Acab había reinado en el reino del norte de Israel, su capital era la ciudad de Samaria.
Su vida se resume en sólo pocas palabras…
“A la verdad ninguno fue como Acab, que se vendió para hacer lo malo ante los ojos de Jehová; porque Jezabel su mujer lo incitaba. El fue en gran manera abominable, caminando en pos de los ídolos… ”. 1 Reyes 21:25, 26.
Acab invitó a Josafat, el suegro de su hija, quien era el rey de Judá, a unirse a él en la guerra para recuperar a Ramot de Galaad, una fortaleza estratégica en la frontera con Siria.
Otros cuatrocientos de los profetas asalariados unánimemente les aseguraron a los dos reyes una gran victoria.
Pero el justo Josafat no estaba seguro y le preguntó a Acab…
“… ¿Hay aún aquí algún profeta de Jehová, por el cual consultemos?”. 1 Reyes 22:7.
Repugnantemente, Acab le contestó…
“… Aún hay un varón por el cual podríamos consultar a Jehová, Micaías hijo de Imla; mas yo le aborrezco, porque nunca me profetiza bien, sino solamente mal… ”. 1 Reyes 22:8.
El mensajero que fue mandado a sacar a Micaías de la prisión
“… habló diciendo: He aquí que las palabras de los profetas a una voz anuncian al rey cosas buenas; sea ahora tu palabra conforme a la palabra de alguno de ellos, y anuncia también buen éxito. Y Micaías respondió: Vive Jehová, que lo que Jehová me hablare, eso diré”. 1 Reyes 22:13, 14.
Si Micaías hubiese cooperado, sin duda hubiese recibido su libertad inmediatamente.
Pero Micaías sabía que la obediencia a Dios era de mucho más importancia que su libertad y con denuedo proclamó…
“… Yo vi a todo Israel esparcido por los montes, como ovejas que no tienen pastor… ”. 1 Reyes 22:17.
Micaías bruscamente predijo la muerte de Acab.
“Y el rey de Israel dijo a Josafat: ¿No te lo había yo dicho? Ninguna cosa buena profetizará él acerca de mí, sino solamente el mal”. 1 Reyes 22:18.
Entonces Acab mandó que lo llevaran otra vez a la prisión.
Dando prueba de que el profeta obediente estaba correcto, Acab murió al primer día de la batalla (1 Reyes 22:34, 37).
Las consecuencias trágicas de Acab y su desprecio de la palabra de Dios debe ser una advertencia para todos los que viven cometiendo el mismo error fatal.
Al contrario, un seguidor de Jesucristo puede demostrar una infinita paz que guarda su corazón y su entendimiento y decir como el salmista…
“A Jehová he puesto siempre delante de mí; Porque está a mi diestra, no seré conmovido”. Salmo 16:8.
Su vida se resume en sólo pocas palabras…
“A la verdad ninguno fue como Acab, que se vendió para hacer lo malo ante los ojos de Jehová; porque Jezabel su mujer lo incitaba. El fue en gran manera abominable, caminando en pos de los ídolos… ”. 1 Reyes 21:25, 26.
Acab invitó a Josafat, el suegro de su hija, quien era el rey de Judá, a unirse a él en la guerra para recuperar a Ramot de Galaad, una fortaleza estratégica en la frontera con Siria.
Otros cuatrocientos de los profetas asalariados unánimemente les aseguraron a los dos reyes una gran victoria.
Pero el justo Josafat no estaba seguro y le preguntó a Acab…
“… ¿Hay aún aquí algún profeta de Jehová, por el cual consultemos?”. 1 Reyes 22:7.
Repugnantemente, Acab le contestó…
“… Aún hay un varón por el cual podríamos consultar a Jehová, Micaías hijo de Imla; mas yo le aborrezco, porque nunca me profetiza bien, sino solamente mal… ”. 1 Reyes 22:8.
El mensajero que fue mandado a sacar a Micaías de la prisión
“… habló diciendo: He aquí que las palabras de los profetas a una voz anuncian al rey cosas buenas; sea ahora tu palabra conforme a la palabra de alguno de ellos, y anuncia también buen éxito. Y Micaías respondió: Vive Jehová, que lo que Jehová me hablare, eso diré”. 1 Reyes 22:13, 14.
Si Micaías hubiese cooperado, sin duda hubiese recibido su libertad inmediatamente.
Pero Micaías sabía que la obediencia a Dios era de mucho más importancia que su libertad y con denuedo proclamó…
“… Yo vi a todo Israel esparcido por los montes, como ovejas que no tienen pastor… ”. 1 Reyes 22:17.
Micaías bruscamente predijo la muerte de Acab.
“Y el rey de Israel dijo a Josafat: ¿No te lo había yo dicho? Ninguna cosa buena profetizará él acerca de mí, sino solamente el mal”. 1 Reyes 22:18.
Entonces Acab mandó que lo llevaran otra vez a la prisión.
Dando prueba de que el profeta obediente estaba correcto, Acab murió al primer día de la batalla (1 Reyes 22:34, 37).
Las consecuencias trágicas de Acab y su desprecio de la palabra de Dios debe ser una advertencia para todos los que viven cometiendo el mismo error fatal.
Al contrario, un seguidor de Jesucristo puede demostrar una infinita paz que guarda su corazón y su entendimiento y decir como el salmista…
“A Jehová he puesto siempre delante de mí; Porque está a mi diestra, no seré conmovido”. Salmo 16:8.









