Salmo 4:7, 8 NVI

“Tú has hecho que mi corazón rebose de alegría, alegría mayor que la que tienen los que disfrutan de trigo y vino en abundancia. En paz me acuesto y me duermo, porque sólo tú, Señor, me haces vivir confiado”. Salmo 4:7, 8 NVI

¿Cómo explicarle al mundo que la alegría del hijo de Dios es superior a la alegría de las personas que son exitosas de acuerdo a los parámetros del mundo?

Esta sociedad nos ha vendido que la felicidad sólo se logra mediante la acumulación de riquezas, la consolidación de la fama y el aseguramiento del poder.

Esta trinidad mundana de fama, dinero y poder se ha constituido en el ídolo favorito del común mortal y se levanta hoy por hoy como la fuerza enemiga más poderosa que tiene que enfrentar el cristiano para no caer en el pecado.

Pero Dios nos da para contrarrestar esa mala influencia una trinidad de bendiciones que el mundo no puede experimentar porque no está conectado con la fuente originaria de dichas bendiciones… alegría, paz y confianza.

Estas cosas son infinitamente más valiosas que todo el poder, que todo el dinero y que toda la fama que el mundo pueda dar.

¡Deléitate en el Señor!


Amén.

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