Salmo 7:3-5 NVI

“Señor mi Dios, ¿qué es lo que he hecho? ¿qué mal he cometido? Si le he hecho daño a mi amigo, si he despojado sin razón al que me oprime, entonces que mi enemigo me persiga y me alcance; que me haga morder el polvo y arrastre mi honra por los suelos”. Salmo 7:3-5 NVI

Cuando le estamos planteando a nuestro Padre celestial la situación por la cual estamos atravesando, estamos en todo nuestro derecho de reclamar lo que a nuestro criterio (por imperfecto que éste sea) consideramos es una injusticia.

Por supuesto que no debemos olvidar la soberanía de Dios sobre nuestras vidas y el hecho cierto de que Dios sabe que es lo más conveniente para nosotros aún si ese algo representa dolor e incomodidad para nuestras vidas.

La clave está en que lo que reclamemos debe ser algo cierto y confiable.

Si le digo a mi Padre que lo he obedecido en todo, debo estar perfectamente seguro que lo que estoy diciendo es cierto.

Yo no me puedo engañar a mí mismo y mucho menos podré engañar a Dios.

Esta oración y reclamo se convierte entonces en un reto para nuestras vidas, debemos vivir vidas con un nivel de rectitud que nos permita contar con la autoridad moral para dirigirnos a nuestro Padre celestial con reclamos justos.

Dios que todo lo sabe recibirá esa oración con agrado porque viene de un corazón puro.

De aquí la importancia de estar muy alertas cuando pecamos para pedir perdón inmediatamente de manera que el pecado no se acumule en nuestras vidas.

Obediencia y arrepentimiento son buenas estrategias para mantener una vida pura y con autoridad moral.


Amén.

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