Salmo 7:17 NVI

“¡Alabaré al Señor por su justicia! ¡Al nombre del Señor altísimo cantaré salmos!”. Salmo 7:17 NVI

La justicia es una de las virtudes principales.

Desde tiempos antiguos los filósofos han analizado a esta virtud y la han hallado superior a muchas otras.

Platón la consideraba una virtud fundante y preservante.

Fundante porque quien la adquiría podía entonces entender y adquirir las otras tres virtudes cardinales la templanza, la prudencia y la fortaleza.

Preservante porque cuando se adquieren las cuatro virtudes, es la justicia la que mantiene a todas unidas.

Pero muchos años antes de que Platón manejara estos conceptos filosóficos, el profeta Miqueas advertía al pueblo de Israel sobre lo que Dios esperaba de todos nosotros.

“… Practicar la justicia, amar la misericordia, y humillarte ante tu Dios”. Miqueas 6:8 NVI

Y aún mucho antes el sabio filósofo Salomón compartió con nosotros sus Proverbios para entre otras cosas recibir la corrección que dan la prudencia, la rectitud, la justicia y la equidad.

Todo ser humano sin distinción aspira y exige justicia, pero cuando nos corresponde a nosotros administrarla no somos tan generosos e imparciales como deberíamos ser.

Muy afortunadamente para todos la justicia no depende enteramente de nosotros sino que Dios es la fuente de ella.

No en vano el profeta Jeremías se refiere a Dios como el Señor de la justicia.

¿Sientes ansias de justicia por qué tus derechos te han sido conculcados?

¿Buscas vivir como Dios espera de nosotros con justicia, misericordia y humildad?

Recuerda que el Señor Jesucristo es nuestra justicia.

Sin su ofrenda por todos nosotros en el monte Gólgota estaríamos condenados a muerte.

La justicia nunca podrá ser alcanzada por nosotros mismos pues nuestra naturaleza pecaminosa no lo permite pero en Cristo tenemos la justicia perfecta que todos ansían.

Pon tu vida en las manos de Jesús y tu justicia resplandecerá como la aurora.


Amén.

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