“Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante. Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios”. Hebreos 12:1, 2 NVI
Es fácil ser tentado en la vida a competir unos con otros.
Cuando vemos a otros con mas talento, mejor apariencia o que tiene mas dones, en vez de correr nuestra carrera y estar contentos con quienes somos, muchas veces nos sentimos inferiores y pensamos…
- Tengo que estar al nivel de ellos.
El problema con la competencia es que nunca se termina.
Siempre va ver alguien enfrente de nosotros.
Pero, puedes recibir esta libertad cuando cambias tu forma de pensar, cuando dices…
- Voy a dar lo mejor de mí en cuanto pueda.
Cuando te enfocas en ser quien Dios quiere que seas, es cuando te pones en la posición de recibir las bendiciones que tiene para tu vida.
Amén.