Salmo 3:7, 8 NVI

“¡Levántate, SEÑOR! ¡Ponme a salvo, Dios mío! ¡Rómpeles la quijada a mis enemigos! ¡Rómpeles los dientes a los malvados! Tuya es, SEÑOR, la salvación; ¡envía tu bendición sobre tu pueblo!”. Salmo 3:7, 8 NVI

Lo importante no es que tengamos muchos enemigos.

Lo importante no es que continuamente estemos siendo asediados por esos enemigos.

Lo realmente importante es que cualquiera que sea la situación en la cual nos encontremos, Dios se encargará, por el gran amor que nos tiene, de darnos una salida y la salvación.

El estar consciente de este beneficio es lo que nos infunde confianza cada vez que somos sometidos a la prueba.

Cuando enfrentamos las pruebas y salimos victoriosos porque hemos recibido la ayuda oportuna y confiable de Dios, vamos adquiriendo esa experiencia que nos será de mucha utilidad cuando nos toque enfrentarnos con mayores pruebas.

Saber de dónde proviene nuestra salvación es la clave para sentirnos totalmente confiados y con una esperanza firme de que todo saldrá bien y que al final recibiremos la recompensa de la salvación y la transformación de nuestros cuerpos terrenales en cuerpos espirituales con capacidad para disfrutar las bendiciones de la vida eterna en la presencia de nuestro creador.

No hay mejor esperanza que ésa.


Amén.

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