Qué gran privilegio tenemos al unirnos con el rey David y las multitudes desde su tiempo hasta hoy y poder decir…
“Bendeciré a Jehová en todo tiempo; su alabanza estará de continuo en mi boca… Engrandeced a Jehová conmigo, y exaltemos a una su nombre… Este pobre clamó, y le oyó Jehová, y lo libró de todas sus angustias. El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende”. Salmo 34:1, 3, 6, 7.
La alabanza en nuestros cultos, a la hora de la cena y durante los devocionales diarios es algo bueno y justo y es algo que llena nuestros corazones de gozo.
Pero, el salmista nos lleva más allá de lo que se puede esperar durante un tiempo de la adoración y de la alabanza, pues él continuamente expresó su amor y su devoción al Señor.
Por eso pudo escribir…
“Y mi lengua hablará de tu justicia y de tu alabanza todo el día”. Salmo 35:28.
Dios espera que todos nosotros le alabemos aun cuando todas las cosas parecen que van de mal en peor, especialmente cuando sabemos esto.
“Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará Jehová”. Salmo 34:19.
“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”. Romanos 8:28.
El rey David sufrió numerosas injusticias a causa de los enemigos de Dios.
Él se refirió a sí mismo…
“… como un vaso quebrado… Mientras consultan juntos contra mí e idean quitarme la vida”. Salmo 31:12, 13.
David podía haber llegado al punto de enojarse o culpar a otras personas por las injusticias en su vida.
Al contrario, él declaró…
“Mas yo en ti confío, oh Jehová; Digo: Tú eres mi Dios. En tu mano están mis tiempos… ”. Salmo 31:14, 15.
Solamente cuando rendimos nuestras vidas a Dios es que encontramos la confianza, la paz y la seguridad que deseamos.
Esto no viene por “darle la mano” a Dios, pero sí viene por permanecer en él, confiados que Dios es el que nos está dando la mano, él así lo ha prometido, nosotros estamos en las manos de nuestro Padre celestial (Juan 10:28, 29).
Aunque, a veces, nosotros no tenemos el deseo de alabar a Dios por razón de algún problema que nos está preocupando, siempre tenemos que recordar que Dios todavía está sentado en el trono.
Junto con David podemos decir…
“Alegraos en Jehová y gozaos, justos; y cantad con júbilo todos vosotros los rectos de corazón”. Salmo 32:11.
Sí, sin duda y sin ninguna preocupación de las circunstancias, David dijo…
“Bendeciré a Jehová en todo tiempo; su alabanza estará de continuo en mi boca”. Salmo 34:1.
“Bendeciré a Jehová en todo tiempo; su alabanza estará de continuo en mi boca… Engrandeced a Jehová conmigo, y exaltemos a una su nombre… Este pobre clamó, y le oyó Jehová, y lo libró de todas sus angustias. El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende”. Salmo 34:1, 3, 6, 7.
La alabanza en nuestros cultos, a la hora de la cena y durante los devocionales diarios es algo bueno y justo y es algo que llena nuestros corazones de gozo.
Pero, el salmista nos lleva más allá de lo que se puede esperar durante un tiempo de la adoración y de la alabanza, pues él continuamente expresó su amor y su devoción al Señor.
Por eso pudo escribir…
“Y mi lengua hablará de tu justicia y de tu alabanza todo el día”. Salmo 35:28.
Dios espera que todos nosotros le alabemos aun cuando todas las cosas parecen que van de mal en peor, especialmente cuando sabemos esto.
“Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará Jehová”. Salmo 34:19.
“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”. Romanos 8:28.
El rey David sufrió numerosas injusticias a causa de los enemigos de Dios.
Él se refirió a sí mismo…
“… como un vaso quebrado… Mientras consultan juntos contra mí e idean quitarme la vida”. Salmo 31:12, 13.
David podía haber llegado al punto de enojarse o culpar a otras personas por las injusticias en su vida.
Al contrario, él declaró…
“Mas yo en ti confío, oh Jehová; Digo: Tú eres mi Dios. En tu mano están mis tiempos… ”. Salmo 31:14, 15.
Solamente cuando rendimos nuestras vidas a Dios es que encontramos la confianza, la paz y la seguridad que deseamos.
Esto no viene por “darle la mano” a Dios, pero sí viene por permanecer en él, confiados que Dios es el que nos está dando la mano, él así lo ha prometido, nosotros estamos en las manos de nuestro Padre celestial (Juan 10:28, 29).
Aunque, a veces, nosotros no tenemos el deseo de alabar a Dios por razón de algún problema que nos está preocupando, siempre tenemos que recordar que Dios todavía está sentado en el trono.
Junto con David podemos decir…
“Alegraos en Jehová y gozaos, justos; y cantad con júbilo todos vosotros los rectos de corazón”. Salmo 32:11.
Sí, sin duda y sin ninguna preocupación de las circunstancias, David dijo…
“Bendeciré a Jehová en todo tiempo; su alabanza estará de continuo en mi boca”. Salmo 34:1.









