Salmo 9:3, 4 NVI

“Mis enemigos retroceden; tropiezan y perecen ante ti. Porque tú me has hecho justicia, me has vindicado; tú, juez justo, ocupas tu trono”. Salmo 9:3, 4 NVI

Hay una cosa bien cierta.

Nuestros enemigos no tendrán otra opción que retroceder cuando se vean enfrentados a quien verdaderamente es nuestro defensor y nuestro salvador.

Ellos piensan que porque estamos temporalmente en situación de desventaja, al final ellos se van a llevar la victoria.

Lo cierto es que cometen una gran equivocación.

En su huida tropezarán, resbalarán y caerán y no podrán huir de las consecuencias de sus maldades.

Esta es una promesa que te hace Dios en su palabra.

¿La puedes creer?

Simplemente espera pacientemente y muy pronto verás como todos aquellos que hoy te atacan sin misericordia van a ser derrotados por la gloriosa intervención de Dios a favor tuyo.

Lo sientas o no, estás protegido por el Dios todopoderoso y nadie, absolutamente nadie, puede contra él.

Así que descansa en él y déjalo actuar, que la batalla le pertenece.


Amén.

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