Salmo 4:1, 2 NVI

“Responde a mi clamor, Dios mío y defensor mío. Dame alivio cuando esté angustiado, apiádate de mí y escucha mi oración. Y ustedes, señores, ¿hasta cuándo cambiarán mi gloria en vergüenza? ¿Hasta cuándo amarán ídolos vanos e irán en pos de lo ilusorio?”. Salmo 4:1, 2 NVI

Es normal de vez en cuando sentir algo de angustia.

En nuestra vida diaria hay muchas cosas que nos pueden causar angustia y ansiedad.

Constantemente estamos siendo sometidos a presiones y tensiones que dan lugar a esta respuesta emocional que nos sumerge en temor e inseguridad y la cual de no ser manejada adecuadamente nos puede llevar a caer en la desesperación.

La buena noticia es que Dios puede darnos alivio para esa angustia.

Si nos acercamos a él con la actitud correcta, es decir con fe y esperanza, estando convencidos de que él actuará en defensa nuestra, la solución no se hará esperar.

Debemos recordar que la solución de Dios no es necesariamente la solución que nosotros estimamos debe ocurrir.

Es más, lo más probable es que sea totalmente diferente a lo que estamos esperando, no podemos ignorar que Dios es absolutamente sabio y nuestra sabiduría es muy limitada en comparación con la de él.

Así que no nos sorprenda si las cosas resultan diferentes a como las esperábamos.

En todo caso, será lo que más nos conviene.

Puedes confiar en él.


Amén.

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