Salmo 6:6, 7 NVI

“Cansado estoy de sollozar; toda la noche inundo de lágrimas mi cama, ¡mi lecho empapo con mi llanto! Desfallecen mis ojos por causa del dolor; desfallecen por culpa de mis enemigos”. Salmo 6:6, 7 NVI

Una de las consecuencias de la desesperanza es el llanto y el dolor.

Nuestros cuerpos reaccionan de esta manera a la terrible presión bajo la cual nos encontramos, tratando de desahogar la presión mediante el llanto.

El llanto trae desahogo pero igualmente trae cansancio.

Nuestro organismo se siente totalmente agotado por la pesada carga a que somos sometidos.

Pareciera que el desahogo no es suficiente para contrarrestar la carga sobre nuestros hombros y nuestras conciencias.

Sólo Dios puede levantar la pesada carga que nos agobia.

Sólo él puede darnos el reposo que tanto ansiamos.

Él está al tanto de todo el llanto que hemos derramado noche tras noche.

Él siente compasión por nosotros y está dispuesto a ayudarnos.

Lo que nos corresponde ahora a nosotros es acudir a él.

Él nos responderá inmediatamente para darnos el descanso y la paz que tanto necesitamos.


Amén.

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