Salmo 6:8-10 NVI

“¡Apártense de mí, todos los malhechores, que el Señor ha escuchado mi llanto! El Señor ha escuchado mis ruegos; el Señor ha tomado en cuenta mi oración. Todos mis enemigos quedarán avergonzados y confundidos; ¡su repentina vergüenza los hará retroceder!”. Salmo 6:8-10 NVI

Cuando estamos en medio del fragor del ataque despiadado del enemigo de nuestras almas, nuestro llanto, ruegos y oraciones deben ser elevados hacia nuestro Padre celestial, quien con su poderoso brazo y autoridad hará huir estrepitosamente al adversario.

El Señor siempre nos escucha y está listo para defendernos contra todo ataque que amenace nuestra integridad física y espiritual.

Así que esperemos pacientemente su intervención salvadora y veremos a nuestro adversario huir en carrera.

En ese momento sabremos lo que significa la salvación de Dios y conoceremos la paz y tranquilidad que sólo pueden disfrutar quienes se han buscado abrigo bajo su manto de protección.


Amén.

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