31 octubre 2010

31 de Octubre - Estudio Devocional

Algunas de las mujeres que eran las seguidoras de Jesús observaron mientras que él moría en la cruz y después observaron mientras que el cuerpo de su querido Señor fue rápidamente puesto en el sepulcro de José de Arimatea que se había abierto en una peña.

“Era día de la preparación, y estaba para comenzar el día de reposo. Y las mujeres que habían venido con él desde Galilea, siguieron también, y vieron el sepulcro, y cómo fue puesto su cuerpo. Y vueltas, prepararon especias aromáticas y ungüentos; y descansaron el día de reposo, conforme al mandamiento”. Lucas 23:54-56.

El primer día de la semana, muy de mañana (Lucas 24:1) en camino al sepulcro, estas mujeres estaban bien preocupadas sobre…

“¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro? Pero cuando miraron, vieron removida la piedra, que era muy grande”. Marcos 16:3, 4.

Ellas pronto descubrieron que sus preocupaciones se habían desvanecido y hecho realidad por un ángel.

Mateo registró el terror experimentado por los guardas romanos quienes habían sido asignado para velar y sellar el sepulcro, porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra y se sentó sobre ella (Mateo 28:2, 4).

Cuando las mujeres vinieron al sepulcro para completar el proceso del entierro…

“y entrando, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. Aconteció que estando ellas perplejas por esto, he aquí se pararon junto a ellas dos varones con vestiduras resplandecientes; y como tuvieron temor, y bajaron el rostro a tierra, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado. Acordaos de lo que os habló, cuando aún estaba en Galilea, diciendo: Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día”. Lucas 24:3-7.

Animadas y con gran emoción, las mujeres corrieron a donde estaban los discípulos para relatarles este gran descubrimiento conmovedor.

Estas mujeres no tenían ninguna intensión de huir y dejar a su Señor solo en su muerte, aun cuando había sido un gentío hostil que lo había crucificado.

Nuestro amor para con el Señor Jesús y su santa palabra siempre nos da el poder para vencer a cada tentación de ser intimidados por los incrédulos.

Ni las mujeres, ni los apóstoles, estaban esperando tan gloriosa experiencia en esa mañana de la resurrección.

Dios siempre tiene mejores planes para nosotros que los que nosotros podemos pensar posibles.

“para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu… y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios. Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén”. Efesios 3:16, 19-21.

30 octubre 2010

30 de Octubre - Estudio Devocional

Los alimentos de la pascua anual de los israelitas eran un recordatorio de que la sangre de un cordero inocente y la obediencia a la palabra de Dios habían hecho posible para sus descendientes ser redimidos de la muerte, ser libertados del Faraón y de la esclavitud en Egipto y gozarse de la libertad en la tierra prometida.

En la noche de la pascua, Jesús…

“tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio (a sus doce discípulos), diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama”. Lucas 22:19, 20.

Durante esta pascua, nuestro Señor se identificó a sí mismo con el cordero del sacrificio de la pascua.

La cena del Señor es un recordatorio de que la muerte de Jesucristo en la cruz nos rescata de las manos de Satanás y nos da la libertad de la condenación de nuestros pecados para recibir la vida eterna.

Esta ordenanza es tan sagrada que el Espíritu Santo puso mucho énfasis sobre su importancia por medio del apóstol Pablo, quien nos escribió…

“… Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí… ”. 1 Corintios 11:23-25.

Es de suma importancia que consideremos cuidadosamente que nuestro Señor nos dijo…

“… haced esto en memoria de mí… ”.

Él no nos dio una sugerencia pero sí nos dio un mandamiento.

Jesús le recuerda a todos sus seguidores…

“… ¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?”. Lucas 6:46.

Y otra vez él dijo…

“El que me ama, mi palabra guardará… ”. Juan 14:23.

El Señor quería que nosotros supiéramos que su muerte en la cruz hizo toda la diferencia entre pasar la eternidad en el lago de fuego (Apocalipsis 20:14, 15) o en el cielo con él (Juan 3:16 - Juan 14:2, 3).

La cena del Señor es un recordatorio continuo de que hay perdón para todos los que, por fe, aceptan el sacrificio expiatorio de Jesús como la única forma de obtener la vida eterna.

Es también un buen tiempo para examinar…

¿Qué mala actitud hemos tenido para con otros, qué venganza y qué deseo carnal, necesitamos confesar y dejar atrás?

La cena del Señor es un recordatorio que…

“… cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa”. 1 Corintios 11:27, 28.

29 octubre 2010

29 de Octubre - Estudio Devocional

Los fariseos habían conspirado contra Jesús con la cooperación de un partido político no religioso llamado “los herodianos”, un grupo que empujaba al pueblo de Israel a estar sometido a Roma (Mateo 22:16).

Estos grupos de personas hipócritas y opuestas en su forma de pensar mandaron un comité investigador junto con unos miembros de la junta del Sanedrín, pretendiendo estar interesados en seguir a Jesús.

Ellos le dijeron a Jesús…

“Maestro, sabemos que dices y enseñas rectamente, y que no haces acepción de persona, sino que enseñas el camino de Dios con verdad. ¿Nos es lícito dar tributo a César, o no?”. Lucas 20:21, 22.

Desde que la mayoría de los judíos se sentían sumamente agraviados por el tributo (los impuestos) que tenían que pagarle al gobierno romano, este comité estaba seguro que el gentío pronto dejaría de seguir a Jesús si él decía que sí.

Y también los fariseos podían decirle al pueblo que él no podía ser el verdadero Mesías de Israel si él enseñaba que tenían que estar sujetos a un gobierno gentil.

Pero, si él decía que no, entonces el partido de los herodianos podían acusarle de conspirar en contra el gobierno romano y entonces Poncio Pilato le podía arrestar por traición.

“Mas él, comprendiendo la astucia de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis? Mostradme la moneda. ¿De quién tiene la imagen y la inscripción? Y respondiendo dijeron: De César. Entonces les dijo: Pues dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios”. Lucas 20:23-25.

Mientras que la imagen en la moneda está representando la autoridad del gobierno, también tenemos que someternos a una autoridad mayor que ella porque fuimos creados a imagen de Dios (Génesis 1:26, 27).

Esto significa que las palabras de Jesús son también verdaderas para nosotros hoy en día.

Algunos ciudadanos equivocados aceptan los beneficios del gobierno pero evitan pagar los impuestos.

Ellos ignoran las dos razones por las cuales se deben pagar los impuestos.

Los creyentes pagamos los impuestos requeridos porque obedecemos la ley, pero también lo hacemos porque es un requerimiento que le agrada a Dios.

Nosotros no podemos simplemente ignorar su mandato bien evidente.

“Por causa del Señor someteos a toda institución humana, ya sea al rey, como a superior, ya a los gobernadores, como por él enviados para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen bien”. 1 Pedro 2:13, 14.

28 octubre 2010

28 de Octubre - Estudio Devocional

Ninguna pregunta es de mayor importancia que la que hizo un hombre principal (Lucas 18:18), que vino corriendo, e hincando la rodilla delante de él (Jesús) (Marcos 10:17).

Este hombre era joven (Mateo 19:20, 22) y tenía grandes riquezas.

Hincándose de rodillas delante de Jesús, el joven le preguntó…

“… Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? Jesús le dijo… No adulterarás; no matarás; no hurtarás; no dirás falso testimonio; honra a tu padre y a tu madre”. Lucas 18:18-27 - Mateo 19:16-30 - Marcos 10:17-31.

Nadie nunca se dirigía a un escriba o a un rabino como Maestro bueno, sólo a Dios se le llamaba bueno.

Tres de los evangelios registran que el joven reconoció que Jesús era más que otro Maestro, pero como el buen Maestro.

Él sabía que más allá de la vida física, había una eternidad que él quería heredar.

En respuesta a su importante pregunta…

- ¿Qué haré para heredar la vida eterna?

“Jesús, oyendo esto, le dijo: Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme. Entonces él, oyendo esto, se puso muy triste, porque era muy rico”. Lucas 18:22, 23.

A esta respuesta no se le debe torcer el sentido a decir que la vida eterna se puede ganar por los esfuerzos personales o por los sacrificios que se hacen en dar y ayudar a otras personas.

La vida eterna sólo viene por medio de él (Jesucristo) quien nos amó y nos lavó de nuestros pecados con su sangre (Apocalipsis 1:5).

Este joven no estaba dispuesto a dejar que Jesús fuese el Señor de su vida.

Él no quería dejar atrás la influencia, el prestigio y la seguridad financiera que sus riquezas proveían.

Él pensó que él era un “buen hombre”, muy religioso, pero tristemente estaba perdido eternamente.

La Biblia no condena a las personas sólo por ser ricos, pero…

“A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos; atesorando para sí buen fundamento para lo por venir, que echen mano de la vida eterna”. 1 Timoteo 6:17-19.

Las decisiones diarias y el estilo de vida revelan lo que en verdad se cree.

Este joven rico ilustra la razón porque Jesús dijo…

“… estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan”. Mateo 7:14.

27 octubre 2010

27 de Octubre - Estudio Devocional

Nuestro Señor ilustra dos alternativas para la vida.

El primero a escoger es el hijo que vivía concentrado en sí mismo que exigió su libertad para no estar bajo la autoridad de su padre y entonces…

“No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente. Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle… ”. Lucas 15:13-16.

Una alternativa más inteligente es la segunda a escoger por este hijo pródigo, cuando dijo…

“… ¡yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti”. Lucas 15:17, 18.

La palabra “pródigo” significa malgastador, el joven malgastó la herencia de su padre.

Después que se arrepintió, su padre le hizo reconocer la seriedad de su antigua forma de vivir como un pecador al decir…

“porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse”. Lucas 15:24.

Tal y como este hijo pródigo descubrió que el amor de su padre era mucho mayor que lo que él anteriormente había reconocido, también lo podrá así descubrir cada pecador que se arrepiente y podrá ver que el Padre celestial está esperando con gran compasión para perdonar a todos los que vienen a él.

Jesús entonces habló de un hombre rico que nunca llegó a reconocer que él había malgastado su vida, aunque él había llegado a tener gran éxito.

“… en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Entonces él, dando voces, dijo:… porque estoy atormentado en esta llama”. Lucas 16:23, 24.

Fue entonces que él llegó a descubrir que el infierno es eterno y que, entre él y Abraham, había una gran sima (Lucas 16:26).

Las preocupaciones del rico con sus ganancias le llevaron a remover todo deseo de usar sus habilidades o recursos para la gloria de Dios.

El mayor propósito de nuestras breves vidas en esta tierra es prepararnos para una eternidad sin fin y después hacer todo lo posible para proveer el alimento espiritual para otras personas necesitadas.

Desde que la ciudadanía (estilo de vida) del verdadero creyente está en los cielos (Filipenses 3:20), no nos atrevemos a fijar metas mundanas, ni a ganancias materialistas, ni aun establecer las satisfacciones físicas como nuestra única prioridad.

Toda la humanidad, el rico o el pobre, tiene una cosa en común, la muerte del cuerpo abrirá la puerta al gozo de la vida eterna o a los horrores del infierno eterno.

“Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído… ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande?... ”. Hebreos 2:1, 3.

26 octubre 2010

26 de Octubre - Estudio Devocional

El Señor ilustra el peligro engañoso de la avaricia al relatar esta parábola.

“… La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?”. Lucas 12:16-20.

Por el arduo trabajo de la ocupación bien respetada de la agricultura, este hombre se había hecho muy rico.

No hay ninguna indicación de que él había obtenido sus riquezas por métodos deshonestos.

Su gran pecado que le destruyó fue que él malgastó toda su vida en satisfacer sus propios placeres.

Dios le llamó necio y después añade…

“Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios”. Lucas 12:20, 21.

Nosotros los creyentes no debemos de permitir que los deseos materiales nos distraigan de hacer la voluntad de Dios.

No debemos de preocuparnos de nuestras necesidades futuras.

Sabiendo bien la importancia de lo que comemos, lo que vestimos y la vivienda para mantener nuestras vidas, aún nuestra primera ocupación debe siempre ser…

“… buscad primeramente el reino de Dios y su justicia… ”. Mateo 6:33.

Al poder mantener con bien nuestras prioridades, nos preparamos para llegar a ser todo lo que nuestro Señor quiere que seamos y cumplir así el propósito por el cual él nos ha creado.

La manera en que usamos nuestro tiempo y nuestros talentos es una expresión de nuestra fe cristiana.

Cristo nos enseñó que la vida es verdaderamente completa cuando amamos, servimos y damos para extender las “buenas nuevas” a un mundo perdido.

Sin importar de cuantos -muchos o pocos- de talentos tenemos, o cuantas posesiones tenemos o hemos acumulado, como buenos administradores debemos de entregarnos a la oración considerando lo que Jesús quisiera hacer con lo que tenemos.

“Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre. Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado, habiendo hecho la buena profesión delante de muchos testigos”. 1 Timoteo 6:11, 12.

25 octubre 2010

25 de Octubre - Estudio Devocional

Un escriba que era un intérprete oficial de la ley de Moisés y también de las tradiciones de los ancianos…

“… se levantó y dijo, para probarle: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna?”. Lucas 10:25.

Entonces Jesús le contestó…

“… ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees? Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás. Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo?”. Lucas 10:26-29.

Jesús contestó esta pregunta con una ilustración, diciendo…

“… Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto. Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo. Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo. Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él… ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? El dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo”. Lucas 10:30-37.

Mi prójimo es cualquiera que necesita mi compasión y a quien yo tengo la oportunidad y la habilidad de ayudar.

No importa cual sea su posición, su raza, o su religión.

Nosotros solamente entramos en los sentimientos de sufrimientos y de desgracias de otras personas así como Dios lo ha hecho con nosotros (Hebreos 4:15).

Todo lo que es mío en verdad pertenece a Dios y todo lo que pertenece a Dios lo debo de compartir con mi prójimo, pues mi prójimo también fue creado por y en la imagen de Dios.

Todos nosotros necesitamos ser recordados de la respuesta que nuestro Señor le dio a este abogado.

“… Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna?”. Lucas 10:25.

Jesús le llevó a reconocer que la evidencia de la vida eterna en nuestras vidas es el deseo de obedecer la palabra de Dios.

Jesucristo dijo…

“Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros”. Juan 13:34, 35.

24 octubre 2010

24 de Octubre - Estudio Devocional

Jesús puso a prueba la sinceridad de los que serían sus discípulos cuando…

“Yendo ellos, uno le dijo en el camino: Señor, te seguiré adondequiera que vayas. Y le dijo Jesús: Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza”. Lucas 9:57, 58.

Las zorras ilustran las personas que son bien capaces y las aves de los cielos ilustran las personas mundanas.

Jesús le indicó a este hombre que si él escogía seguirle, él podía esperar tiempos de opresión y necesidad.

Jesús también estaba diciendo que él mismo no estaba atado a las posesiones del mundo, ni que sus seguidores tendrían alguna garantía de que iban a recibir los grandes recursos de este mundo.

“Entonces también dijo otro: Te seguiré, Señor; pero déjame que me despida primero de los que están en mi casa. Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios”. Lucas 9:61, 62.

Nuestro Señor no recibió a esos voluntarios que sólo estaban interesados en unirse a él teniendo sus propias condiciones, pues para servir a Cristo requiere un compromiso de vida.

El amor nos dicta que no puede haber otros compromisos al seguirle.

Jesús no estaba en aquel entonces, ni aun hoy en día, en medio de una campaña para buscar miembros, ni aun estaba contando los conversos para mostrar su éxito.

Las personas que están buscando su propio éxito y se comprometen a buscarlo se encuentran casi siempre extraviados, creyendo que habrá un día más conveniente cuando puedan escoger seguir al Señor.

Sus excusas revelan que son personas de doble ánimo.

Algunas personas carecen de tener un “ojo que es bueno” dedicado a Cristo cuando, en comparación, todo lo del mundo es de poca importancia.

Otras personas fallan al no poner a Jesús en primer lugar en sus decisiones diarias, mas todos los que lo han hecho han descubierto que la satisfacción de negarse a sí mismos sobrepasa las recompensas pasajeras que el mundo ofrece.

Todos nosotros tenemos que considerar si hay alguien o algo en nuestros corazones que nos están alejando de darle a Cristo, a su palabra y a su voluntad, el primer lugar en nuestras vidas.

Jesús nos advirtió…

“Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios… El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día”. Lucas 21:31-34.

23 octubre 2010

23 de Octubre - Estudio Devocional

Todos nosotros hemos pecado más allá de nuestra habilidad de poder contarlo y debemos de estar profundamente agradecidos de que nuestro Padre celestial nos perdona cuando nos arrepentimos de todos nuestros pecados.

Si estamos verdaderamente agradecidos, entonces trataremos a las personas que pecan contra nosotros con la misma misericordia y compasión que hemos recibido de nuestro Señor.

Jesús, quien bien sabe la tendencia de nuestros corazones humanos de ser hipócritas, nos advierte.

“¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?... Hipócrita, saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja que está en el ojo de tu hermano”. Lucas 6:41, 42.

Es nuestra responsabilidad reconocer la paja (lo malo) por lo que en verdad es, pero nosotros debemos de considerar primeramente la viga propia (nuestras críticas y actitudes negativas hacia otras personas).

Sólo entonces somos aptos para ayudar a otros en sus necesidades.

Un corazón de compasión y cuidado para ayudar a otros es contrario a las personas que ignoran sus propias faltas y fracasos y que casi nunca pierden una oportunidad para chismear sobre la conducta o los fracasos de otras personas.

A veces estamos dispuestos a exagerar e implicar que las acciones de otras personas tiene motivos malvados.

Gracias que Dios es un Dios de misericordia, que nos perdona por completo cuando nos arrepentimos de nuestros pecados.

Pero tenemos la tendencia de juzgarnos según nuestras buenas intenciones pero juzgamos a los otros por sus errores.

Desde el punto de vista de que esperamos la misericordia de Dios en nuestras vidas, esto pone una gran demanda sobre nosotros para extender esa misma misericordia hacia otras personas.

“mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas”. Mateo 6:15.

El criticar y el menospreciar a otras personas es a veces una forma de justificarse a sí mismo y de aumentar la autoestima.

También, es más fácil llegar rápidamente a las conclusiones sin oír cuidadosamente todo lo sucedido.

Todos tenemos una habilidad asombrosa para juzgar erróneamente los pensamientos y las acciones de otras personas.

Los críticos siempre viven buscando y encontrando algo mal con todo lo que se dice o se hace por otros a quienes ellos desean despreciar.

Jesús habló en contra de esta justificación personal al decir…

“… saca primero la viga de tu propio ojo… ”. Lucas 6:42.

Es entonces que el amor de Cristo puede expresarse por medio de nuestras vidas.

“Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado”. Gálatas 6:1.

22 octubre 2010

22 de Octubre - Estudio Devocional

Algunas personas piensan que ellos pueden alabar a Dios en un lago pescando o en sus casas descansando al igual que en la iglesia.

Pero, al contrario, Jesús reconoció la necesidad de honrar a Dios al asistir regularmente a los cultos de adoración.

Leemos que él enseñaba en las sinagogas de ellos (Lucas 4:15), mientras que estaba en Galilea.

“Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer”. Lucas 4:16.

Jesús fue invitado a hablar…

“Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito: Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; A predicar el año agradable del Señor. Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él”. Lucas 4:17-20 - Isaías 61:1, 2.

La escritura que Jesús leyó contenía una mención bien clara de las tres personas de la trinidad, el Espíritu Santo, el Padre y el único ungido.

El pueblo se quedó asombrado…

“… y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él. Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros”. Lucas 4:20, 21.

Ellos se maravillaron de sus palabras de gracia (Lucas 4:22), pero también sabían que él estaba claramente refiriéndose a sí mismo como el Mesías que había sido profetizado por Isaías y otros de los profetas empezando con Génesis 3:15.

Nos podemos imaginar lo sorprendida que se quedó la gente cuando Jesús dijo que él mismo, quien ellos asumían era el hijo, según se creía, de José (Lucas 3:23), era su verdadero Mesías que por mucho tiempo habían esperado.

La congregación que estaba oyendo a Jesús se enfureció tanto de que él se estaba igualando a sí mismo con Dios, que ellos interrumpieron el servicio de adoración, le echaron fuera de la ciudad y trataron de matarle por blasfemar al llevarle hasta una cumbre para despeñarle, mas él pasó por en medio de ellos y se fue (Lucas 4:28-30).

Lucas acentuó claramente que Jesucristo es Dios (el Mesías).

Qué fácil es caer en el error de seguir las emociones en vez de la verdad revelada en la palabra de Dios.

En desemejanza a los judíos de Nazaret, un poco después se ven los judíos en Berea que eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las escrituras para ver si estas cosas eran así (Hechos 17:11).

21 octubre 2010

21 de Octubre - Estudio Devocional

La pascua trajo a José y María a Jerusalén cada año.

Cuando Jesús cumplió 12 años de edad, José y María estaban ocupados en la preparación para volver a su casa después de la fiesta.

“Y pensando que (Jesús) estaba entre la compañía (el grupo), anduvieron camino de un día; y le buscaban entre los parientes y los conocidos; pero como no le hallaron, volvieron a Jerusalén buscándole. Y aconteció que tres días después le hallaron en el templo, sentado en medio de los doctores de la ley, oyéndoles y preguntándoles”. Lucas 2:44-46.

Después de encontrarlo en el templo, María le dijo…

“… Hijo, ¿por qué nos has hecho así? He aquí, tu padre y yo te hemos buscado con angustia”. Lucas 2:48.

Jesús calmadamente le explicó a María y a José su razón por haber estado en el templo, diciéndoles…

“… ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?”. Lucas 2:49.

Jesús les dejó saber bien claro quien era su Padre real.

La devoción a los intereses de su Padre celestial le llevó al templo, pero su sumisión a la voluntad de su Padre también le causó volver otra vez a Nazaret donde estaba sujeto (obediente) a ellos (Lucas 2:51).

En esta era de rebelión, muchos jóvenes no son disciplinados para estar sumisos a sus padres o a ninguna otra persona.

El honrar y el obedecer a la autoridad de los padres que ha sido ordenada por Dios, es el primer mandamiento con promesa (Efesios 6:2).

Los padres que viven en sumisión a Dios tienen una gran responsabilidad para con sus hijos de enseñarles todo lo espiritual, especialmente por medio de sus propios ejemplos personales, sus devocionales diarios y por la asistencia regular a una iglesia que enseña la Biblia.

Son dignos de lástima los padres que se rebelan contra las restricciones que se les pone en el trabajo, en la iglesia o en la comunidad.

Tales personas pueden aun pensar que ellos tienen el derecho de vivir independientes de la autoridad ordenada por Dios, pero ellos sí esperan que sus hijos sean obedientes a las autoridades.

“Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos”. Romanos 13:1, 2.

20 octubre 2010

20 de Octubre - Estudio Devocional

Jesús hubiese nacido con la naturaleza pecaminosa de Adán si José hubiese sido su padre biológico.

Esto hubiese hecho de Jesús un pecador igual que toda la humanidad y así no hubiese podido ser el impecable sacrificio para pagar por nuestros pecados.

Pero Gabriel, el mensajero angélico de las buenas nuevas, vino a María y le dijo…

“… ¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres… Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre… y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios”. Lucas 1:28, 31, 32, 35.

Lucas registró que cuando María vio al ángel se turbó por sus palabras sumamente (Lucas 1:29).

José también se turbó cuando él supo que María estaba en cinta y contempló un divorcio privado.

“Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”. Mateo 1:20, 21.

Esto debe haber sido de mucha consolación para María.

En vez de vivir bajo esa sospecha, José recibió una confirmación milagrosa de la virginidad de María.

Unos 700 años antes, Isaías predijo…

“Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel”. Isaías 7:14.

“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz”. - Isaías 9:6.

El nacimiento de Jesús reveló su única naturaleza como Dios y como Hombre.

El profeta Miqueas había profetizado que el Mesías iba a nacer en Belén Efrata y que sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad (Miqueas 5:2).

Este pequeño pueblecito, unas seis millas al sur de Jerusalén, era llamado la Ciudad de David, porque allí fue donde el rey David nació.

“Zacarías… profetizó, diciendo: Bendito el Señor Dios de Israel, Que ha visitado y redimido a su pueblo”. Lucas 1:67-75.

19 octubre 2010

19 de Octubre - Estudio Devocional

Simón, un leproso a quien Jesús había sanado, vivía en Betania, un pequeño pueblo situado entre las lomas del monte de los Olivos a menos de tres kilómetros de Jerusalén.

Solamente unos días antes de que Jesús fuera crucificado, Simón invitó a Jesús y a sus apóstoles a una cena en su casa.

Mientras que ellos estaban sentados comiendo, vino una mujer con un vaso de alabastro de perfume de nardo puro de mucho precio y quebrando el vaso de alabastro, se lo derramó sobre su cabeza (Marcos 14:3 - Mateo 26:6-13 - Juan 12:1-8).

Este perfume de nardo puro estaba valorado en más de trescientos denarios, que era como las ganancias de un año para un obrero común (Marcos 14:5 - Mateo 20:2).

El apóstol Juan fue quien registró que había sido Judas quien había hablado en voz alta, diciendo…

“¿Por qué no fue este perfume vendido por trescientos denarios, y dado a los pobres? Pero dijo esto, no porque se cuidara de los pobres, sino porque era ladrón, y teniendo la bolsa (del dinero), sustraía de lo que se echaba en ella”. Juan 12:5, 6.

Para Judas, cualquier cosa que se derramara sobre Jesús era una pérdida, él codiciaba el dinero que se podía haber obtenido al vender el perfume.

Pero Jesús le contestó…

“… Déjala; para el día de mi sepultura ha guardado esto. Porque a los pobres siempre los tendréis con vosotros, mas a mí no siempre me tendréis”. Juan 12:7, 8.

La oportunidad ya perdida de vender el perfume y cogerse el dinero, junto con la fuerte reprimenda que Jesús le dio y el gran honor que María le había otorgado a Jesús, probablemente enfurecieron mucho más a Judas, quien fue a los principales sacerdotes para entregárselo (Marcos 14:10).

La verdadera razón por la cual Judas estaba entre los doce apóstoles se hizo bien clara cuando le dijo a los principales sacerdotes…

“… ¿Qué me queréis dar, y yo os lo entregaré?... ”. Mateo 26:15, 16.

“Ellos, al oírlo, se alegraron, y prometieron darle dinero… ”. Marcos 14:11.

La traición de Judas junto con la cantidad de dinero que iba a recibir, todo fue profetizado por uno de los profetas del Señor unos 600 años atrás.

“Y les dije: Si os parece bien, dadme mi salario; y si no, dejadlo. Y pesaron por mi salario treinta piezas de plata”. Zacarías 11:12.

Nuestra generación no es muy diferente a la generación durante los días de Jesús aquí en la tierra.

La pecaminosa naturaleza humana sigue siendo igual.

Cada persona tiene que tomar una decisión personal si va a aceptar o a rechazar a Jesús como el Salvador y el Señor de su vida.

La pregunta hecha por Poncio Pilato debe de aun contestarse…

“… ¿Qué, pues, haré de Jesús, llamado el Cristo?... ”. Mateo 27:22.

18 octubre 2010

18 de Octubre - Estudio Devocional

Jesucristo fue interrogado por un escriba, quien le preguntó…

“… ¿Cuál es el primer mandamiento de todos?”. Marcos 12:28.

Jesús le contestó citando el libro de Deuteronomio 6:4, 5.

“… El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento”. Marcos 12:29, 30.

Jesús entonces citó al libro de Levítico 19:18, diciéndole…

“Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos”. Marcos 12:31.

La palabra hebrea “Elohenu” se traduce al español como “nuestro Dios”.

Sin embargo…

Dios escogió usar la forma plural “Elohim”, queriendo decir “Dioses”, unas 2.500 veces en referencia a sí mismo como el que existe por su propio poder, el único Dios verdadero.

Esto, entonces es lo que la sagrada proclamación a Israel literalmente nos dice…

“… Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es”.

Además, la palabra hebrea para “único” que aquí se usa es también una solemne declaración de que el Señor es una unidad plural.

El “único” (El-echad) es una palabra que expresa “uno” en un sentido colectivo.

En esto vemos una unidad compuesta -no una unidad absoluta.

Por ejemplo, Dios dijo…

“Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne”. Génesis 2:24.

Aun con muchos hijos, todavía le llamamos a esta unidad “una” familia.

La expresión “un tabernáculo” (Éxodo 36:13) incluía muchas partes individuales.

Sin embargo…

Sí hay una palabra en hebreo que representa “uno” en el sentido de “uno absoluto”.

Es la palabra “yacheed” y vemos que esta palabra nunca es usada para expresar la deidad, aunque es usada muchas veces en las santas escrituras.

Esta verdad manifiesta la ignorancia de todos los que se niegan a reconocer a Jesús como el único Dios verdadero, el creador de todas las cosas.

El Espíritu Santo guio al apóstol Pablo a escribir sobre Jesús…

“Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra… ”. Colosenses 1:16.

Todas las personas que rechazan a Jesús como nuestro Dios y al Espíritu Santo como el único quien nos guiará a toda la verdad (Juan 16:13) están, de hecho, rechazando la revelación de Dios mismo como Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu Santo.

Jesús no dejó ninguna duda en cuanto a quien él era cuando él dijo…

“Yo y el Padre uno somos”. Juan 10:30 - Juan 5:18 - Juan 12:45 - Juan 14:9-11, 20.

17 octubre 2010

17 de Octubre - Estudio Devocional

El rey Herodes había arrestado a Juan el Bautista…

“… por causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano; porque Juan le decía: No te es lícito tenerla… y ordenó decapitar a Juan en la cárcel”. Mateo 14:3, 4, 10.

En un esfuerzo para arrestar a Jesús y también esperando que Herodes lo mandara a asesinarlo, los fariseos le preguntaron a Jesús para tentarle…

“… si era lícito al marido repudiar a su mujer”. Marcos 10:2.

Jesús no tuvo miedo de ellos, sino que les citó la palabra de Dios, diciéndoles…

“pero al principio de la creación, varón y hembra los hizo Dios. Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne; así que no son ya más dos, sino uno. Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre”. Marcos 10:6-9 - Génesis 2:24.

La mayor responsabilidad en una relación matrimonial descansa sobre el esposo, quien debe de amar a su esposa, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó a sí mismo por ella (Efesios 5:25).

Aunque existen numerosas imperfecciones dentro de la iglesia, Jesús no repudia su iglesia para ir a buscar otros medios para unir a su pueblo en seguirle a él.

Además, Jesús no fuerza a nadie a estar sumiso a él.

La conducta y la compasión del esposo para con su esposa necesitan ser tal y como las de Cristo por su iglesia.

Cristo establece el ejemplo y él mismo nos guía en el camino de la compasión, de la bondad y del perdón.

Cuando un hombre vive en sumisión a Cristo, él prepara el camino para que su esposa también desee vivir en sumisión a él.

“Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo”. Efesios 5:24.

Es de suma importancia que la esposa se sienta segura en el amor de su esposo.

Pues, entonces, es la responsabilidad del esposo dejarle saber a su esposa que ella le es muy importante.

Dios creó el mundo y puso a Adán como su encargado.

Dios creó a Eva para ser ayuda idónea para Adán.

El esposo con su esposa son un equipo y deben de ser benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo (Efesios 4:32).

16 octubre 2010

16 de Octubre - Estudio Devocional

Jesús y sus discípulos habían estado en la famosa ciudad de los idólatras de Cesarea de Filipo (Marcos 8:27).

Fue aquí donde Jesús…

“… en el camino preguntó a sus discípulos, diciéndoles: ¿Quién dicen los hombres que soy yo? Ellos respondieron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los profetas. Entonces él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy? Respondiendo Pedro, le dijo: Tú eres el Cristo”. Marcos 8:27-29.

Un breve tiempo después, Jesús invitó al pueblo a seguirle, pero con algunos requisitos, diciéndoles…

“… Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará. Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará también de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles”. Marcos 8:34-38.

Fue en esta misma región que seis días después, Jesús y tres de sus discípulos fueron…

“… aparte solos a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos… Y les apareció Elías con Moisés, que hablaban con Jesús”. Marcos 9:2-4.

Moisés y Elías estaban ahora en la presencia de su Mesías.

Durante este grandioso evento, los dos profetas del Antiguo Testamento hablaron con Jesús sobre su partida (muerte), que iba Jesús a cumplir en Jerusalén (Lucas 9:31).

Moisés, que representaba la ley de Dios y Elías, que representaba a los profetas de Dios, se aparecieron para honrar a Jesús antes de su sufrimiento, su muerte en la cruz y su resurrección física.

Pedro cometió el error de sugerir que ellos hicieren tres enramadas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías, porque no sabía lo que hablaba, pues estaban espantados (Marcos 9:5, 6).

Sin embargo…

Desde que Jesucristo es el unigénito Hijo de Dios, él solo es digno de toda nuestra adoración y obediencia (Apocalipsis 4:9-11).

Nada, ni nadie, puede reemplazar ni ser igual a la comunión personal con Jesús como nuestro Señor.

Después de la sugerencia de Pedro de hacer tres enramadas…

“Entonces vino una nube que les hizo sombra, y desde la nube una voz que decía: Este es mi Hijo amado; a él oíd”. Marcos 9:7.

15 octubre 2010

15 de Octubre - Estudio Devocional

Los fariseos insistían que la ley de Dios fuese observada tal y como los escribas la interpretaban, ellos creían en las escrituras del Antiguo Testamento, pero ellos se aferraban a la tradición de los ancianos más que a las escrituras (Marcos 7:3).

Ellos creían que los discípulos de Jesús se habían contaminado porque ellos no se lavaban antes de comer según las ceremonias descritas por los fariseos anteriores y la tradición de los ancianos.

Debería haber sido un gran despertamiento al oír a Jesús decir…

“Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito: Este pueblo de labios me honra, mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres… invalidando la palabra de Dios con vuestra tradición que habéis transmitido”. Marcos 7:6-8, 13.

Después, Jesús les explicó a sus discípulos…

“… ¿No entendéis que todo lo de fuera que entra en el hombre, no le puede contaminar?... Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre”. Marcos 7:18-23.

Satanás a veces sugiere malos pensamientos, pero sólo llegan a convertirse en pecados cuando los aceptamos y empezamos a vivir en ellos.

Nos engañamos si asumimos que no hay ningún daño en vivir en los pensamientos pecaminosos mientras que nunca se hablen o se lleven a cabo físicamente.

Pero, el Espíritu Santo guio al apóstol Pablo a escribir…

“Por cuanto los designios de la carne (del mundo) son enemistad (hostil) contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden”. Romanos 8:7.

Los verdaderos creyentes tenemos una responsabilidad y la habilidad, por medio del Espíritu Santo que mora en nosotros, para poder vencer a todos los pensamientos pecaminosos…

“derribando argumentos y toda altivez (orgullo) que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo”. 2 Corintios 10:4, 5.

Un verdadero compromiso para leer toda la palabra de Dios con un gran deseo de agradecer al Señor producirá cambios interiores en nuestra conducta y en nuestras actitudes que causarán un gran efecto en todo lo que decimos y en todo lo que hacemos.

“Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne”. Gálatas 5:16.

14 octubre 2010

14 de Octubre - Estudio Devocional

Jesucristo describe en una parábola cuatro tipos de respuestas de aquellos que oyen su palabra, diciendo…

“Oíd: He aquí, el sembrador salió a sembrar; y al sembrar, aconteció que una parte cayó junto al camino, y vinieron las aves del cielo y la comieron”. Marcos 4:1-4.

Esto quiere decir que hay personas que solamente responden al evangelio con una gran indiferencia que les destruye.

Ellos representan los oyentes que no expresan interés en los valores espirituales pero están bien interesados en los placeres y la satisfacción de sus propios deseos.

Ellos oyen la palabra de Dios.

“… pero después que la oyen, en seguida viene Satanás, y quita la palabra que se sembró en sus corazones”. Marcos 4:15.

Otras personas que oyen su palabra son como la semilla que cayó en pedregales (Marcos 4:5).

Al principio ellos parecen recibirla, pero muy pronto pierden el interés.

“Estos son asimismo… los que cuando han oído la palabra, al momento la reciben con gozo; pero no tienen raíz en sí, sino que son de corta duración, porque cuando viene la tribulación o la persecución por causa de la palabra, luego tropiezan”. Marcos 4:16, 17.

Los pedregales significan un lugar con piedras sólidas debajo y muy poca profundidad de tierra encima.

Estos conversos parecen estar llenos de vida y con un gran futuro, pero cuando son confrontados por un estilo de vida que no es consistente con la vida del creyente o viene alguna persecución por haber seguido la palabra de Dios, ellos inmediatamente huyen.

Otros conversos son como las semillas…

“… que fueron sembrados entre espinos: los que oyen la palabra, pero los afanes de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas, entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa”. Marcos 4:18, 19.

Tales personas parecen reconocer el verdadero valor de caminar con Cristo y de la vida eterna, pero nunca han podido separarse de los pecados del pasado.

Cuando las cosas del mundo que detienen a una persona en dedicarse a Cristo no son arrancadas, gradualmente toman el control de su corazón y los intereses espirituales son atropellados.

Pero un grupo de personas más serias que oyen bien la palabra de Dios son como las semillas…

“… que fueron sembrados en buena tierra: los que oyen la palabra y la reciben, y dan fruto a treinta, a sesenta, y a ciento por uno”. Marcos 4:20.

Por la fe, ellos aprenden a quebrantar sus lugares de pedregales, quitando cada cosa que impide su crecimiento espiritual.

Ellos saben desarraigar las hierbas malas y los espinos de la falsa motivación y dan mucho fruto.

Jesús nos ha dicho a todos…

“Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer”. Juan 15:5.

13 octubre 2010

13 de Octubre - Estudio Devocional

Dios había dirigido a Moisés, diciéndole…

“Manda a los hijos de Israel que echen del campamento a todo leproso… para que no contaminen el campamento de aquellos entre los cuales yo habito”. Números 5:2, 3.

Ninguna enfermedad ocupa más espacio en los escritos de las escrituras como la lepra.

Extrañamente, al principio sólo aparece como una mancha blanca y después rosada.

Mientras que la lepra progresa lentamente, llega a ser muy aborrecible y muchas veces fatal en sus consecuencias.

Esto ilustra cómo es que la lepra parece insignificante al principio, pero si continúa, sus consecuencias siempre nos llevan a la desolación.

Un leproso termina perdiendo su habilidad de sentir el dolor.

Pero, aun peor, mientras que la lepra progresa, los dedos de las manos y de los pies se van pudriendo y al fin se caen.

Por siglos, los leprosos eran incurables, eran considerados los despreciables de la sociedad que no se podían tocar.

Uno de estos desechados digno de lástima vino con intrepidez a Jesús.

“Vino a él un leproso, rogándole; e hincada la rodilla, le dijo: Si quieres, puedes limpiarme”. Marcos 1:40.

Cuando el leproso dijo… si quieres, él no tenía ninguna duda que Jesús podía limpiarle.

Pero él dudaba de su buena voluntad de hacerlo desde que la lepra era más peor que cualquier otra enfermedad incurable, pues también le hacía al leproso una persona inmunda para las ceremonias.

No quiso decir…

- ¿Podría él?

Sino…

- ¿Lo haría él?

“Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, sé limpio”. Marcos 1:41.

Mateo registró que este leproso se postró ante él para adorarle (Mateo 8:2) y Lucas dijo que se postró con su rostro en tierra ante él (Lucas 5:12).

Sólo Marcos nos dice que Jesús teniendo misericordia de él, entonces extendió su mano amorosa a este leproso inmundo y le tocó.

Jesús teniendo misericordia, expresó la más fuerte de las emociones humanas y la expresión verdadera de su amoroso corazón.

Cuando Jesús le tocó esto mostró su compasión por medio de sus palabras…

“… Quiero, sé limpio”. Marcos 1:41 - Lucas 5:13.

Hoy en día Jesús nos dice…

“Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado”. Juan 15:3.

La fe en Dios viene por el oír su palabra (Romanos 10:17).

Al saber que estamos salvos, tal y como el leproso que Jesús limpió quien comenzó a publicarlo mucho (Marcos 1:45), todos nosotros también vamos a querer decirle a otras personas lo que Jesús ha hecho por nosotros.

Mientras que observamos a los pecadores por todo nuestro alrededor y vemos cómo el pecado está destruyendo la vida espiritual de la gente, es muy importante también recordar que…

“El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento”. 2 Pedro 3:9.

12 octubre 2010

12 de Octubre - Estudio Devocional

La resurrección de Jesús les dio a sus discípulos la llave para entender que su rey y su reino los dos eran eternos.

“Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado… ”. Mateo 28:18-20.

Cuando somos bautizados en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo estamos proclamando toda la plenitud de la deidad.

Así, por el bautismo público, confesamos delante del mundo que Dios es nuestro Padre celestial.

La frase “y del Hijo” es nuestro testimonio al mundo que Jesús es ahora el Salvador y el Señor de nuestras vidas.

Sobre nuestra confesión, el Espíritu Santo viene a ser nuestro santificador, consolador, y guía por toda una vida (Juan 14:26 - Juan 16:13).

Esto confirma la trinidad de la deidad y proclama que el único Dios también se expresa en tres personas.

El nacer de nuevo (Juan 3:3, 7) por su Espíritu Santo es una experiencia sobrenatural que cambia el corazón y transforma nuestro ser a una vida que alaba y sirve al Señor diariamente.

Esto no quiere decir que vamos a llegar a la perfección en esta vida, pero tal y como Pedro nos insiste.

“… desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación”. 1 Pedro 2:1, 2.

El Señor ha provisto sólo un libro y su Espíritu Santo para decirnos cómo debemos vivir y lo que él espera que hagamos.

El apóstol Pablo proclama en el libro de Tito.

“Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras… ”. Tito 2:11-15.

Sin excepción todos nosotros a veces no cumplimos con el Señor pero, todos podemos decir juntos con el apóstol Pablo…

“Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”. Filipenses 3:13, 14.

11 octubre 2010

11 de Octubre - Estudio Devocional

Jesús se representó a sí mismo en esta parábola, diciendo…

“Porque el reino de los cielos es como un hombre que yéndose lejos, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes. A uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su (propia) capacidad; y luego se fue lejos”. Mateo 25:14, 15.

Estos talentos no pertenecían a los siervos, pero seguían siendo la propiedad de su dueño.

Ellos tenían que ser los administradores de los bienes que se les habían encargado.

Los bienes en esta parábola representan las oportunidades y las habilidades que Dios nos ha dado y que él espera que usemos para edificar su reino.

El siervo que recibió cinco talentos reconoció que lo qué él había recibido pertenecía a su dueño.

En el día del juicio él pudo decir…

“… Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros cinco talentos sobre ellos”. Mateo 25:20.

“Asimismo el que había recibido dos, ganó también otros dos”. Mateo 25:17.

El Señor no esperaba que este siervo ganase cinco talentos desde que a él se le había dado también según su habilidad.

Los dos primeros siervos fueron fieles en ganar el doble de sus talentos y fueron encomendados igualmente.

El tercer siervo había recibido un talento.

Pero él no trató de cumplir con su dueño.

Al contrario, el que había recibido uno fue y cavó en la tierra y escondió el dinero de su señor (Mateo 25:18).

Su esfuerzo para mantener su “propia seguridad” aquí en la tierra no tenía excusa.

Él trató de dar excusas tal y como muchas personas hoy en día que muestran gran diligencia en sus trabajos en el mundo, pero después dicen…

- Estoy muy ocupado ahora.

- Ya serviré al Señor cuando sea más conveniente o después que esté jubilado.

Las consecuencias de despreciar las oportunidades para servir a su dueño eran irreversibles, ya no había una segunda oportunidad para revivir su vida.

El Señor entonces declaró…

“Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes”. Mateo 25:30 - Mateo 8:12 - Mateo 22:13 - Mateo 24:51.

Podemos decidir ignorar nuestras oportunidades para servir al Señor, no dar nuestras ofrendas y profanar el día del Señor pero sin excepción.

“De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí”. Romanos 14:12.

“¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”. 1 Corintios 6:19, 20.

10 octubre 2010

10 de Octubre - Estudio Devocional

Después de la purificación del templo y de denunciar a los líderes religiosos como hipócritas, el Señor se sentó en el monte de los Olivos con sus discípulos y les predijo esto…

“… muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos; y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo. Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin… El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”. Mateo 24:11-14, 35.

Como los antiguos fariseos los “falsos profetas” de hoy en día substituyen las opiniones populares y las filosofías morales contemporáneas por la autoridad de la palabra de Dios.

Sobre el monte de los Olivos, sólo tres días antes de la crucifixión, nuestro Señor predijo la destrucción del templo, el cual fue destruido unos 40 años después de su resurrección.

Jesús también habló sobre su futura segunda venida, diciendo…

“Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre”. Mateo 24:36.

Él también nos advirtió…

“Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor… Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis”. Mateo 24:42, 44.

Jesús no trató de dar detalles sobre la inminente destrucción del templo de Jerusalén, ni aun sobre el fin de esta presente era que está por venir.

Pero estas palabras dichas por nuestro rey nos dan a entender la importancia de siempre estar preparados, pues así nos habló en la parábola de los dos siervos, diciendo…

“¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo? Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así. De cierto os digo que sobre todos sus bienes le pondrá. Pero si aquel siervo malo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir; y comenzare a golpear a sus consiervos, y aun a comer y a beber con los borrachos, vendrá el señor de aquel siervo en día que éste no espera, y a la hora que no sabe, y lo castigará duramente, y pondrá su parte con los hipócritas; allí será el lloro y el crujir de dientes”. Mateo 24:45-51.

09 octubre 2010

9 de Octubre - Estudio Devocional

El día antes de la crucifixión y sólo un día después de su entrada triunfal a Jerusalén, entró Jesús en el templo de Dios y echó fuera a todos los que vendían y compraban…

“y les dijo: Escrito está: Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones”. Mateo 21:12, 13 - Isaías 56:7.

Los principales sacerdotes estaban enfurecidos y mandaron una delegación a interrumpir a Jesús…

“mientras enseñaba, y le dijeron: ¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿y quién te dio esta autoridad?”. Mateo 21:23.

Ellos se estaban refiriendo a toda la alabanza que Jesús había aceptado de la multitud como el Mesías y también le preguntaron sobre quien le había dado la autoridad para echar a los cambistas de dinero del templo.

Por esta razón ellos conspiraron para matar a Jesús (Mateo 26:4).

El templo pertenecía a Dios, quien moraba entre ellos.

La purificación del templo por Jesús ilustra la purificación que Cristo solo trae a nuestras vidas por medio del sacrificio (la expiación) por su sangre (Mateo 26:28 - 1 Juan 1:7 - Apocalipsis 1:5).

Después de anunciar su juicio sobre las actividades en el templo…

“Respondiendo Jesús, les volvió a hablar en parábolas, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un rey que hizo fiesta de bodas a su hijo… Las bodas a la verdad están preparadas; mas los que fueron convidados no eran dignos. Id, pues, a las salidas de los caminos, y llamad a las bodas a cuantos halléis…. Y entró el rey para ver a los convidados, y vio allí a un hombre que no estaba vestido de boda… Entonces el rey dijo a los que servían: Atadle de pies y manos, y echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes”. Mateo 22:1-13.

Porque el estar separado eternamente de Dios es tan absoluto y tan terrible, Jesús nos habló mucho más de las tormentas horribles de este infierno eterno llamado el lago de fuego (Apocalipsis 20:10) que ninguno de todos los escritores del Nuevo Testamento puestos juntos.

En esta parábola, Jesús nos enseña sobre el error de los que se suponen poder entrar en el cielo por ser muy buenos.

El apóstol Pablo nos dice…

“Porque hay aún muchos contumaces, habladores de vanidades y engañadores, mayormente los de la circuncisión… Profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan, siendo abominables y rebeldes, reprobados en cuanto a toda buena obra”. Tito 1:10, 16.

08 octubre 2010

8 de Octubre - Estudio Devocional

El apóstol Pedro le hizo una pregunta al Señor muy importante, más aun de lo que él pensaba, cuando le preguntó a Jesús…

“… Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete”. Mateo 18:21, 22.

Pedro pensó que era bien generoso al sugerir hasta siete veces.

Pues eso era el doble de lo que se requería por las tradiciones de los escribas, más aun uno más, por un total de hasta siete veces.

El negarse a perdonar a las personas sus pecados contra nosotros, mientras que al mismo tiempo estamos esperando que Cristo nos perdone todos nuestros pecados contra él, que cometemos cada día por toda una vida, es un pecado fatal.

Jesucristo nos amonesta, diciéndonos mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas (Mateo 6:15).

El Señor nos da una ilustración de un siervo que le debía diez mil talentos a su rey (Mateo 18:24).

Esta cantidad le era imposible pagarla aun en toda una vida.

“Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó y le perdonó la deuda. Pero saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos, que le debía cien denarios; y asiendo de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que me debes. Entonces su consiervo, postrándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. Mas él no quiso, sino fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase la deuda”. Mateo 18:26-30.

Cuando su rey se enteró de lo que había pasado…

“… le dijo: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste. ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti? Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía. Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas”. Mateo 18:31-35.

Cuando nosotros consideramos el temor de Jehová, encontramos que es mucho más fácil perdonar a otras personas.

“Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo”. Efesios 4:31, 32 - Mateo 6:14, 15.

07 octubre 2010

7 de Octubre - Estudio Devocional

Cesarea de Filipo era el famoso lugar de Pan, el dios griego representativo de todos los dioses del paganismo como también del dios Baal, considerado como “el dueño del cielo y de la tierra”.

La ciudad estaba situada a unos 40 kilómetros al norte del Mar de Galilea, al pie del lado sur de los montes del Hebrón, con su cumbre llena de nieve a unos 9.000 pies sobre el nivel del agua, la montaña más alta en la tierra prometida (Mateo 17:1).

Muchos eruditos creen que la transfiguración de Jesús se realizó aquí.

En medio de un gran número de idólatras, Jesús les preguntó a sus discípulos.

“… ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas. El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. Mateo 16:13-16.

Nuestro Señor entonces introdujo las palabras “mi iglesia” por primera vez (Mateo 16:18).

Una iglesia, es una comunidad de personas que son hermanos y hermanas que se cuidan en compañerismo los unos con los otros y con Jesucristo quien es la cabeza del cuerpo que es la iglesia.

La iglesia está compuesta de personas redimidas por su sangre y comprometidas a Jesucristo como su Salvador y Señor bajo la disciplina de la palabra de Dios.

Ellos reconocen su responsabilidad de ayudarse los unos a los otros en vivir en pacto de relación con Cristo sabiendo que la iglesia es el cuerpo de Cristo.

“Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular”. 1 Corintios 12:27.

Aunque parece muy extraño, algunos de los seguidores de Jesucristo se descuidan de su responsabilidad del compañerismo con otros creyentes cada domingo para celebrar el día del Señor.

Sin ellos saberlo, su influencia espiritual con su propia familia llega a ser débil e ineficaz.

Aun peor, ellos profanan el día del Señor con sus placeres egoístas.

En una comparación sorprendente…

“… Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha”. Efesios 5:25-27 - 1 Corintios 1:10.



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06 octubre 2010

6 de Octubre - Estudio Devocional

En la primera parábola que Mateo registró, Jesús describió cuatro clases de respuestas de aquellos que oían su palabra.

El verdadero discípulo de Cristo es representado por el que fue sembrado en buena tierra, el cual al mismo tiempo da fruto y produce a ciento, a sesenta y a treinta por uno (Mateo 13:8-23).

Su segunda parábola fue la cizaña (la hierba mala) que creció en el mismo campo con el trigo pero no produjo fruto (Mateo 13:24-30).

La cizaña parece idéntica al trigo mientras que está creciendo.

En su primera etapa, sólo los expertos conocen la diferencia.

Pero, cuando esta hierba mala llega a su madurez, su punta revela que no tiene fruto ni es de valor alguno.

En esta parábola, el Maestro nos dice…

“Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega… ”. Mateo 13:30.

Jesús bien nos explica…

“El campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo”. Mateo 13:38.

La cizaña representa las personas que exteriormente parecen ser conversos a Cristo, pero que en verdad nunca han recibido a Jesucristo como Salvador y Señor de sus vidas.

Pueden ser miembros de la iglesia, dar sus diezmos y aun engañar a otros miembros de la iglesia, pero no pueden engañar a Cristo.

Puede ser asombroso leer que…

“Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad, y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes”. Mateo 13:41, 42.

Ninguna persona espera ser arrojada a un horno de fuego, donde habrá el lloro y el crujir de dientes.

Jesucristo nos dijo…

“porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan”. Mateo 7:14.

Estos pocos tienen características que no son iguales a la mayoría de la gente.

Ellos han reconocido que son pecadores y que necesitan al salvador y le han preguntado al Señor que les perdone sus pecados y han puesto a Jesús como el Señor de sus vidas.

Ellos también siempre están alegres en asistir a los cultos de adoración los domingos.

La frase… cree en el Señor Jesucristo y serás salvo (Hechos 16:31), quiere decir mucho más que un asenso mental a este hecho, es un estilo de vida.

“para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él; si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído… ”. Colosenses 1:22, 23.



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05 octubre 2010

5 de Octubre - Estudio Devocional

Jesús fue confrontado por los fariseos quienes estaban criticando a sus discípulos al decir…

“… He aquí tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en el día de reposo”. Mateo 12:2.

Jesús les respondió…

“Pues os digo que uno mayor que el templo está aquí. Y si supieseis qué significa: Misericordia quiero, y no sacrificio, no condenaríais a los inocentes; porque el Hijo del Hombre es Señor del día de reposo”. Mateo 12:6-8.

El sistema de adoración en el Antiguo Testamento era una sombra de la vida y el ministerio de Jesucristo y también de su iglesia.

Dios le mandó a Israel de guardar el último día de la semana, el día de reposo, como un día de descanso para conmemorar que en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra (Éxodo 20:9-11).

El día de reposo, tanto como todos los otros días de adoración de los judíos, los cuales eran también días de reposo o santas convocaciones, todo lo cual es sombra de lo que ha de venir (Colosenses 2:17).

La iglesia apostólica reconocía esto y en conmemoración a la resurrección de Cristo, vemos que en el primer día de la semana, (se reunían) los discípulos para partir el pan (Hechos 20:7).

Unos años después, el apóstol Pablo fue guiado a escribir…

“Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas”. 1 Corintios 16:2.

Casi todos los creyentes se congregan para adorar al Señor Jesucristo el primer día de la semana.

Jesús resucitó de entre los muertos el primer día de la semana (Marcos 16:9).

De esta forma, le honramos como el Señor de nuestras vidas al poner a Jesús en primer lugar cada semana.

El día de reposo tiene su contraparte en el nuevo pacto.

“… para que en todo tenga (Jesucristo) la preeminencia (el primer lugar)... Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo, todo lo cual es sombra de lo que ha de venir…”. Colosenses 1:18 - Colosenses 2:16, 17.

La pascua, que conmemoraba la libertad de Israel de la esclavitud en Egipto, fue reemplazada durante la última pascua de Cristo, cuando él mismo estableció la cena del Señor.

Mientras que Jesús y sus apóstoles estaban comiendo los alimentos que representaban la pascua…

“… tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados”. Mateo 26:26-28.



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04 octubre 2010

4 de Octubre - Estudio Devocional

“Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies”. Mateo 9:36-38.

En respuesta a esta necesidad, Jesús eligió sólo doce hombres ordinarios quienes él mismo enseñó diciéndoles…

“… yo os envío como a ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas… ”. Mateo 10:16, 17.

La persecución de los creyentes, muchas veces poniéndoles presión para comprometerse a lo malo, es siempre una prueba de nuestra sinceridad.

Los tiempos de paz nacional muchas veces causan que las ovejas se vuelvan indiferentes, pero durante los tiempos de persecución, las ovejas descubren que ellas tienen que depender en su pastor.

Los lobos son los enemigos naturales de las ovejas.

Aunque los lobos (los falsos profetas) en forma humana a veces aparecen como vestidos de ovejas (Mateo 7:15), su indiferencia a la palabra de Dios llega a ser evidente.

Igual que Satanás (Mateo 4:5, 6), los lobos también citan sólo algunos versículos que apoyan sus planes.

El creyente ha recibido una naturaleza como el de las ovejas simbólico a la inocencia y nunca a la cobardía.

Las ovejas, en su naturaleza verdadera, siempre están necesitadas de un pastor o sino se extravían y fácilmente se convierten en víctimas.

Aun peor, si una se va del rebaño, todas las otras ovejas le siguen sin propósito.

Nunca hay seguridad entre muchas ovejas, un pastor siempre se necesita.

Todos nosotros nos descarriamos como ovejas (Isaías 53:6) y necesitamos a Jesucristo, el buen pastor (Juan 10:11, 14), para que nos guíe diariamente.

Junto con Jesucristo, el creyente puede pararse firme al frente del más feroz enemigo.

Él nos da más seguridad, diciéndonos…

“… no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno”. Mateo 10:28.

El creyente no tiene ninguna razón para suponer o esperar la bondad de un mundo hostil cuando su propio Maestro se tuvo que enfrentar a feroces enemigos en su ministerio aquí en la tierra.

Jesús les dijo a sus seguidores…

“Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece… Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán… ”. Juan 15:19, 20.



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03 octubre 2010

3 de Octubre - Estudio Devocional

Jesús nos amonesta… guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces (Mateo 7:15).

Sin duda, la vida eterna es el don de Dios no por obras, para que nadie se gloríe (Efesios 2:9).

Pero, también es verdad que la fe sin obras es muerta (Santiago 2:20).

La enseñanza es falsa cuando ofrece la vida eterna para llegar al cielo sin mencionar la vida del discipulado.

Para clarificar la diferencia entre los verdaderos profetas y los falsos profetas, nuestro Señor dijo…

“No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos”. Mateo 7:21.

Sin embargo…

La evidencia de ser un verdadero creyente es mucho más que hacer grandes obras, es el ser obediente al Señor Jesucristo.

Nuestro Señor nos dejó esta parábola…

“Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina”. Mateo 7:24-27.

La obediencia tiene un sentido doble… el primero.

Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, entonces reacciona y las hace (estas palabras).

El sabio y el necio les dan mucho cuidado y labor a sus actividades -el uno está haciendo tesoros en el cielo, pero el otro solamente está cumpliendo metas humanas.

Cuando nuestro mayor deseo es agradar a Cristo, su palabra será nuestro mando supremo para esta vida y nos guiará a evitar el lazo de la obstinación, del orgullo y de la avaricia.

Por medio de su palabra sola, guiados por el Espíritu Santo, es que podemos estar a cuenta con nuestro creador.

Es imposible vivir otra vez los años malgastados, pero es posible dejar de edificar sobre la arena que se hunde y empezar a edificar sobre la roca de la eternidad.

“Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará”. 1 Corintios 3:11-13.



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02 octubre 2010

2 de Octubre - Estudio Devocional

Después de su bautismo en el río Jordán, Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo (Mateo 4:1).

Primeramente, el diablo le sugirió un camino fácil, para gratificarse a sí mismo, en el cual Jesús podía satisfacer su hambre (clamando al deseo de la carne).

Pero Jesús, sabiendo que la obediencia a la palabra tiene que ser la base para todas las decisiones, citó las escrituras, diciendo…

“… Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Mateo 4:4 - Deuteronomio 8:3.

Las palabras ser tentado se usan también como examinar o probar.

Tales pruebas son partes necesarias de nuestras vidas, pues ellas revelan nuestro carácter verdadero.

“Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan”. Mateo 4:2, 3.

Las habilidades que Dios nos ha otorgado deben ser usadas para su gloria y su honor.

La segunda tentación de Satanás le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo (Mateo 4:5).

Satanás sugirió que Jesús saltase hacia el lugar donde estaba el pueblo congregado y se presentara a sí mismo como el Mesías sobrehumano (clamando al orgullo de la vida).

Satanás citó las escrituras para respaldar esta tentación, diciéndole…

“… Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y, En sus manos te sostendrán, Para que no tropieces con tu pie en piedra”. Mateo 4:6 - Salmo 91:11, 12.

El diablo frecuentemente se presenta muy religioso al citar las escrituras, pero sólo cita la porción que le conviene a su plan.

Jesús entonces le dijo…

“… Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios”. Mateo 4:7.

En su última tentación para seducir a Jesús a pecar.

“Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares”. Mateo 4:8, 9.

El diablo otra vez sugirió otro camino fácil por el cual Jesús podía evitar el dolor y el sufrimiento de la cruz y aún poder gobernar todos los reinos del mundo.

Aun un fracaso solo hubiese hecho de Jesús un pecador.

Cuando nosotros permitimos un fracaso, casi siempre nos lleva a otro, etc.

Jesús le contestó…

“… Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás”. Mateo 4:8-10.



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01 octubre 2010

1 de Octubre - Estudio Devocional

“El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo”. Mateo 1:18.

Vinieron del oriente a Jerusalén unos magos (hombres sabios) guiados por su estrella, pueden haber venido de Babilonia y averiguaron y preguntaron…

“¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle”. Mateo 2:1, 2.

Es probable que estos hombres habían estudiado las profecías de Daniel quien, durante el cautiverio, dio una explicación bien detallada de los números de años que pasarían para que llegase el nacimiento del Mesías (Daniel 9:25, 26).

Puede que les haya tomado a los magos un largo tiempo después del nacimiento de Cristo para llegar a Belén, pues leemos…

“Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra”. Mateo 2:11.

El encontrar al rey que había sido profetizado “en la casa” como “un niño” en vez de un bebito en un pesebre indica que muchos meses habían pasado desde el nacimiento de Jesús en aquel pesebre de Belén.

Los magos dijeron venimos a adorarle (Mateo 2:2).

Su adoración incluyó tres clases de regalos (Mateo 2:11).

Primeramente, ellos ofrecieron oro, el mejor regalo para el Rey de reyes y Señor de señores (1 Timoteo 6:15).

Entonces, ellos ofrecieron incienso, un perfume de dulce olor usado en el altar del incienso en el templo, simbólico de nuestras oraciones que suben a Dios.

El mejor regalo para un sacerdote, pues este rey sería también nuestro sumo sacerdote (Hebreos 4:14), el que también intercede por nosotros delante de Dios (Romanos 8:34).

Ellos también ofrecieron mirra, la cual significaba que Jesús estaba destinado a morir, la mirra era usada muchas veces como especie durante los entierros (Juan 19:39).

En la providencia de Dios, sus regalos también proveyeron los recursos adecuados para el viaje de José y María y su estancia en Egipto, donde se quedaron…

“… hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta, cuando dijo: De Egipto llamé a mi Hijo”. Mateo 2:15 - Oseas 11:1.

Entonces ellos volvieron y habitaron en la ciudad que se llama Nazaret, donde Jesús vivió hasta que él tenía unos 30 años de edad (Mateo 2:23).



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