Salmo 3:4 NVI

“Clamo al SEÑOR a voz en cuello, y desde su monte santo él me responde”. Salmo 3:4 NVI

Hay personas que se pasan toda una vida pidiendo algo que nunca les será concedido.

Esto básicamente es así porque le han estado pidiendo a quien no deben o a quien no puede hacer nada por ellos.

Su existencia es un lento transcurrir de promesas y expectativas incumplidas que poco a poco van secando su alma y los hacen caer en la desesperanza.

El caso de quienes ponen su confianza y esperanza en Dios es muy diferente.

Los que somos hijos de Dios tenemos la certeza de que Dios nos escucha tan pronto nuestras peticiones salen de nuestras bocas.

De hecho, él conoce nuestras peticiones y necesidades aún antes de que pronunciemos nuestro clamor.

La seguridad de que Dios nos escucha y nos responde llena todo nuestro ser de una paz incomprensible.

Incomprensible, por supuesto, para quienes no son hijos de Dios.

Para nosotros es motivo de tranquilidad y gozo saber que en todo, nuestro Padre celestial está pendiente de nosotros.

¡Qué maravillosa paz!


Amén.

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