Salmo 2:7 NVI

“Yo proclamaré el decreto del SEÑOR: Tú eres mi hijo, me ha dicho; hoy mismo te he engendrado”. Salmo 2:7 NVI

La doctrina principal que caracteriza a los sistemas religiosos monoteístas es la que afirma que Dios es uno.

No hay otros dioses aparte de Dios, creador del universo.

Lo que diferencia al cristianismo de las otras posiciones monoteístas es que Dios es a la vez uno y trino, Dios en tres personas… Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Esto es algo que ha sido muy difícil de entender para quienes quieren analizarlo todo bajo el enfoque de la razón sin detenerse a pensar que la razón es tan sólo una cara de la moneda, la otra cara siendo la fe.

En todo caso, aunque el término Trinidad no aparece por sí mismo en la Biblia, muchas porciones de la palabra apuntan y soportan esta doctrina.

Quienes adversan la posición trinitaria aducen que Dios no tiene y no puede tener hijos.

Es una arrogancia afirmar algo acerca de Dios que Dios no haya revelado al hombre por medio de su palabra.

Negar que Dios tenga al Hijo es negar toda la obra de Dios llevada a cabo para salvar al hombre de la condenación.

¿Y tú, quién dices que es Jesucristo?

¿Para ti Jesús es un profeta, un gurú o Dios hecho hombre, el salvador de la humanidad?

El autor de la carta a los Hebreos, por inspiración del Espíritu Santo lo presenta de esta manera…

“Dios, que muchas veces y de varias maneras habló a nuestros antepasados en otras épocas por medio de los profetas, en estos días finales nos ha hablado por medio de su Hijo. A éste lo designó heredero de todo, y por medio de él hizo el universo. El Hijo es el resplandor de la gloria de Dios, la fiel imagen de lo que él es, y el que sostiene todas las cosas con su palabra poderosa. Después de llevar a cabo la purificación de los pecados, se sentó a la derecha de la Majestad en las alturas”. Hebreos 1:1-3 NVI

Si esta descripción no te aclara el asunto, tienes una gruesa venda sobre tus ojos que te impide captar la gloriosa realidad de nuestro maravilloso Señor Jesucristo, el Hijo de Dios y su obra redentora.


Amén.

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