Salmo 3:5, 6 NVI

“Yo me acuesto, me duermo y vuelvo a despertar, porque el SEÑOR me sostiene. No me asustan los numerosos escuadrones que me acosan por doquier”. Salmo 3:5, 6 NVI

Una de las ventajas de haber puesto nuestra esperanza en Dios es que podemos aprovechar al máximo y disfrutar de ese privilegio que es el sueño.

Al finalizar el día, luego de muchos esfuerzos y habiéndonos encargado responsablemente de los afanes que nos tocó enfrentar podemos darle gracias a Dios por la vida y por su protección y bendición.

Asimismo, podemos cerrar los ojos con la plena confianza que pronto nos inundará un sueño reparador.

Al día siguiente, al despertar podremos darle gracias a Dios de nuevo, esta vez por darnos un día más de bella vida bajo su protección y su cuidado.

Habremos recuperado las energías y con mucho entusiasmo y paz en el corazón podremos enfrentar nuevos retos y afanes así como disfrutar de nuevas bendiciones y alegrías.

Este privilegio lo concede Dios a quienes lo buscan de todo corazón.

No importa si estás atravesando una situación muy comprometida.

El adversario siempre estará enviando sus escuadrones a atacarnos desde todo flanco.

En realidad, no hay nada porque temer o porque preocuparse puesto que Dios también nos defiende desde todo flanco y él no dará lugar para que el enemigo penetre y nos haga daño.

Podemos poner nuestra esperanza en Dios.


Amén.

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