Salmo 8:3, 4 NVI

“Cuando contemplo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que allí fijaste, me pregunto: “¿Qué es el hombre, para que en él pienses? ¿Qué es el ser humano, para que lo tomes en cuenta?”. Salmo 8:3, 4 NVI

Vivimos muchas veces desesperanzados porque nuestra mirada está enfocada en los problemas y las dificultades que nos rodean, ellos captan toda nuestra atención y sin darnos cuenta quedamos presos por la angustia que surge de pensar que nuestros obstáculos no tienen solución.

Son como gigantes que se interponen en nuestro camino para no dejarnos avanzar sino más bien hacernos retroceder.

Tratamos de ingeniárnoslas para escapar del ataque de los gigantes pero terminamos asustados y temerosos del formidable peligro que ellos representan.

¿Qué hacer ante tanta preocupación?

¿Habrá manera de salir ileso de este asunto?

¿A quién puedo acudir para que me ayude?

Te tengo buenas noticias, ya todo esto lo tiene Dios pensado y sólo él puede darte la ayuda que tanto necesitas en este momento.

Lo único que tienes que entender es que él es inmensamente superior a cualquier problema que se te presente por mucho aspecto de gigante que éste tenga.

Para él nada es imposible y siempre te dará la mejor solución, posible o imposible, para tu situación.

A él puedes acudir con toda confianza porque es su voluntad y su gozo el ayudarte.

Acude ahora mismo a él y no saldrás defraudado, sólo él tiene la solución que tanto necesitas.


Amén.

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