Salmo 5:1, 2 NVI

“Atiende, Señor, a mis palabras; toma en cuenta mis gemidos. Escucha mis súplicas, rey mío y Dios mío, porque a ti elevo mi plegaria”. Salmo 5:1, 2 NVI

En medio de la tormenta, cuando todo parece perdido y no encontramos nada firme a que aferrarnos para mantener la cordura y recuperar el ánimo, lo único que nos queda a mano es acudir a Dios.

Parece algo simple pero muchas veces estamos tan concentrados en los problemas que nos aquejan que perdemos totalmente la perspectiva de quienes somos y hacia dónde vamos.

Nos olvidamos por completo de que somos hijos de Dios y de que por lo tanto estamos completamente bajo su especial protección.

Aun así, las palabras de clamor hacia él no logran salir de nuestros labios y calladamente nos vamos agotando por estar tratando de luchar las batallas por nuestra cuenta.

Nuestra mirada debe ser entonces elevada a nuestro amoroso Padre celestial, quien está esperando escuchar nuestro llamado de auxilio para actuar de manera contundente y librarnos de toda angustia y dolor.

Acude a Dios en este mismo instante y exprésale tu necesidad.

Que tus labios digan lo que hay en tu corazón.

Recuerda que tu voz es dulce sonido para él.

Cuéntale de todo lo que se ha convertido en un peso difícil de llevar.

Descarga tus penas y recibe de él todo el consuelo y el ánimo que necesitas.

Su paz inundará todo tu ser, los vientos cesarán y las aguas volverán a su nivel.


Amén.

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