa, ya casi al entrar en la tierra prometida, dos de las doce tribus, ellos de Rubén y Gad, quienes tenían una muy inmensa muchedumbre de ganado, decidieron no entrar (Números 32:1).

Pensando que sería de mejor ganancia para ellos si se quedaban al lado este del río Jordán, ellos le dijeron a Moisés…

“la tierra que Jehová hirió delante de la congregación de Israel, es tierra de ganado, y tus siervos tienen ganado. Por tanto, dijeron… dése esta tierra a tus siervos en heredad, y no nos hagas pasar el (río) Jordán”. Números 32:4, 5.

Moisés les respondió…

“¿Y por qué desanimáis a los hijos de Israel, para que no pasen a la tierra que les ha dado Jehová?”. Números 32:7.

Los príncipes de estas dos tribus se unieron con la media tribu de Manasés.

Hablando humanamente, era una decisión con buenas ganancias, pero era un acto de compromiso conveniente.

La unidad de la nación y de estar todos cerca del tabernáculo y de la presencia de Dios debería ser de mayor importancia para ellos.

Estas dos tribus y la media tribu es un tipo del “cristiano” que busca sólo la satisfacción de sus propios deseos, quien permite que las ventajas físicas le impidan el cumplir con la voluntad de Dios.

Ellos están escritos como ejemplos y advertencias a todos los que escogen los intereses en los negocios, los adelantos sociales, o los lugares de prominencia, sobre cómo poder servir mejor al Señor.

Algunos llamados “cristianos” están consumidos con perseguir las ganancias del mundo, las cuales les mantienen lejos de darle su tiempo al Señor.

Su indiferencia espiritual muchas veces causa que sus hijos sigan sus ejemplos, hasta llegar al punto de que la oportunidad para influenciar a sus hijos a vivir para el Señor pasa para siempre.

Las instrucciones del Señor sobre su voluntad son para todos nosotros hoy en día.

“Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas”. Deuteronomio 6:6-9.

26 febrero 2010

26 de Febrero - Estudio Devocional

Los madianitas eran descendientes de Abraham por su segunda esposa Cetura, con quien se casó después de la muerte de Sara (Génesis 25:1, 2).

Los madianitas habían arruinado a Israel, no como enemigos quienes habían ganado la guerra contra ellos, sino por sus amistosos adoradores de ídolos quienes engañaron a los israelitas en su adulterio espiritual.

Israel se involucró en la adoración de su dios pagano Baal-peor y en el adulterio físico con sus mujeres.

Esto había resultado en la muerte de 24.000 israelitas (Números 25:9).

Un tiempo después, Jehová habló a Moisés, diciendo… haz la venganza de los hijos de Israel contra los madianitas y hagan la venganza de Jehová en Madián (Números 31:1- 3).

En esta guerra, Moisés los envió a la guerra, mil de cada tribu envió y Finees hijo del sacerdote Eleazar fue a la guerra con los vasos del santuario y con las trompetas en su mano para tocar (Números 31:6), para ejecutar el juicio de Dios sobre los madianitas.

Las trompetas eran símbolos de la verdad y la dirección de Dios.

Ni aun un israelita murió en esta guerra la cual resultó en la muerte de los cinco reyes de la alianza y todos los varones madianitas (Números 31:7-9, 15-17).

“Mataron también, entre los muertos de ellos, a los reyes de Madián… también a Balaam (el prominente profeta) hijo de Beor mataron a espada”. Números 31:8.

No fue algo contingente que Balaam había escogido vivir en lujo entre los madianitas mientras se gozaba de la estima del rey y del pueblo.

Balaam era de Mesopotamia la cual incluía a Ur de los caldeos, donde Abraham vivió antes de su llamamiento de Dios (Deuteronomio 23:4 - Génesis 15:7 - Hechos 7:2).

Balac le había dicho a Balaam…

“ . . . Ven, maldíceme a Jacob, Y ven, execra a Israel”. Números 23:7.

Como Balaam, a veces es fácil decir… todo lo que Jehová me diga, eso tengo que hacer (Números 22:18, 38 - Números 23:26 - Números 24:13).

“… Muera yo la muerte de los rectos, Y mi postrimería sea como la suya”. Números 23:10.

Pero tal y como Balaam, la avaricia y el compromiso han engañado a muchos quienes no han muerto la muerte de los rectos.

Su destino es el fuego eterno del infierno.

“Pero vosotros, amados, edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo, conservaos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna”. Judas 1:20, 21.

25 febrero 2010

25 de Febrero - Estudio Devocional

El año civil de los israelitas empezaba en el otoño con la fiesta de trompetas.

“En el séptimo mes, el primero del mes, tendréis santa convocación; ninguna obra de siervos haréis; os será día de sonar las trompetas”. Números 29:1.

Este alegre día de sonar las trompetas continuó 10 días después con el solemne día de la Expiación.

Este día solemne fue seguido por la fiesta solemne de los Tabernáculos (tiendas), que también se llamaba la fiesta de la Siega, porque las labores del campo habían cesado y el tiempo había llegado para que el pueblo descansara de sus labores.

Fue un tiempo de mucho regocijo que duraba siete días, desde el 15 hasta el 21 del mes Tishri (septiembre/octubre) (Éxodo 23:16 - Éxodo 34:22 - Levítico 23:33-44).

Esta fiesta continuó el día octavo con una santa convocación el día 22 del mes, la cual estaba conectada directamente con la fiesta de los Tabernáculos, aunque no era parte de esa fiesta pues el pueblo ya no vivía en tabernáculos (tiendas).

La fiesta de los Tabernáculos era la última de las fiestas del año religioso.

Por siete días, todos los residentes de Israel, vivían temporalmente en tiendas como un recordatorio del tiempo cuando moraron en tiendas por 40 años en el desierto.

Los árboles que se usaban en estas tiendas temporales también tenían un significado simbólico.

La higuera les daba sombra y también servía para recordarle al pueblo de la infinita protección y provisión del Señor.

La palmera era un emblema de la victoria y el olivo era el símbolo de paz y de la presencia del Señor (Nehemías 8:15).

Los sauces de los arroyos… significa un pueblo bendito y próspero.

También era un recordatorio de que cada creyente…

“Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, Que da su fruto en su tiempo, Y su hoja no cae; Y todo lo que hace, prosperará”. Salmo 1:3.

La vida del creyente es una jornada casi igual que la de los israelitas por el desierto.

Siempre debe ser una gran aventura de seguir con el Señor a las experiencias más profundas y de mayor fe.

Junto con el apóstol Pablo vamos a decir…

“prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”. Filipenses 3:14.

24 febrero 2010

24 de Febrero - Estudio Devocional

Casi 40 años habían pasado desde la salida de los israelitas de Egipto.

Todos los hombres (603.550) que fueron incluidos en el primer censo habían muerto, con la excepción de Josué y Caleb.

La segunda generación estaba ahora cerca de la tierra prometida.

“Aconteció después de la mortandad, que Jehová habló a Moisés y a Eleazar hijo del sacerdote Aarón, diciendo: Tomad el censo de toda la congregación de los hijos de Israel, de veinte años arriba, por las casas de sus padres, todos los que pueden salir a la guerra en Israel”. Números 26:1, 2.

Esto se llevó a cabo en los campos de Moab, junto al (río) Jordán frente a Jericó (Números 26:3).

Otro mayor acontecimiento iba a tomar lugar antes que los israelitas entraran a la tierra prometida.

“Jehová dijo a Moisés: Sube a este monte Abarim (el monte de Nebo), y verás la tierra que he dado a los hijos de Israel. Y después que la hayas visto, tú también serás reunido a tu pueblo, como fue reunido tu hermano Aarón. Pues fuisteis rebeldes a mi mandato en el desierto de Zin, en la rencilla de la congregación, no santificándome en las aguas a ojos de ellos. Estas son las aguas de la rencilla de Cades en el desierto de Zin. Entonces respondió Moisés a Jehová, diciendo: Ponga Jehová, Dios de los espíritus de toda carne, un varón sobre la congregación… Y Jehová dijo a Moisés: Toma a Josué hijo de Nun, varón en el cual hay espíritu, y pondrás tu mano sobre él”. Números 27:12-16, 18.

A pesar de la reprimenda y su gran disgusto por no ser permitido a entrar en la tierra prometida, Moisés hizo como Jehová le había mandado, pues tomó a Josué y lo puso delante del sacerdote Eleazar y de toda la congregación (Números 27:22), sin vacilar, Moisés dejó su posición de guía y anunció que su ayudante, Josué, sería su sucesor para guiar al pueblo de Dios (Números 27:23).

Moisés bendijo a Josué y puso sobre él sus manos, simbólico de la transferencia del liderazgo.

Dios había dicho que Moisés era el varón más manso sobre la tierra (Números 12:3).

Una prueba de su mansedumbre fue el hecho de rendir su posición prominente a otra persona.

Así como los que siguen a Jesucristo, Dios nos enseña…

“Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo”. Filipenses 2:3.

23 febrero 2010

23 de Febrero - Estudio Devocional

El último campamento de los israelitas fue al lado este del río Jordán en los campos de Moab al noreste del Mar Muerto cerca del monte Nebo, unos cuantos kilómetros al sur del pueblo presente hoy en día de Amman, Jordán (Números 33:49 - Josué 3:1).

Todo parecía estar en paz, sin ningún peligro.

Sin embargo…

Al ver que esta gran multitud de israelitas quienes habían desafiado al Faraón, habían salido de Egipto y conquistado todos los que estaban en el camino a Canaán, los moabitas, que vivían cerca de allí, tuvieron miedo de que ellos también iban a ser pronto destruidos.

Este temor llevó al rey Balac a hacer una alianza con los madianitas vecinos contra Israel (Números 22:4-7).

Aun entonces, sabiendo que ellos no podían vencer a Israel en guerra, Balac mandó a buscar al profeta Balaam para que maldiciese a Israel.

El profeta vivía en Petor, una ciudad al noreste de Mesopotamia (cerca del presente Iraq).

Este lugar estaba cerca de donde Abraham había vivido en el principio de su vida.

“Entonces dijo Dios a Balaam: No vayas con ellos, ni maldigas al pueblo, porque bendito es”. Números 22:12.

Sabiendo que el juicio de Dios vendría sobre Israel si pudieran hacer que los israelitas pecaren contra Dios y codiciaran las recompensas del rey, Balaam perversamente sugirió que las mujeres moabitas se acercaran amistosamente a los hombres de Israel.

Esta amistad de las mujeres moabitas pronto hizo que los hombres israelitas se involucraran en inmoralidad sexual y adoración de ídolos y así quebrantaron el pacto de lealtad al único Dios verdadero.

La desobediencia resultó en una gran mortandad y murieron de aquella mortandad veinticuatro mil (Números 25:9).

Algunas personas dicen que no debemos de pasar juicio, que debemos tolerar la inmoralidad y estilos (alternativos) de vida que están de moda.

Pero los pecados sexuales siguen siendo hoy en día ultrajantes a Dios.

“¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿Quitaré, pues, los miembros de Cristo y los haré miembros de una ramera? De ningún modo… mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca. ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”. 1 Corintios 6:15-20.

22 febrero 2010

22 de Febrero - Estudio Devocional

Los israelitas estaban cerca de su último campamento y pronto iban a cruzar el río Jordán para entrar en la tierra prometida.

Muchos de ellos eran niños cuando, con sus padres, salieron de Egipto, otros habían nacido en el desierto.

“… y se desanimó el pueblo por el camino. Y habló el pueblo contra Dios y contra Moisés: ¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para que muramos en este desierto? Pues no hay pan ni agua, y nuestra alma tiene fastidio de este pan tan liviano”. Números 21:4, 5.

Fue en este entonces que Jehová envió entre el pueblo serpientes ardientes y murió mucho pueblo de Israel y Moisés oró por el pueblo (Números 21:6, 7).

La respuesta a “la oración” de Moisés fue inmediata.

“Y Jehová dijo a Moisés: Hazte una serpiente ardiente (de bronce), y ponla sobre una asta; y cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, vivirá”. Números 21:8.

La serpiente de bronce era un símbolo del juicio de Dios por su pecado y también de su misericordia y amor para todos los que se arrepienten y verdaderamente creen en él.

Muchos siglos después, en su conversación con Nicodemo, un principal entre los judíos (Juan 3:1-21), Jesucristo le dijo que la serpiente que Moisés había levantado en el desierto ilustra a sí mismo como el único que sería levantado sobre la cruz, como el único camino para que los pecadores pudieran ser salvos de la muerte eterna (Juan 3:14 - Juan 12:32).

Jesucristo no le dijo a Nicodemo que clase de vida tenía que vivir para tener la vida eterna, más bien le dijo cómo llegar a tener vida otra vez.

Jesús le respondió a Nicodemo…

“… De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios”. Juan 3:5.

Esto es mucho más exigente que cambiar nuestro estilo de vida, dejar atrás nuestros malos hábitos, o empezar de nuevo.

Toda la humanidad, con sólo una excepción, estabais muertos en vuestros delitos y pecados (Efesios 2:1).

Cada persona ha nacido con la naturaleza humana de nuestros padres, cuando recibimos a Jesucristo como nuestro único salvador, es entonces que nacemos de nuevo y recibimos su naturaleza espiritual.

“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”. Juan 1:12.

Como hijos de nuestro Padre celestial, nos recordamos…

“No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias… sino presentaos vosotros mismos a Dios… ”. Romanos 6:12, 13.

21 febrero 2010

21 de Febrero - Estudio Devocional

El sacrificio de la vaca alazana fue instituido en el desierto de Parán en el momento que todo Israel estaba bajo sentencia de muerte.

La ley requería esto…

“Todo aquel que tocare cadáver de cualquier persona, y no se purificare, el tabernáculo de Jehová contaminó… ”. Números 19:13.

La sangre de la vaca alazana se quemaba con todo su cuerpo y su ceniza se mezclaba con el agua que corría y se rociaba sobre los que estaban contaminados para restaurarlos al Dios santo.

La palabra en hebreo “que corría” también significa “viviente”, implicando no sólo la limpieza del pecado, sino también una vida renovada.

El agua de la purificación fue hecha de las cenizas de una vaca alazana, la cual era suficiente para ofrecerla por todo el pueblo.

Por medio de la ordenanza de la vaca alazana, Dios dio una nueva revelación de lo importante que es la limpieza de la contaminación, sea por medio de nuestros pensamientos, nuestra conversación, los libros que leemos, nuestra asociación con incrédulos, o cualquier otra cosa que contamine nuestras mentes o cuerpos.

Dios ha dicho…

“… Sed santos, porque yo soy santo”. 1 Pedro 1:16.

La vaca alazana es simbólica de Jesucristo.

Por medio de su muerte en la cruz…

“por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia”. 2 Pedro 1:4.

Es el perfecto plan de Dios que la vida de Cristo sea reproducida en cada creyente.

Desde que la humildad es el camino para vencer el orgullo, el celo, la avaricia y la envidia, algunos dicen que debemos de orar por la humildad, pero la verdadera necesidad de orar es para que Cristo sea magnificado en nuestras vidas.

Dios no nos da la humildad, la paciencia, o el amor como dones separados de su gracia.

El Cristo que mora en nosotros es la respuesta a cada necesidad.

Mientras que oramos para que él viva su vida en nuestras vidas, entonces es que mostraremos la humildad, la paciencia, el amor y todas las cosas que revela su carácter.

El apóstol Pablo nos dijo…

“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí”. Gálatas 2:20.

20 febrero 2010

20 de Febrero - Estudio Devocional

Coré, Dotán y Abiram se levantaron contra Moisés con doscientos cincuenta varones de los hijos de Israel, príncipes de la congregación… Coré había hecho juntar contra ellos toda la congregación a la puerta del tabernáculo de reunión, una conspiración para trastornar el liderazgo de Moisés (Números 16:2, 19).

Otra vez, Moisés se enfrentó a la oposición, esta vez con sus propios primos y los príncipes de las 12 tribus.

Doscientos cincuenta de los hombres líderes de Israel fueron influenciados por Coré, Dotán y Abiram y se rebelaron contra Moisés y Aarón.

Ellos acusaron a Moisés y Aarón de asumir mucha autoridad y su argumento parecía muy convincente…

“Y se juntaron contra Moisés y Aarón y les dijeron: ¡Basta ya de vosotros! Porque toda la congregación, todos ellos son santos, y en medio de ellos está Jehová; ¿por qué, pues, os levantáis vosotros sobre la congregación de Jehová?”. Números 16:3.

Ellos se negaron a reconocer que Moisés y Aarón habían sido nombrados por Dios para guiar al pueblo y que ellos eran actualmente los que os juntáis contra Jehová (Números 16:11).

Coré no solamente cometió un error, cometió un pecado muy serio, como escrito por Judas, quien nos dijo…

“Mas quiero recordaros, ya que una vez lo habéis sabido, que el Señor, habiendo salvado al pueblo sacándolo de Egipto, después destruyó a los que no creyeron... ¡Ay de ellos! porque han seguido el camino de Caín, y se lanzaron por lucro en el error de Balaam, y perecieron en la contradicción de Coré”. Judas 1:5, 11.

Coré era creyente en Dios y de la tribu escogida de Leví.

Él estaba encargado de guiar al pueblo en adoración y enseñarle la voluntad de Dios.

Sin embargo…

Parece que Coré quería servir al Señor sólo si eso resultaba en traerle fama delante del pueblo.

Algunas personas que son obstinadas y afanadas a la gratificación personal, siempre se niegan a someterse a las autoridades o a una vida de santidad.

Nos da consuelo saber que ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús (Romanos 8:1).

Amén.

19 febrero 2010

19 de Febrero - Estudio Devocional

Partiendo del desierto de Sinaí, los israelitas fueron guiados hacia el norte hasta que llegaron a Cades-barnea, donde, por primera vez, el pueblo podía actualmente ver la tierra prometida delante de ellos.

La jornada al salir de Egipto, incluyendo los 12 meses que estuvieron en el monte de Sinaí (Horeb), había tomado unos 16 meses.

Ahora ellos estaban a la entrada de la gloriosa tierra prometida.

Un líder de cada tribu había tomado 40 días para espiar la tierra.

Cuando ellos volvieron, los israelitas fueron asegurados por todos los espías…

“… Nosotros llegamos a la tierra a la cual nos enviaste, la que ciertamente fluye leche y miel; y este es el fruto de ella”. Números 13:27.

Esta fue la confirmación de que la tierra prometida era muy fructuosa.

Caleb uno de los 12, rápidamente dijo…

“… Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos”. Números 13:30.

Sin embargo…

Diez de los espías desanimaron al pueblo, diciendo…

“… el pueblo que habita aquella tierra es fuerte… No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros”. Números 13:28, 31.

“Entonces toda la congregación gritó, y dio voces; y el pueblo lloró aquella noche. Y se quejaron contra Moisés y contra Aarón todos los hijos de Israel; y les dijo toda la multitud: ¡Ojalá muriéramos en la tierra de Egipto… ”. Números 14:1, 2.

Aquí marcó el fin de su viaje a la tierra prometida y empezaron los 38 años de su peregrinaje por el desierto.

El pueblo de Israel, quien lloró aquella noche, nos recuerda a Esaú quien había crecido descuidando su santo llamamiento y había vendido su primogenitura.

“Porque ya sabéis que aun después, deseando heredar la bendición, fue desechado, y no hubo oportunidad para el arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas”. Hebreos 12:17.

Pero Dios no oyó sus oraciones.

Su único interés había estado en las ganancias personales y no en cómo él podía ser usado por el Señor.

El objetivo de Satanás es hacernos tomar decisiones iguales que los israelitas incrédulos y no como Caleb.

Satanás busca cómo desviar los pensamientos de los creyentes de confiar en el Señor.

Tal desviación es una oposición a la mirada de fe que acepta a Dios y a su palabra y que pone al Señor primero y delante sobre todas las otras consideraciones.

“acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura”. Hebreos 10:22.

Amén.

18 febrero 2010

18 de Febrero - Estudio Devocional

María era la hermana de Moisés y de Aarón el sumo sacerdote.

Ella llevaba un gran honor entre las mujeres de Israel, tenía un don profético y era una aficionada a la música y al canto (Éxodo 15:20 - Miqueas 6:4).

“María y Aarón hablaron contra Moisés a causa de la mujer cusita que había tomado; porque él había tomado mujer cusita. Y dijeron: ¿Solamente por Moisés ha hablado Jehová? ¿No ha hablado también por nosotros? Y lo oyó Jehová”. Números 12:1, 2.

En seguida, Dios demandó una reunión con María, Aarón y Moisés.

María podía haber pensado que Dios estaba también disgustado con Moisés tal y como ella y Aarón y que Dios iba a estar de acuerdo con su crítica.

Sin duda, ella experimentó un tremendo susto cuando Dios le dijo…

“Cara a cara hablaré con él (con Moisés)… ¿Por qué, pues, no tuvisteis temor de hablar contra mi siervo Moisés? Entonces la ira de Jehová se encendió contra ellos… ”. Números 12:8, 9.

Pero más horror para ellos fue cuando…

“… miró Aarón a María, y he aquí que estaba leprosa. Y dijo Aarón a Moisés: ¡Ah! señor mío, no pongas ahora sobre nosotros este pecado; porque locamente hemos actuado, y hemos pecado”. Números 12:10, 11.

La codicia y el orgullo nunca se pueden saciar.

Aun el poseer dones espirituales puede llevarnos al orgullo y al mismo tiempo llevarnos al celo y a competir cuando nos encontramos con otras personas que tienen dones espirituales similares a los nuestros.

Cuando sabemos que alguna persona en la oficina de trabajo es menos capacitada que nosotros y que tal persona recibe una promoción o reconocimiento mayor que el nuestro, entonces puede que nosotros también caigamos en el mismo pecado de María y critiquemos a tal persona.

El orgullo se manifiesta en muchas formas.

Puede ser basado en la belleza física, en las riquezas, en la educación, o en los talentos, pero el orgullo siempre termina en la destrucción personal y el pecado de la decepción personal.

María había llegado a un punto, tal y como otros también llegan, cuando pensó que sus preocupaciones estaban basadas en un motivo espiritual.

Pero Dios pudo ver las intenciones más profundas, su celo, su envidia, su orgullo y sus malos sentimientos.

En sí, ella estaba poniendo en desafío el liderazgo de Moisés y no a quién él había escogido como esposa o qué estaba él enseñando.

Dios claramente había declarado…

“No toquéis, dijo, a mis ungidos, Ni hagáis mal a mis profetas”. 1 Crónicas 16:22 - Salmo 105:15.

Amén.

17 febrero 2010

17 de Febrero - Estudio Devocional

Esta era la responsabilidad del sacerdote…

“Hazte dos trompetas de plata; de obra de martillo las harás, las cuales te servirán para convocar la congregación, y para hacer mover los campamentos”. Números 10:2.

Las trompetas fueron hechas de tubos largos y derechos, con las puntas en estilo de campanas.

No se podían hacer de metal inferior, ni de los fragmentos de plata, al contrario, tenían que hacerse de piezas enteras de plata.

Sin importar a que distancia una persona estaba del tabernáculo, los claros tonos de las trompetas de plata le comunicaban los mensajes…

“Y cuando tocareis alarma la segunda vez, entonces moverán los campamentos de los que están acampados al sur; alarma tocarán para sus partidas. Pero para reunir la congregación tocaréis, mas no con sonido de alarma… Y cuando saliereis a la guerra en vuestra tierra contra el enemigo que os molestare, tocaréis alarma con las trompetas; y seréis recordados por Jehová vuestro Dios, y seréis salvos de vuestros enemigos. Y en el día de vuestra alegría, y en vuestras solemnidades, y en los principios de vuestros meses, tocaréis las trompetas sobre vuestros holocaustos, y sobre los sacrificios de paz, y os serán por memoria delante de vuestro Dios. Yo Jehová vuestro Dios”. Números 10:6-10 - Levítico 23:24 - 2 Crónicas 5:12-14 - 2 Crónicas 7:6 - 2 Crónicas 29:26-29 - Esdras 3:10 - Nehemías 12:35, 41.

Si ellos adoraban, o si iban a guerra, o si viajaban, cada movimiento del pueblo era guiado por la obediencia a los varios sonidos de las trompetas.

Las dos trompetas de plata representan la verdad de la palabra de Dios y nos recuerda que los dos Testamentos, el Nuevo y el Antiguo, son cada uno parte de la completa palabra de Dios.

El pueblo de Dios debe siempre estar sujeto y dependiendo por completo de la voluntad de Dios así revelada en su palabra.

Si nuestros corazones se acostumbran a oír la verdadera “trompeta de plata”, que hoy en día es por oír su palabra, entonces estaremos en armonía con el movimiento del Espíritu Santo cuando tenemos que decidir lo que hacer o lo que no hacer.

Su palabra siempre nos guía y nos mantiene en buen camino para no descarriarnos de la voluntad de Dios.

Nuestro Señor nos asegura…

“Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir”. Juan 16:13.

Amén.

16 febrero 2010

16 de Febrero - Estudio Devocional

Los israelitas obtuvieron su libertad de Egipto después de observar la primera pascua.

La sangre había sido puesta en el dintel de las puertas, pero de igual importancia, ellos fueron mandados a comer el cordero.

La liberación de Egipto no significaba que ellos eran libres para hacer lo que querían.

En Egipto ellos estaban bajo la cruel esclavitud del Faraón, pero ahora ellos eran libres para seguir el liderazgo del único Dios verdadero.

“Habló Jehová a Moisés en el desierto de Sinaí, en el segundo año de su salida de la tierra de Egipto, en el mes primero, diciendo: Los hijos de Israel celebrarán la pascua a su tiempo. El decimocuarto día de este mes, entre las dos tardes, la celebraréis a su tiempo; conforme a todos sus ritos y conforme a todas sus leyes la celebraréis”. Números 9:1-3.

La pascua era un recordatorio de cómo los israelitas habían obtenido su libertad.

Ellos no solamente tenían que participar en celebrar la pascua como una fiesta solemne, eran también requeridos a traer la ofrenda del Señor.

“Mas el que estuviere limpio, y no estuviere de viaje, si dejare de celebrar la pascua, la tal persona será cortada de entre su pueblo (condenado a muerte); por cuanto no ofreció a su tiempo la ofrenda de Jehová, el tal hombre llevará su pecado”. Números 9:13.

Cuando nosotros observamos la cena del Señor, estamos recordando que por la expiación que tenemos en la muerte de Cristo, somos libres del castigo del pecado, somos hechos hijos de Dios y somos preparados para la jornada de nuestro desierto por esta vida.

“… porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros”. 1 Corintios 5:7.

Fue nuestro Señor Jesucristo quien nos dijo…

“Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga”. 1 Corintios 11:26.

Así como el Señor determinó la jornada de las tribus de Israel, él también tiene un plan para ti durante este viaje aquí en esta vida.

Nuestra meta suprema debe ser de cumplir su propósito por habernos creado.

Cuando Dios es nuestro guía…

¿Qué podemos temer?

Él nos ha provisto un guía de tres dobleces para nuestro camino, su perfecta palabra, el Espíritu Santo que mora con nosotros y el poder de la oración.

“porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad”. Filipenses 2:13.

Amén.

15 febrero 2010

Descansa en paz PABLO BIDART, amigo mío.

“Hermanos, no queremos que ignoren lo que va a pasar con los que ya han muerto, para que no se entristezcan como esos otros que no tienen esperanza. ¿Acaso no creemos que Jesús murió y resucitó? Así también Dios resucitará con Jesús a los que han muerto en unión con él. Conforme a lo dicho por el Señor, afirmamos que nosotros, los que estemos vivos y hayamos quedado hasta la venida del Señor, de ninguna manera nos adelantaremos a los que hayan muerto. El Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta de Dios, y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego los que estemos vivos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados junto con ellos en las nubes para encontrarnos con el Señor en el aire. Y así estaremos con el Señor para siempre. Por lo tanto, anímense unos a otros con estas palabras”. 1 Tesalonicenses 4:13-18.

Por cuanto le plació a Dios todopoderoso en su sabia providencia, separar de este mundo el alma de PABLO BIDART, nosotros, a la luz de la Palabra, encomendamos su cuerpo a la tierra, tierra a la tierra, cenizas a la ceniza, polvo al polvo, con la esperanza segura y cierta de la resurrección a la vida eterna de todos los que durmieron en Cristo.

Descansa en paz PABLO BIDART, amigo mío.

Fabián Ayroldi
Pastor

15 de Febrero - Estudio Devocional

“Aconteció que cuando Moisés hubo acabado de levantar el tabernáculo, y lo hubo ungido y santificado, con todos sus utensilios, y asimismo ungido y santificado el altar y todos sus utensilios, entonces los príncipes de Israel, los jefes de las casas de sus padres, los cuales eran los príncipes de las tribus, que estaban sobre los contados, ofrecieron; y trajeron sus ofrendas delante de Jehová, seis carros cubiertos y doce bueyes; por cada dos príncipes un carro, y cada uno un buey, y los ofrecieron delante del tabernáculo. Y Jehová habló a Moisés, diciendo: Tómalos de ellos, y serán para el servicio del tabernáculo de reunión; y los darás a los levitas, a cada uno conforme a su ministerio”. Números 7:1-5.

Estas ofrendas no fueron divididas igualmente entre los levitas.

La familia de Gersón recibió dos carros y cuatro bueyes por sus deberes (Números 4:25, 26 - Números 7:7).

La familia de Merari, que tenía una carga bien dura para rendir (Números 4:31, 32 - Números 7:8), recibió cuatro carros y ocho bueyes.

Pero los hijos de Coat no recibieron ofrendas.

Ellos eran los que llevaban los muebles del tabernáculo.

Pero (Moisés) a los hijos de Coat no les dio, porque llevaban sobre sí en los hombros el servicio del santuario, incluyendo el candelero de oro puro, la mesa de la presencia, el altar de incienso, la fuente de bronce, el altar de bronce, el propiciatorio, y el arca del pacto del Señor (Números 4:1-5 - Números 3:31 - Números 7:9).

Todos estos eran simbólicos de Jesucristo.

Aunque todas las ofrendas eran idénticas, cada príncipe de familia era reconocido por su ofrenda.

De este ejemplo podemos aprender que cada ofrenda y obra del Señor es recordada fielmente por Dios.

El monte Sinaí es a veces asociado con la severidad de la ley.

Pero el tabernáculo que fue edificado en aquel entonces, ilustra el amoroso cuidado que Dios tiene para comunicarse y llevar un compañerismo con su pueblo y así dirigirlos por la vida.

Todos los príncipes de familia demostraron su gratitud por medio de sus generosas ofrendas y oblaciones de buena voluntad.

Todos respondieron igualmente a la necesidad que tenían.

El saber dar siempre beneficia al dador.

Dios nos ha dicho…

“Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir”. Lucas 6:38.

Amén.

14 febrero 2010

14 de Febrero - Estudio Devocional

El voto de nazareo comprometía a un individuo a una vida consagrada a Dios por un período específico o aun por toda una vida.

El voto de nazareo tenía prohibiciones…

“se abstendrá de vino y de sidra; no beberá vinagre de vino, ni vinagre de sidra, ni beberá ningún licor de uvas, ni tampoco comerá uvas frescas ni secas… no se acercará a persona muerta… porque la consagración de su Dios tiene sobre su cabeza. Todo el tiempo de su nazareato, será santo para Jehová”. Números 6:2-8.

La consagración del nazareo a Dios fue expresada en varias formas…

(1) en abstenerse de fruto de la vid, su jugo y aun las uvas frescas o las secas, que representaban la satisfacción física.

(2) en negarse a ser contaminado con alguien muerto, representando la muerte espiritual.

Sin embargo…

El hombre con voto de nazareo también tenía que cumplir con su responsabilidad en ofrecer todos los sacrificios usuales, tal como el sacrificio expiatorio.

Esto nos muestra que cuando hacemos todo lo posible para separarnos del mundo, aun no estamos libres de la contaminación espiritual.

Hay solamente dos personas registradas en el Antiguo Testamento con voto de nazareo de por vida.

Uno fue Sansón (Jueces 13:7) quien falló en su separación del mundo y consecuentemente no cumplió con la oportunidad de guiar a los israelitas en victoria contra los filisteos.

Lo contrario a Sansón fue Samuel.

La dedicación de Samuel al Señor (1 Samuel 1:28) le guio a libertar la nación de la dominación de los filisteos y unir las tribus en preparación para un reino unido.

Aunque el voto de nazareo ya no se aplica hoy en día, nuestra consagración y dedicación es de suma importancia para cumplir con la voluntad de Dios.

No había nada malo en comer uvas, pues Dios creó el fruto de la vid, pero a veces, aun lo “bueno” puede tomar el lugar de Cristo en nuestras vidas.

Todos los que tienen un deseo de dedicar sus vidas a Cristo crucificarán los placeres que interfieren con lo que deben hacer para servirle y cumplir con su palabra.

“Absteneos de toda especie de mal”. 1 Tesalonicenses 5:22.

El apóstol Pablo fue guiado a escribir…

“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”. Romanos 12:1, 2.

Amén.

13 febrero 2010

13 de Febrero - Estudio Devocional

Los dos hijos mayores de Aarón, Nadab y Abiú, habían recibido gran honor al ser incluidos, con Moisés y los otros 73 ancianos en el monte Sinaí, para oír la voz de Dios (Éxodo 24:1, 9).

Ellos fueron reconocidos nacionalmente y ordenados por Dios a ser líderes espirituales.

Pero, todo esto no los protegió de las consecuencias de su desobediencia.

Los nuevos ordenados sacerdotes Nadab y Abiú murieron delante de Jehová cuando ofrecieron fuego extraño delante de Jehová en el desierto de Sinaí (Números 3:4).

Ellos se tomaron la libertad de quemar incienso, simbólico de las oraciones del pueblo, con un fuego no autorizado, ni encendido por Dios sobre el altar de bronce (Levítico 9:23, 24 - Levítico 10:1, 2).

Su fuego no autorizado recalca lo serio que es cuando nos separamos de los mandamientos de Dios.

Esto nos enseña que nadie es tan importante o popular como un “líder espiritual” para que Dios pase por alto su desobediencia a la palabra de Dios.

Ser un ministro, o aun un miembro de una iglesia, sin intención de someterse toda la vida para agradar a Cristo, eso es hipocresía.

La decisión de ignorar cualquier mandamiento de Dios es pecado.

Nunca debemos de usar las circunstancias para justificar una excepción a su palabra.

Ni tampoco hay una opción para escoger una parte de su palabra que se pueda descuidar o rechazar, pues toda es inspirada por Dios.

La palabra de Dios es la fuente para suplir las necesidades del corazón humano, es la única y final fuente para encontrar la verdad absoluta.

Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, toda la escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia (2 Timoteo 3:16).

Todas las doctrinas del Nuevo Testamento están basadas en los principios del Antiguo Testamento.

“Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio… El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o de tres testigos muere irremisiblemente. ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?”. Hebreos 10:26-29.

Amén.

12 febrero 2010

12 de Febrero - Estudio Devocional

Como 70 veces en el libro de Números, leemos “Jehová dijo” o “habló Jehová a Moisés”.

Estas fueron las palabras de nuestro Padre celestial hablándoles a sus hijos.

El deseo de Dios era tener un pueblo que le amara, que le obedeciera y que le siguiera sin reservas.

Él, en recompensa, sería su Dios y les guiaría a la tierra prometida.

Mientras que los israelitas estaban en el monte Sinaí, dos veces se dijo de ellos…

“E hicieron los hijos de Israel conforme a todas las cosas que mandó Jehová a Moisés; así lo hicieron”. Números 1:54 - Números 2:34.

Con tal que los israelitas estuviesen sin cumplir nada para el Señor o sin moverse de donde estuviesen acampados, solamente hablando de lo que iban a hacer, ellos estaban satisfechos.

Pero, solamente días después de partir del monte de Jehová camino de tres días buscándoles lugar de descanso aconteció que el pueblo se quejó… ¡quién nos diera a comer carne! y ahora nuestra alma se seca pues nada sino este maná ven nuestros ojos (Números 10:33 - Números 11:1, 4, 6).

Al contrario de ver sus dificultades como una oportunidad para creer en Dios y su poder para suplir sus necesidades continuamente y guiarlos a la tierra prometida, ellos escogieron estar disgustados con sus circunstancias.

De la misma manera, nuestra vida aquí es un viaje por un desierto, una jornada cada día por un territorio no conocido.

Vamos a no olvidarnos que desde el tiempo que los israelitas fueron guiados a empezar su jornada, en obediencia a la palabra de Dios, Satanás estaba presente para crear descontento en ellos.

Cuando los creyentes encuentran faltas en su vida y se quejan en sus adversidades, tal y como los israelitas hicieron, ellos también se encuentran descalificados de las mejores bendiciones que el Señor tiene para ellos.

Solamente algunos cuantos fieles, como Josué y Caleb y como Moisés, reconocieron que Dios está en control de todas las cosas y ha ordenado su plan para nuestras vidas.

Todos nosotros podemos evitar los años que se viven en vano.

A medida que fielmente leemos la Biblia con un gran deseo y sin reservas para ser todo lo que Dios quiera que seamos y para hacer todo lo que él quiera que hagamos, entonces es que su Espíritu Santo, que mora en nosotros, nos ilumina nuestras mentes y conmueve nuestros corazones a orar.

“… La oración eficaz del justo puede mucho”. Santiago 5:16.

Amén.

11 febrero 2010

11 de Febrero - Estudio Devocional

El Señor advierte a su pueblo…

“No haréis para vosotros ídolos… para inclinaros a ellos; porque yo soy Jehová vuestro Dios. Guardad mis días de reposo, y tened en reverencia mi santuario. Yo Jehová… guardareis mis mandamientos… y vosotros seréis mi pueblo… Pero si no me oyereis, ni hiciereis todos estos mis mandamientos… Pondré mi rostro contra vosotros, y seréis heridos delante de vuestros enemigos… y a vosotros os esparciré entre las naciones…”. Levítico 26:1-33.

A los israelitas se les recordaba que el primero y el cuarto de los Diez Mandamientos son el fundamento de una relación correcta y la verdadera adoración de nuestro creador.

Numerosas bendiciones fueron registradas como beneficios a la obediencia de la palabra de Dios (Levítico 26:3-13).

También fueron registrados avisos claros sobre el pecado y la desobediencia a su palabra que se cumplieron después (Levítico 26:14-39).

Aunque el libro de Levítico fue escrito a los israelitas, sus verdades básicas son precisamente relevantes para nosotros hoy en día.

El Dios de la santidad es el mismo ayer y hoy y por los siglos (Hebreos 13:8).

A pesar de que ellos continuamente rechazaron a Jesús el Mesías, los judíos terminarán reconociendo su ceguera espiritual, se arrepentirán y adorarán a su Mesías Jesucristo, la verdadera fuente de la paz eterna.

Así como dijo Dios de antemano…

“… los volveré a esta tierra… y me serán por pueblo, y yo les seré a ellos por Dios; porque se volverán a mí de todo su corazón”. Jeremías 24:6, 7.

El tiempo de los gentiles que empezó con el rey Nabucodonosor pronto terminará y Jesucristo, el Rey de reyes, reinará justamente al mundo desde Jerusalén.

La maravillosa compasión de Dios y su amor son claramente observadas en su deseo de perdonar y restaurar al pecador otra vez a una comunión con él.

Sin embargo…

Nadie se puede escapar de las pérdidas y las tragedias de una vida malgastada.

Si reconocemos las consecuencias eternas del pecado, veremos que la confesión a Dios es de suma importancia.

“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”. 1 Juan 1:9.

Amén.

10 febrero 2010

10 de Febrero - Estudio Devocional

“Manda a los hijos de Israel que te traigan para el alumbrado aceite puro de olivas machacadas, para hacer arder las lámparas continuamente”. Levítico 24:2.

A ellos se les dieron instrucciones exactas para hacer el pan de la presencia.

“Y tomarás flor de harina, y cocerás de ella doce tortas… Y las pondrás en dos hileras, seis en cada hilera, sobre la mesa limpia delante de Jehová…. Cada día de reposo lo pondrá continuamente en orden delante de Jehová, en nombre de los hijos de Israel, como pacto perpetuo…”. Levítico 24:5-9.

Las palabras el pan de la presencia literalmente significa… el pan de la cara y presencia de Dios y quiere decir que sólo él y su palabra mantenían sus vidas.

Cuando el sacerdote comía el pan, confirmaba la dependencia de Israel en su Dios.

Los panes eran hechos de flor de harina muy fina, la harina gruesa no se podía usar, porque estos panes representaban a Jesucristo, el único perfecto, santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores y hecho más sublime que los cielos (Hebreos 7:26).

El incienso aromático que se requería para ponerlo sobre los panes es simbólico de la alabanza a Dios, así como un recordatorio de que Jesucristo, nuestro pan de vida, provee una satisfacción verdadera.

“¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca”. Salmo 119:103.

Los panes también muestran a Jesucristo, quien se enfrentó al violento horno de la aflicción y la crucifixión para salir como el pan de vida.

Jesucristo declaró el que a mí viene, nunca tendrá hambre y el que en mí cree, no tendrá sed jamás (Juan 6:35).

Los doce panes idénticos eran un recordatorio que el Señor era quien satisfacía y sustentaba a las 12 tribus.

La luz revela la verdad y el candelero iluminaba sobre el pan de la proposición que era un símbolo de Jesucristo.

“Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo”. Juan 6:33.

Mientras nosotros leemos su palabra, el Espíritu Santo, quien mora en cada creyente, provee luz a los valores morales y espirituales de nuestras vidas.

Esta luz facilita al creyente para cumplir con una de las misiones más importantes del mundo.

“Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que están los cielos”. Mateo 5:16.

Amén.

09 febrero 2010

9 de Febrero - Estudio Devocional

La pascua fue la primera fiesta solemne del año religioso.

“En el mes primero, a los catorce del mes, entre las dos tardes, pascua es de Jehová. Y a los quince días de este mes es la fiesta solemne de los panes sin levadura a Jehová; siete días comeréis panes sin levadura”. Levítico 23:5, 6.

La fiesta solemne de los panes sin levadura duraba siete días durante ellos sólo se podía comer el pan sin levadura (Éxodo 34:18, 19).

El pan sin levadura representa la naturaleza impecable de nuestro Cristo.

“Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo”. Juan 6:32, 33.

La razón porque Israel tenía que abstenerse de la levadura por siete días fue para recordarles que ellos eran un pueblo separado para el Señor su Dios.

Tomaba siete semanas para recoger la cosecha, empezando con la cosecha de la cebada en la primavera.

Después venía la cosecha de los olivos y el fruto de las viñas, seguido por la cosecha del trigo al final del verano.

Así como había un día para la fiesta de la siega en la primavera, también la fiesta de semanas, conocida como la fiesta de la cosecha, expresaba gratitud por el fin de la cosecha del verano (Éxodo 23:16).

También se llamaba Pentecostés porque la palabra “pente” en el griego significa 50 y esta fiesta tomaba lugar 50 días después de ofrendar la gavilla de la ofrenda mecida durante la fiesta de la siega (Levítico 23:15, 16).

En contraste con el pan sin levadura, requerido durante la pascua, encontramos los dos panes para ofrenda mecida que eran cocidos con levadura para la fiesta de semanas (Pentecostés) (Levítico 23:17).

La levadura es simbólica de nuestra naturaleza pecaminosa y era requerida en los dos panes para ofrenda mecida que representaban los creyentes judíos y los gentiles dentro de la iglesia.

“Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros. Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad”. 1 Corintios 5:7, 8.

Amén.

08 febrero 2010

8 de Febrero - Estudio Devocional

Los sacerdotes tenían que representar al Señor todos los días.

También tenían que representarlo en sus vidas personales y relaciones familiares, para que no se blasfemara el santuario de Dios.

“Jehová dijo a Moisés: Habla a los sacerdotes hijos de Aarón, y diles que no se contaminen por un muerto en sus pueblos… No se contaminará como cualquier hombre de su pueblo, haciéndose inmundo... Santos serán a su Dios, y no profanarán el nombre de su Dios, porque las ofrendas encendidas para Jehová y el pan de su Dios ofrecen; por tanto, serán santos. Con mujer ramera o infame no se casarán, ni con mujer repudiada de su marido; porque el sacerdote es santo a su Dios”. Levítico 21:1, 4, 6, 7 - Ezequiel 44:22.

El estado matrimonial del sacerdote era tan importante que Dios repitió…

“No tomará viuda, ni repudiada, ni infame ni ramera, sino tomará de su pueblo una virgen por mujer”. Levítico 21:14.

El sacerdote representaba al altísimo Dios.

Ciertamente una mayor norma de conducta se le debe requerir al anciano, al ministro, al pastor, al diácono, o al sacerdote de hoy (Tito 1:6, 7 - 1 Timoteo 3:12).

El lóbulo de la oreja derecha del sacerdote, el pulgar de su mano y el pulgar de su pie derecho tenían que ser ungidos con sangre.

La oreja ungida con sangre le recordaba que tenía que oír la voz de Dios por encima de otras voces, el pulgar de la mano ungido con sangre le recordaba el privilegio de poder servir en el tabernáculo como sacerdote y el pulgar del pie ungido con sangre le recordaba que tenía que vivir en obediencia a la palabra de Dios (Levítico 8:23).

Por ser el líder espiritual en medio de su pueblo, el sacrificio por los pecados del sacerdote requería un buey, que era el animal de más valor.

En comparación, este fue el mismo sacrificio que se requería por los pecados del pueblo.

El sacerdote era el modelo de la vida espiritual quien podía influenciar la congregación entera a pecar (Levítico 4:3, 22, 23).

Como representante de Dios, un sacerdote que desatendía los requisitos del servicio era cortado de la presencia de Jehová (Levítico 22:3-7).

Como creyentes debemos de poner el ejemplo y abstenernos de cualquier conducta que influya a otros a ser menos que lo mejor en Cristo.

Pues él nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre (Apocalipsis 1:6).

Amén.

07 febrero 2010

7 de Febrero - Estudio Devocional

Anualmente, en el día de la expiación, Aarón, el sumo sacerdote, tenía que primeramente presentar un becerro como sacrificio por sus propios pecados antes de continuar con las ofrendas del pueblo.

Dios había dicho…

“Con esto entrará Aarón en el santuario: con un becerro para expiación, y un carnero para holocausto… Después tomará los dos machos cabríos y los presentará delante de Jehová, a la puerta del tabernáculo de reunión… Después degollará el macho cabrío en expiación por el pecado del pueblo, y llevará la sangre detrás del velo adentro… y la esparcirá sobre el propiciatorio y delante del propiciatorio… y pondrá Aarón sus dos manos sobre la cabeza del macho cabrío vivo, y confesará sobre él… todos sus pecados, poniéndolos así sobre la cabeza del macho cabrío, y lo enviará al desierto… Y aquel macho cabrío llevará sobre sí todas las iniquidades de ellos… Porque en este día se hará expiación por vosotros, y seréis limpios de todos vuestros pecados delante de Jehová”. Levítico 16:3-30.

Dos cabríos eran necesarios para expresar la expiación doble de nuestro Señor Jesucristo.

Un cabrío era sacrificado en el altar como sacrificio expiatorio.

Entonces Aarón ponía sus manos sobre la cabeza del otro macho cabrío, el que se iba a escapar y confesaba los pecados del pueblo y así transfería sus pecados al macho cabrío vivo… y lo enviará al desierto por mano de un hombre destinado para esto (Levítico 16:21, 22), donde se desaparecía de su vista…

“Cuanto está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones”. Salmo 103:12.

No había justificación por esa acción, solamente una cobertura de los pecados de aún otro año para los israelitas.

Pero Cristo, nuestro gran sumo sacerdote, no necesitaba ofrecer un sacrificio por sí mismo, porque él es santo.

“Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos; que no tiene necesidad cada día, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo”. Hebreos 7:26, 27.

El macho cabrío que se escapaba tiene una aplicación adicional para nosotros, pues nosotros debemos de olvidar y no recordar las ofensas que son cometidas contra nosotros.

Por lo tanto…

“Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo”. Efesios 4:31, 32.

Amén.

06 febrero 2010

6 de Febrero - Estudio Devocional

Cuando se le llamaba a un israelita leproso, Dios dijo…

“… el sacerdote lo declarará luego inmundo… llevará vestidos rasgados y su cabeza descubierta, y embozado pregonará: ¡Inmundo! ¡inmundo!... y habitará solo; fuera del campamento… ”. Levítico 13:44-46.

Para expresar su gran dolor y humillación, esta pobre y miserable persona tenía que pasar por el campamento por última vez, gritando…

- ¡Inmundo! ¡Inmundo!

Cuando la lepra primeramente aparecía, no lucía como algo dañino, sólo una mancha blanca o rosada y en su primera etapa, totalmente sin dolor.

La mancha puede estar presente por meses y aun años sin desarrollarse.

Con el tiempo, la lepra se desarrolla a un desfiguramiento muy extremo y repulsivo de todo el cuerpo, incluyendo unos tumores estilo esponjas que se hinchan en la cara y en la cabeza.

El movimiento de las coyunturas causa sangrientas, dolorosas y profundas fisuras.

Los dedos de las manos y de los pies se desfiguran y se ponen ásperos y andrajosos.

Las uñas se hinchan, se enrollan y se caen.

Y mientras la lepra empeora, la carne desarrolla úlceras que supuran y la encía empieza a sangrar.

Finalmente, partes de las extremidades se caen.

Mientras que los años pasan, el leproso se pone delgado y débil, atormentado con diarrea, una sed insaciable y una fiebre alta.

La lepra ilustra lo insignificante que un pecado puede parecer al principio, pero al final es espantoso, abominable y fatal.

El pecado inmediatamente nos separa de Dios, pues somos inmundos.

Las personas que viven controladas por el pecado viven en un estado de muerte, a no ser que vengan a Cristo, se arrepientan verdaderamente y abandonen sus pecados.

Durante el ministerio de Jesucristo aquí en la tierra él sanó a muchos leprosos, los cuales dieron testimonio de su deidad.

“Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana”. Isaías 1:18.

“Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de pecado”. Romanos 4:8.

Antes que Jesucristo viniese, sólo se hayan dos casos escritos de leprosos que fueron sanados -María (Números 12:10-16) y Naamán de Siria (2 Reyes 5:1-14), los dos casos fueron sanados soberanamente por Dios.

“… y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado”. 1 Juan 1:7.

Amén.

05 febrero 2010

5 de Febrero - Estudio Devocional

Más de 40 veces en el libro de Levítico leemos… porque yo soy Jehová vuestro Dios y más de seis veces el Señor demanda… y seréis santos, porque yo soy santo.

En la parte interior y en la parte exterior de nuestras vidas, moral y espiritualmente, tenemos que separarnos de todo lo que nos contamina.

“Porque yo soy Jehová vuestro Dios; vosotros por tanto os santificaréis, y seréis santos, porque yo soy santo… ”. Levítico 11:44.

Los israelitas tenían que comer alimentos limpios (capítulo 11), tener cuerpos limpios (capítulos 12, 13), tener vestiduras limpias (Levítico 13:47-59), tener casas limpias (Levítico 14:33-57) y llevar higiene personal (capítulo 15) y llegar a ser una nación limpia (capítulo 16).

La palabra inmundo se usa cerca de 100 veces en los capítulos 11 al 16, mostrándonos que Dios requiere que toda cosa inmunda sea quitada de nuestras vidas.

Dios también requería que los israelitas se separaran de los paganos, de la idolatría, de la inmoralidad y aun de los hábitos antihigiénicos.

El pueblo de Dios no se podía casar con los gentiles incrédulos.

Los muchos sacrificios, leyes y regulaciones sobre lo que era limpio y lo que era inmundo (lo que contamina a la persona) nos lleva a entender cómo es que el pecado nos separa de Dios.

Esto es también un recordatorio diario para todo creyente del Nuevo Testamento que…

“Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios”. 1 Corintios 10:31.

El Espíritu Santo guio al apóstol Pablo a escribir…

“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional”. Romanos 12:1.

Y a la iglesia en Corinto, él le escribió…

“¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es”. 1 Corintios 3:16, 17.

A los hermanos en Éfeso, les escribió…

“… para que fuésemos santos y sin mancha delante de él”. Efesios 1:4.

Por esto Dios también nos manda a seguir la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor (Hebreos 12:14).

Amén.

04 febrero 2010

4 de Febrero - Estudio Devocional

El sacrificio de expiación y restitución (Levítico 5:6, 7) eran ofrendas mandatarias y eran los dos primeros sacrificios presentados.

Eran requerimientos para restaurar la relación quebrantada entre Dios y el pecador.

“Y dijo Moisés a Aarón: Acércate al altar, y haz tu expiación y tu holocausto, y haz la reconciliación por ti y por el pueblo…”. Levítico 9:7.

“Habló Jehová a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando alguna persona pecare por yerro en alguno de los mandamientos de Jehová sobre cosas que no se han de hacer, e hiciere alguna de ellas; si el sacerdote ungido pecare según el pecado del pueblo, ofrecerá a Jehová, por su pecado que habrá cometido, un becerro sin defecto para expiación. Traerá el becerro a la puerta del tabernáculo de reunión delante de Jehová, y pondrá su mano sobre la cabeza del becerro, y lo degollará delante de Jehová”. Levítico 4:1-4.

Esto también sirvió como un recordatorio que el animal inocente muere en lugar del pecador.

El cuerpo del animal fue entonces llevado afuera del campamento y quemado.

Las escrituras nos enseñan que la ignorancia no es una excusa para dejar de obedecer las leyes de Dios (Romanos 2:12-16).

La desobediencia a la voluntad de Dios es un pecado y cada pecador debe de arrepentirse y hacer expiación por medio de Jesucristo.

Ningún animal puede ser un sustituto absoluto por el pecador, pero pudo (antes de la crucifixión de Cristo) proveer una cobertura temporánea por el pecado.

Cristo es nuestra única ofrenda por el pecado.

“… Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley”. Gálatas 4:4.

Jesucristo murió en el lugar del pecador y por los pecados de toda la humanidad.

“Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él”. 2 Corintios 5:21.

Cristo también es nuestra ofrenda de restitución.

“Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz”. Colosenses 2:13, 14)

Y así todos los creyentes han escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo (2 Pedro 2:20).

Amén.

03 febrero 2010

3 de Febrero - Estudio Devocional

El sacrificio de paz fue la única ofrenda que se compartía entre tres entidades.

Primeramente…

“Y la grosura la hará arder el sacerdote en el altar, mas el pecho será de Aarón y de sus hijos. Y daréis al sacerdote para ser elevada en ofrenda, la espaldilla derecha de vuestros sacrificios de paz”. Levítico 7:31, 32.

Y todo lo que sobraba era para el consumo del oferente y su familia.

La ofrenda para el sacrificio de paz tenía que ser un buey y un carnero (Levítico 9:3, 4).

Pero las aves no se aceptaban para el sacrificio de paz.

El animal tenía que ser sin defecto, lo cual es una característica de Jesucristo quien es perfecto e impecable.

El sacrificio de paz se podía traer por la respuesta de una petición, en conexión con un voto, o por un acto de dar gracias.

No era un requerimiento, pero había leyes estrictas que se tenían que cumplir.

Para ofrendar el sacrificio de paz el oferente…

“Pondrá su mano sobre la cabeza de su ofrenda, y la degollará a la puerta del tabernáculo de reunión; y los sacerdotes hijos de Aarón rociarán su sangre sobre el altar alrededor”. Levítico 3:2.

El sacerdote quemaba la grosura sobre el altar.

La grosura siempre pertenecía a Dios y nunca se le permitía comerla a ninguna persona.

“Porque cualquiera que comiere grosura de animal, del cual se ofrece a Jehová ofrenda encendida, la persona que lo comiere será cortada de entre su pueblo”. Levítico 7:25.

En todos los sacrificios, la porción que pertenecía al Señor se presentaba primero.

Nosotros nunca debemos de darle al Señor lo que queda después que hemos cumplido con todos nuestros deseos.

Además, una recta relación con Dios siempre resulta en amor y paz en comunión con otros creyentes.

“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo”. Romanos 5:1.

El sacrificio de paz expresa una relación de paz con Dios al igual que con otras personas.

Fue un tiempo de compartir y de amistad, una ilustración perfecta que prefiguraba a la iglesia y es un recordatorio para llevarnos a no dejar de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortarnos y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca (Hebreos 10:25).

Amén.

02 febrero 2010

2 de Febrero - Estudio Devocional

La ofrenda del nuevo grano también se traduce como la ofrenda de trigo o la ley de la ofrenda.

Se podía traer junta con la ofrenda del holocausto o el sacrificio de comunión, pero nunca se podía traer junta con el sacrificio por el pecado o la ofrenda de expiación (prevaricación) y restitución (por la culpa).

“Esta es la ley de la ofrenda: La ofrecerán los hijos de Aarón delante de Jehová ante el altar… sin levadura se comerá en lugar santo; en el atrio del tabernáculo de reunión lo comerán. No se cocerá con levadura… es cosa santísima, como el sacrificio por el pecado, y como el sacrificio por la culpa”. Levítico 6:14-17.

La palabra en hebreo para la ofrenda de oblación a Jehová es la palabra… minchah, un regalo dado de una persona inferior a otra persona superior, a veces con el sentido de tributo pagado por un campesino a un rey.

La porción para el Señor era holocausto quemado en el altar y significaba que el oferente estaba ahora en una correcta relación con el altísimo Dios.

La flor de harina le recordaba al pueblo que Dios les había dado su comida y que ahora ellos le debían a Dios sus vidas.

Comúnmente el grano era molido y hecho un polvo de harina fino, el cual a veces se mezclaba con el aceite y con el incienso y siempre con sal, entonces cocido.

El incienso puro, se quemaba con el holocausto y daba un olor suave y grato a Jehová y simboliza que las oraciones y peticiones intercesoras de todas las personas que están en pacto de relación con Dios son satisfactorias y de grato olor a él.

Mientras que el holocausto representaba una consagración (dedicación) de uno mismo a Dios, la oblación representaba una consagración del servicio.

Ello también ilustraba la vida de Cristo, el Salvador impecable, que se despojó de su gloria como el Dios de la creación para ser molido como un grano de trigo por la piedra del molino de la humillación.

“Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados… ”. Isaías 53:5.

Él sobrellevó los azotes y el profundo sufrimiento, se burlaban de él cuando le pusieron la corona de espinas y finalmente murió sobre una cruz para perdonar los pecados de todo el mundo, pero ese perdón se aplica solamente a todos los pecadores arrepentidos que le reciben como Salvador y Señor.

La expiación que Jesucristo hizo le da al pecador la seguridad para recibir los beneficios del perdón de los pecados y la paz y la comunión con él.

“… el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos”. Mateo 20:28.

Amén.

01 febrero 2010

1 de Febrero - Estudio Devocional

El primer sacrificio mencionado en los tres primeros capítulos de Levítico se llama ofrenda encendida de olor grato para Jehová, que significa que la ofrenda era voluntaria y agradable a Dios.

“… Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando alguno de entre vosotros ofrece ofrenda a Jehová, de ganado vacuno u ovejuno haréis vuestra ofrenda. Si su ofrenda fuere holocausto vacuno, macho sin defecto lo ofrecerá; de su voluntad lo ofrecerá a la puerta del tabernáculo de reunión delante de Jehová. Y pondrá su mano sobre la cabeza del holocausto, y será aceptado para expiación suya…”. Levítico 1:2-4, 9.

La primera ofrenda mencionada se llamaba… el holocausto.

Ello simbolizaba que el oferente daba su propia vida en completa sumisión a Dios y sin motivos egoístas.

La ofrenda tenía que ser un becerro, una oveja, una cabra, unas tórtolas, o unos palominos, según la situación financiera del oferente (Levítico 1:3, 10, 14).

Si el oferente tenía ganado vacuno, entonces ofrecía un toro.

Si el oferente tenía rebaños de ovejas, entonces su ofrenda sería una cordero o una cabra, pero sería una ofensa a Dios si estos dos oferentes ofrecieran solamente un palomino.

Pero, si el oferente era tan pobre que no tenía rebaño o ganado, entonces una ofrenda aceptable podía ser unas tórtolas o unos palominos.

Esta fue la ofrenda hecha por José y María, la madre de Jesús, lo cual nos muestra lo pobre que ellos eran antes que los magos llegaran con sus costosos regalos (Lucas 2:22-24 - Mateo 2:11 - Levítico 12:2-8).

El proceso para la ofrenda era que el oferente tenía que poner sus manos fuertemente sobre la cabeza del animal, que simbolizaba la transferencia del pecado del culpable sobre el animal inocente para expiar por sus pecados.

El pecador entonces degollará el becerro en la presencia de Jehová y los sacerdotes hijos de Aarón ofrecerán la sangre y la rociarán alrededor sobre el altar (Levítico 1:5).

La sangre ofrecida a Dios indicaba que una vida había sido presentada como sustituto por la persona que había pecado.

Esto fue una sombra de la crucifixión la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras (Tito 2:13, 14).

Amén

Twitter Delicious Facebook Digg Stumbleupon Favorites More