Salmo 6:5 NVI

“En la muerte nadie te recuerda; en el sepulcro, ¿quién te alabará?”. Salmo 6:5 NVI

Este argumento esgrimido por el salmista rey David para obtener el favor de Dios en medio de la adversidad nos sirve para considerar el privilegio que tenemos de estar vivos y gozar de las bendiciones que Dios ha preparado para nosotros desde antes de la creación del universo.

A nuestro Padre celestial debemos ofrendarle sacrificios de alabanza.

Pero…

¿En qué se nos va el tiempo?

¿En alabanza o en quejarnos de todo y por todo?

Todos sabemos que nuestro tránsito por  este mundo es breve y muy limitado.

¿Por qué entonces desperdiciar el tiempo quejándonos por las circunstancias que Dios ha permitido que nos rodeen con el propósito de enseñarnos y disciplinarnos?

En todo y por todo debemos ser agradecidos a Dios.

Ese agradecimiento es una actitud y se refleja en las palabras que salen de nuestros labios.

¿Cómo está distribuido tu vocabulario?

¿Reflejan nuestras palabras agradecimiento y bendiciones o queja, amargura y maldición?

Una ventaja adicional que nos concede la alabanza es que mientras ocupemos nuestro tiempo agradeciendo a Dios por todo lo que nos ha provisto, sean talentos, bienes u oportunidades de servicio, muy poco tiempo nos quedará para protestar y murmurar por nuestras circunstancias.

¿Cuán cerca o lejos crees que está el fin de tu vida terrenal?

Imposible saberlo pues ese conocimiento está reservado exclusivamente para Dios.

No obstante, disfrutemos ahora de lo que Dios nos ha dado pues cuando bajemos al sepulcro a descansar no tendremos oportunidad de gozar de las bendiciones de Dios sino hasta que suene la trompeta y nuestros cuerpos se levanten de la tumba para reunirse con el Señor Jesús en el aire y vivir con él para siempre.


Amén.

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